Cuántas veces hemos escuchado a más de un aspiracionista adoctrinado por el neoliberalismo, afirmar con gran indignación, que el gobierno actual le regala dinero a un montón de inútiles, sin haber siquiera realizado la menor reflexión objetiva antes de afirmar semejante tontería.

Tenemos que entender que esta gente recibió un lavado de cerebro profundo a través de los medios de propaganda, mediante el cual le hicieron creer que los derechos sociales no existían; que todo lo que recibían en su mediocre existencia tenía que ganárselo y pagarlo, porque el gobierno era solo un comité para favorecer los negocios que se le antojaban llevar a cabo a los oligarcas propietarios de grandes empresas.

Que la salud, la educación y hasta la seguridad, tenían que contratarse directamente mientras el gobierno se desentendía de estas funciones, porque gradualmente todo se iba a privatizar para terminar cobrándotelo directamente a ti.

Por otro lado, te obligaban a pagar impuestos que iban a parar también a sus bolsillos, a través de otorgarles contratos y concesiones que no tenían que cumplir, siempre y cuando aportaran el respectivo moche para los funcionarios que lo hacían posible.

Mediante ese mecanismo se hacían de tus impuestos y te vendían los servicios a los que tenías derecho por pagar justamente esos impuestos, con la excusa de que el gobierno era muy ineficiente para proveerte de ellos, porque después del saqueo que operaban sobre el erario y de los sueldos principescos que cobraban sus empleados para conseguirles negocios, ya no quedaba dinero suficiente para darte esos servicios.

De esta manera los pocos que cabían en el esquema, vivían trabajando para ellos como empleados o proveedores, recibiendo salarios u honorarios que más o menos te alcanzaban para comprar un seguro de gastos médicos, mandar a tus hijos a una escuela privada, pagar una renta o una hipoteca, las mensualidades de un automóvil y los abonos de una tarjeta de crédito.

Otro grupo más numeroso no podía pagar todos esos servicios y se las arreglaba como podía, pero la gran mayoría de la población, más del 60% delos mexicanos, estaba sumida en la pobreza y en la pobreza extrema, difícilmente ganando algo para comer todos los días.

La capacidad de análisis de estos aspiracionistas es tan corta, que no se percatan siquiera que los apoyos sociales son entregados a más de 100 millones de mexicanos y lo primero que hacen estos beneficiarios es ir a un comercio a gastarlos, es decir, a entregárselos a las empresas a cambio de bienes y servicios.

Con este mecanismo en efecto se benefician los que reciben el dinero en primera instancia, pero este dinero llega casi de inmediato a los negocios y empresas en todo el territorio nacional, que vendiéndoles a estos beneficiarios, se ven obligadas a resurtir sus inventarios impulsando así la distribución y fabricación de productos.

De esta forma y por medio de los beneficiarios de programas sociales, el gobierno de México está entregando prácticamente un billón de pesos anuales a las empresas en todo el país, logrando un beneficio para todos de esta magnitud, habitantes y empresarios, dinamizando así el mercado interno completo.

El otro factor virtuoso de este mecanismo, que puede explicar la molestia de muchos empresarios, es que ya no es el gobierno quien decide a qué empresas beneficia desde una posición de complicidad. Ahora es el libre mercado que tanto decían defender, representado por los clientes potenciales de las empresas, los que deciden a quién le compran y ahora tienen que competir para recibir este dinero, no solo estirar la mano.

Como dijo el político estadounidense Herbert Hoover: “La competencia es el incentivo para el progreso”.

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Por Erika