García Luna y Cienfuegos Zepeda, primeras piezas de la operación limpieza

Por: @RicSantes

La aprehensión en Estados Unidos de Genaro García Luna y Salvador Cienfuegos Zepeda, dos personajes relevantes de la vida pública de México durante las últimas décadas, reaviva la discusión sobre la situación de inseguridad, violencia, corrupción e impunidad en que el prianismo hundió al país. Difícil es recordar en qué momento los terribles actos de barbarie sucedidos a lo largo y ancho del territorio, desde los asaltos con violencia hasta los asesinatos más infames, pasaron a ser parte de la cotidianeidad y fueron bases para la consolidación de un narco-gobierno.

La detención de García Luna, secretario de seguridad pública durante el desgobierno de Felipe Calderón, y de Cienfuegos Zepeda, secretario de la defensa nacional durante la administración de Enrique Peña Nieto, corroboran lo sabido: en autoridades y fuerzas del orden anida la peor delincuencia. Lo que tal vez muchos no alcanzamos a dimensionar es el grado de descomposición del Estado, y el nivel tan alto en las esferas del poder donde esa delincuencia oficial echó raíces.

Las noticias sobre esas fichas causaron reacciones de incredulidad cómplice en la oposición. Cuando la de García Luna, no faltó quien expresara que debía ser un error; “no me cuadra”, dijo un comentócrata. Cuando la de Cienfuegos Zepeda, un político impresentable reaccionó con un “What?” mientras otro dijo “¡no puede ser… mi general!”. Lo cierto es que esos personajes ahora deben responder ante la justicia. Es lamentable, sin embargo, que sea en el país vecino donde se les llame a cuentas y no en el nuestro; y aunque esto sea motivo para que los dolidos opositores critiquen la “inacción” de la actual administración federal y su “falta de coordinación” con Estados Unidos, los acontecimientos revelan que las críticas son infundadas. En efecto, debe repararse en que, previo a los arrestos de los presuntos delincuentes, en un caso se reunió con autoridades mexicanas el fiscal general estadounidense William Barr, y en el otro el jefe de la DEA, la agencia antidrogas estadounidense Timothy J. Shea. Abundando, no puede obviarse que ambas detenciones ocurrieron en suelo ajeno.

En una conferencia mañanera, luego de la detención del ex-titular de la Sedena, el presidente López Obrador dijo que no había acusación alguna, por lo que no se le podía detener. Empero, sí se sabía que El Padrino, como se le conoce en su círculo delincuencial, era buscado por la DEA de tiempo atrás y sólo esperaba el momento propicio para capturarlo. El ex-secretario se puso solo, o como se diría coloquialmente, “de pechito”, ante las autoridades gringas, al arribar al aeropuerto LAX de Los Ángeles sólo para ser detenido, acusado de narcotráfico y otras linduras.

Es comprensible que en México no existiese acusación alguna contra el general ni contra el ex-secretario de seguridad si se considera la influencia que ambos sujetos tuvieron y aún tienen en los círculos del poder, lo que les hubiera permitido apagar cualquier fuego en contra con la mano en la cintura. Esta es razón de peso para que la operación limpieza, propuesta desde el inicio de la actual administración, se realice mano a mano con el vecino del norte. Decir lo anterior no significa seguir actuando sumisamente como sucedió penosamente en los tiempos de Peña, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas… y más atrás; esta vez, se pretende trabajar coordinadamente pero defendiendo la soberanía.

Con todo lo vergonzoso que puede ser que ex-funcionarios mexicanos del más alto rango se hallen sometidos a procesos en el extranjero, es patente que así sucede porque en México existe hoy una autoridad decidida a sanear los asuntos de Estado, y dispuesta a someterse al escrutinio, doméstico y de allende las fronteras; prueba de ello es el caso Ayotzinapa, donde las puertas han quedado abiertas a las misiones de la ONU.

Se espera que la escoba barra más arriba, a los ex-presidentes, jefes formales de los malhechores mencionados: la desgracia nacional no puede entenderse sin su participación y complicidad.
Sin duda, aun con los bemoles habidos y por haber, el país va en el camino de la transformación; queda en la ciudadanía ayudar a empujar el elefante.
@RicSantes

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