Hay tiempo de aventar cuetes, y tiempo de recoger las varas

De un tiempo para acá, el presidente Andrés Manuel López Obrador nos ha estado advirtiendo de la amenaza que se cierne sobre la cuarta transformación, una amenaza real y potencialmente peligrosa que bien puede obstaculizar seriamente los cambios requeridos para rescatar a México de las garras depredadoras de quienes nos tenían secuestrados hasta ahora.

Nos ha hablado de organizaciones supranacionales como Artículo 19, que hacen una defensa selectiva de periodistas afines al conservadurismo, cuidadosamente elegidos por sus patrocinadores, entre quienes se encuentran gobiernos extranjeros y fundaciones injerencistas transnacionales.

El primer mandatario ha mencionado también cómo actores políticos utilizan su influencia y acceso a los medios para desacreditar, denostar y obstaculizar cualquier avance que el presente gobierno esté logrando, demostrando en el proceso que no les importa utilizar los medios más ruines y viles que estén a su alcance y mostrando en el camino el gran desprecio que sienten por quienes votamos por terminar con sus mal habidos privilegios, así como por el sistema democrático.

Los empresarios acostumbrados a los negocios al amparo del poder, los obtenidos mediante la corrupción y el tráfico de influencias, que ahora se ven impedidos de acceder a estos turbios arreglos, han decido participar abiertamente en la contienda electoral, algunos en sus acostumbradas sombras, aportando recursos, empresas y contactos para intentar influir en la decisión de las mayorías y otros, como Claudio X. González, agrupando los restos mortales de quienes en vida fueran las principales potencias políticas en nuestro país.

Los medios corporativos, tanto nacionales como algunos extranjeros, pero en su mayoría íntimamente ligados a empresas saqueadoras que se beneficiaron de la corrupción y carencia de patria que distinguió a las pasadas administraciones, también están haciendo su parte, tergiversando y manipulando la verdad, creando noticias falsas y paparruchas prácticamente todos los días, haciendo burdos montajes que después difunden ampliamente es sus diversas plataformas, intentando apropiarse de la narrativa para provocar una falsa percepción de todo lo que signifique cambio, ya que estaban muy cómodos guardando silencio ante los atropellos y rampante corrupción a cambio de pingües beneficios económicos prodigados por los gobiernos en turno.

Desafortunadamente en este proceso de degradación en la lucha por recuperar el estado de cosas que tanto los benefició en el pasado, han logrado corromper incluso a verdaderos luchadores y luchadoras sociales que en su afán por avanzar su agenda han permitido que sus movimientos con justos reclamos hayan sido secuestrados y pervertidos por el conservadurismo, que los ha convertido en ariete político contra la cuarta transformación.

Es evidente que las amenazas para la consolidación del cambio que 30 millones de mexicanos votamos son fuertes y serias, y es precisamente por ello que quienes queremos lo mejor para nuestro país debemos abandonar las luchas internas y enfocarnos en combatir esas fuerzas que, si y solo sí, nosotros lo permitimos, puedan conseguir su objetivo: descarrilar el Proyecto de Nación.

Hubo un tiempo para la autocrítica y para el reclamo, pero ese tiempo ya no es hoy. Ahora toca asegurarnos la consolidación de lo hasta hoy logrado confirmando no solo nuestro propio voto, sino haciendo hasta lo imposible por convencer a quienes ahora no saben, no entienden o no confían en el camino trazado.