Desde hace ya un buen tiempo, los precios de la energía eléctrica han sido un flagelo severo para los consumidores en todos los países donde las compañías eléctricas privadas tienen la batuta del mercado.

Especialmente en los Estados Unidos y Europa, el manejo de la energía por parte de los privados, ha significado un incremento permanente y sustancial de las tarifas que no solamente mantienen a los habitantes secuestrados, teniendo que pagar cada vez más por su consumo, sino que inciden en los precios de los demás productos, generando tasas de inflación crecientes.

Los cierres de las economías provocados por la pandemia, implicaron que la mayoría de las actividades se detuvieran completamente y al reiniciarse, el ritmo de arranque se encontró con un nivel muy alto de demanda de productos y servicios por todas partes, a un ritmo mayor del que las cadenas de suministro fueron capaces de responder. Esto disparó la inflación y con ella también la subida desproporcionada de los precios de la energía, especialmente en Europa y Norteamérica, con excepción de México, país en el que se cuenta con una empresa estatal en la figura de la Comisión Federal de Electricidad que ha decidido mantener estables las tarifas energéticas a fin de proteger el poder adquisitivo de los consumidores.

Estos incrementos desproporcionados de las tarifas de energía en todo el mundo, han llevado a países como el Reino Unido, a nacionalizar una de las compañías eléctricas privadas más grandes de la nación, a fin de evitar que sigan incrementando los precios, anunciando de paso que las nacionalizaciones de otras empresas continuarán.

Hoy también en Francia, el presidente Macron ha anunciado que el estado tendrá que tomar el control de algunas empresas privadas de energía, para evitar que los incrementos desproporcionados de esta continúen e incidan en los de los demás productos.

Así es que lejos de lo que se hubiera podido pensar en el paraíso neoliberal que habían configurado las potencias occidentales, donde todo debería de ser privado, ahora comienzan a echar reversa al darse cuenta de que hay actividades que son estratégicas y cuyo control debe mantenerse en manos del estado, para que los negocios de unos cuantos no perjudiquen el bienestar de todos los demás.

En casos de países como España, donde el gobierno está secuestrado por prebendas, sobornos y canonjías, que las empresas eléctricas privadas derraman sobre los funcionarios y que los obligan a atarse de manos mientras se extorsiona a los habitantes con incrementos anuales de tarifas energéticas de hasta 500%, la recuperación de actividades estratégicas por parte del estado parece imposible y el futuro previsible de los consumidores se antoja dramático y devastador para el bienestar común e individual.

En México, el mantenimiento de las tarifas eléctricas y de los precios de los combustibles, nos ha permitido tener una inflación menor a la que se presenta actualmente en el mismísimo Estados Unidos y a pesar de todas las increpaciones lanzadas por los voceros de los oligarcas eléctricos, estamos a punto de aprobar una reforma eléctrica que nos asegure esta estabilidad en el futuro, siguiendo el nuevo rumbo que están comenzando a tomar aquellos países europeos cuyos gobiernos no han sido comprados por el dinero y los regalos de las empresas eléctricas privadas.

Que les quede claro a todos los diputados que van a votar para que esta reforma se pueda volver ley, que no vamos a pasar por alto una traición a la patria en aras de que ellos reciban sobornos o prebendas de los oligarcas. Los vamos a vigilar y a perseguir para enjuiciarlos en la primera oportunidad que tengamos, independientemente de que ya podrían irse olvidando de cualquier futuro político que tengan en mente.

Como dijo el poeta español Antonio Machado: “En el análisis psicológico de las grandes traiciones, encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote”.

Por Erika