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Se trata de un cómico de segunda. Porque Héctor Suárez Gomís no es actor. Nunca lo ha sido. Sus papeles giran en torno a la comicidad de corte frívolo. Idéntico en muchos aspectos a Eugenio Derbez, otro cómico que se dice actor sin serlo. Cuando alguno de estos dos histriones intentan asumir papeles serios, que requieren un trabajo interpretativo profesional, obtienen resultados cercanos a lo mediocre. Derbez no puede con los protagónicos en el cine norteamericano y Suárez Gomís ni siquiera pinta como posible intérprete de papeles de calidad. Estos dos personajes, conocidos por su comicidad, hoy comparten algo en común.

El repudio en Redes Sociales.

Ambos dicen que el desprecio hacia sus personas y carreras, no les importa. Que están “más allá del bien y el mal” y que la solidez de sus respectivos criterios y autoestima, no se ven alterados por un detalle de esa naturaleza. Aunque se ven inquietos y molestos todo el tiempo. Eugenio Derbez ha sido criticado con dureza en redes sociales, por su evidente falta de preparación y la cortedad de su cultura.

En un video reciente, se le ve utilizando reiteradamente el barbarismo “pus”, por “pues”. Su discurso es básico y mal estructurado. Se mete a defender una causa ambiental, de la que nada conoce, para dar un paso atrás al final, cuando el presidente López Obrador acepta un debate con actores, cantantes y cómicos, tal y como ellos mismos lo habían estado pidiendo. “Es que yo desconozco el tema. No soy científico”, fue la salida ridícula de alguien que hasta en sus acciones personales, gusta de asumir posturas cómicas. El otro cómico que desata el enojo del sector social que participa en las Redes Sociales, es Héctor Suárez Gomís. Cómico de menor trayectoria y reconocimiento que Derbez.

Este personaje comete un acto de agresión en contra de un periodista ampliamente conocido en Twitter, Facebook y sobre todo, en Youtube.

Lo agrede físicamente golpeando su rostro y rompe el cristal de los lentes que Vicente lleva puestos. Hay un video que el mismo agredido toma después del ataque, en donde Héctor Suárez admite públicamente haber cometido la falta. Acepta que golpeó a Vicente Serrano.

El asunto llega al Ministerio Público y hay demanda de por medio. Y es en este preciso momento, cuando la intensidad de lo ocurrido disminuye y las consecuencias de las acciones comienzan a ser valoradas, donde vemos a estos dos cómicos de criterio elemental, intentar asumir con seriedad el papel de víctimas, para terminar haciendo una grotesca escena cómica. La cantidad de contradicciones que utilizan, terminan por hundir su causa y su defensa. Derbez señala primeramente que no asistiría a la reunión, porque no sabe nada sobre el tema. Poco después, nos dice que su inasistencia se debe a que la cita es en Palacio Nacional y el grupo “ambientalista” la pidió en la ruta del tren Maya.

Luego cambia nuevamente el pretexto, al decir que quienes se deben sentar a dialogar, son los “científicos” que respaldan la causa ambientalista y los especialistas encargados del proyecto. Al final, rearma su excusa, con un video donde aparece en traje de “no sé qué”, informando que está trabajando y no puede asistir a Palacio Nacional por ese motivo. La realidad es que Eugenio Derbez rentó sus servicios para golpear mediáticamente al gobierno del presidente López Obrador. Le pagaron para que desacreditara la construcción del Tren Maya. Y no le salió. Las “Benditas Redes Sociales” le quitaron la máscara y barrieron el piso con él. Héctor Suárez, pasó de golpeador a víctima, utilizando el mismo “modelo” de defensa. Mentir, mentir y mentir. Y para desgracia suya, mintió muy mal. Primero aceptó en video que golpeó a Vicente Serrano, por los ataques fuertes que Vicente le ha hecho en redes sociales. Ahí está el video en que dice eso. La violencia física fue entonces una venganza, o una respuesta de agresión directa, originada por lo expresado en un debate fuerte, grosero si se quiere, que se da en el espacio de las redes sociales. Después y ya en entrevistas públicas, Héctor cambia su versión y dice que él fue el agredido primeramente, aunque señala que la “ofensa” recibida de Vicente, nunca pasó de lo verbal.

Luego da otro giro a su narrativa sobre el suceso y dice que está enfermo. Que padece de síndrome de Asperger y que no es dueño de sus acciones en todo momento. Pero es evidente que este cómico no presenta síntomas de una enfermedad, asociada a un problema de autismo. Por último, habla de un “chasquido de dedos”, hecho a la altura del rostro de Vicente Serrano, donde involuntariamente, y dada la proximidad, salieron afectados rostro y lentes del periodista. Las “Benditas Redes Sociales”, ponen en su lugar a estos dos personajes, al servicio de la causa conservadora. Porque Suárez Gomís es uno más de los pretendidos “influencers” que, a falta de mejores oportunidades, trabaja a destajo en Twitter, a cambio del pago asignado a quienes golpean toda acción de gobierno emprendida por el presidente López Obrador.

Esa “influencia” en redes sociales es un mito y hoy lo vemos. Tanto Derbez como Héctor Suárez, carecen de respaldo real. Los únicos que defienden sus personas y su causa, son los enemigos declarados de la Redes Sociales. Los periodistas y medios de comunicación convencionales. Una lluvia de entrevistas a Eugenio Derbez y Héctor Suárez se desató con fuerza en radio, televisión, prensa y espacios dominados por las granjas de bots opositoras. Vicente Serrano no es el periodista agredido por un cómico de segunda. Es más, Vicente Serrano ni siquiera es periodista, según ellos.

El desprecio a quienes informan en medios alternos, logrando un éxito mayor al de los “profesionales” de la desinformación”, es enorme. Les duele que Sin Censura tenga una audiencia superior a la de cualquiera de las plataformas informativas controladas por el conservadurismo.

Les duele que las “Benditas Redes Sociales”, crezcan, mientras su visión periodística va a la baja. Por eso, para ellos, la hipocresía, la mentira, e incluso la agresión física de alguien que participa en televisión, o en el cine, es digna de defensa. Un periodista formado y reconocido en redes sociales, es el enemigo al que hay que combatir, sin importar que la razón y la justicia estén de su lado.

Hay una guerra declarada entre estos dos universos que se enfrentan a diario, buscando dar a conocer su visión de la realidad. La vieja prensa nos presenta los escenarios que preparan para consumo popular, los estrategas de los grupos de poder nacionales e internacionales. Del lado contrario, están unas “Benditas Redes Sociales”, que dan la batalla en contra de la desinformación, intentando presentar una realidad más limpia. Las audiencias eligen en libertad el producto que desean consumir. Nada más que hay un detalle que hay que tomar en cuenta. La vieja prensa tiene fecha de caducidad muy cercana.

Las “Benditas Redes Sociales”, apenas están entrando al mercado. Veremos dónde está la fuerza y el futuro en el mundo de la comunicación. Esperemos a que “lo viejo acabe de morir, mientras lo nuevo termina de nacer”

Malthus Gamba