Los 650 y el juicio de la historia

El pasado jueves, 17 de septiembre se difundió por prácticamente todos los medios tradicionales de comunicación un escrito, al parecer impulsado por Héctor Aguilar Camín, donde piden al presidente Andrés Manuel López Obrador “respetar la libertad de expresión”, documento firmado por 650 personajes de la vida pública nacional, entre los que figuran el mismo Aguilar Camín, Enrique Krause, Javier Sicilia, Enrique Serna, Arturo Ripstein, León Krause, Silvia Lemus, Paulina Lavista, Mónica Lavín, Agustín Basave, Denise Dresser y Jorge G. Castañeda, entre otros.

Estos autonombrados “científicos, intelectuales y periodistas” mencionan que “el presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra los que él llama sus adversarios”, lo cual es. Cuando menos curioso, si no hasta hipócrita, pues son ellos mismos quienes han utilizado sus tribunas para denostar al primer mandatario, para mentir sin rubor alguno y para montar las más descabelladas teorías conspiranoides.

Fueron ellos, los autonombrados “intelectuales” quienes, dese 2006 hasta la fecha han inventado las mezquinas campañas de golpeteo político: “Es un peligro para México”, la “Operación Berlín”, “La Conspiración Rusa”, “La Injerencia Venezolana”, “AMLO comunista” y un inacabable etcétera.

Por su lado, los autoproclamados “científicos” han hecho su parte, ninguneando y descalificando la labor del gobierno federal durante la pandemia, llegando a un grado extremo de arrogancia al pretender “detener la pandemia en 8 semanas”, logro que ningún verdadero científico en el planeta ha siquiera planteado.

También firmaron una serie de “periodistas” de dudosa ética profesional y oscuro origen de sus cuantiosas fortunas que inducen a la polarización de la que tanto se quejan, con sus notas sesgadas, sus columnas manipuladoras y sus abundantes noticias falsas.

Otrora poseedores de la verdad absoluta, don otorgado por la clase dominante y afianzada con grandes cantidades de dinero, ahora no logran comprender que la era de la comunicación unidireccional ha terminado y que todo, absolutamente todo lo que publican será analizado y cuestionado por una ciudadanía cada vez más y mejor informada.

Pero quizá lo que más les duele y el motivo real de su desplegado, así como de la amplia difusión recibida, es porque los tiempos de abundancia y dependencia económica del estado han llegado a su fin. Así, por ejemplo, Aguilar Camín y los Krause, que anteriormente recibían enormes cantidades del gobierno para garantizar su servilismo intelectual, complementado con jugosos contratos inútiles e innecesarios, ahora sufren de una grave abstinencia provocada por la cancelación de todos esos indebidos beneficios y, si antes las dependencias gubernamentales garantizaban comprarles prácticamente la totalidad de los tirajes de sus revistas, ahora tendrán que competir con otras publicaciones en igualdad de circunstancias, algo para lo que no están preparados y por eso acusan de “censura” culpando “sanciones administrativas” que solamente son consecuencia de sus malos manejos, de fraudulentos intentos para obtener contratos. Se quejan de “amagos judiciales” cuando no conformes con eludir y evadir impuestos, se niegan a liquidar sus créditos fiscales pendientes.

Los llamados “científicos” también tienen lo suyo, por ejemplo aquellos que se desempeñaron en el sector salud y que, en lugar de atender las grandes necesidades sanitarias de nuestro país, se dedicaron a hacer grandes negocios al amparo de su puesto, en evidente corrupción y en detrimento de toda la población.

Pero eso sí, a ninguno de estos “paladines” de la libertad de expresión se les conoció apoyo o solidaridad con los verdaderos comunicadores en tiempos de auténtica censura, no encontramos los amplios desplegados, profusamente difundidos, sobre el asesinato de Miroslava Breach o Javier Valdez, sobre el exilio forzado de Anabel Hernández y Olga Wornat, o sobre el intento de silenciar arrebatándole el micrófono a Aristegui y Gutiérrez Vivó.

Se antoja absurdo y hasta ridículo que personajes que jamás han sufrido atropello alguno, consecuencia de su abyecta sumisión al poder en turno, ahora que se goza de una completa libertad de expresión y manifestación hasta extremos impensable hasta hace unos pocos años, cortesía de la sangre y pérdida de libertad de tantos luchadores sociales que se enfrentaron con valentía a regímenes crueles y autoritarios, tengan tan poca consciencia histórica y se envuelvan en banderas con las que claramente no comulgan para arrojarse a un vacío inexistente, insultando con ello el esfuerzo y sacrificio de los genuinos héroes de las letras.

Invito a los 650 abajofirmantes a reconfigurar su discurso y elevar, aunque sea un poco, su narrativa, para que dejemos de considerarlos como despojos de una vieja época que estamos dejando atrás, si es que no quieren quedar en el basurero de la historia. De no hacerlo, los haremos a un lado como si fueran un mal hábito.

¡Bienvenidos todos a la era de la comunicación circular!