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Solo aquellos que antes de 1976 ya tenían consciencia de lo que pasaba a su alrededor, han vivido algo parecido a lo que hoy estamos viendo en relación con el comportamiento del peso mexicano.

En esa época y durante 16 años el precio del dólar estuvo fijo, con un tipo de cambio de 12.50 por cada dólar. A partir de 1976, el valor de la moneda mexicana comenzó a experimentar una caída que ya no se detuvo sino hasta 42 años después, en el 2018.

En estas 4 décadas la debacle del peso tuvo lugar en un entorno económico internacional bastante estable, donde lo que influía en su devaluación eran las burradas que cometían los gobiernos mexicanos y la desconfianza que motivaba a los inversionistas a poner su dinero en dólares en lugar de hacerlo en pesos.

De pronto, sorpresivamente y desde la perspectiva de los tecnócratas neoliberales, en algo que solamente puede ser comparado con un acto de magia logrado a través del hechizo de un mesías, la moneda mexicana dejó de perder valor a partir de 2019 y ha mantenido su estabilidad hasta la fecha, moviéndose en una banda que oscila entre los 19.50 y los 21 pesos por dólar durante ya casi 4 años.

Hemos disfrutado de esta estabilidad incluso en el peor escenario económico internacional del que tengamos memoria, con dos años de pandemia que cerró las economías en todo el mundo, seguida por un conflicto bélico que está modificando violentamente el perfil geopolítico del planeta.

No quisiéramos ni imaginar lo que hubiera pasado con una situación internacional como la que hemos pasado, combinada con las burradas que seguirían cometiendo los gobiernos neoliberales corruptos de haber ganado la presidencia en 2018, como sucedió durante las últimas 5 décadas, sin que exista alguna razón que nos indique que dejarían de hacerlo a partir de ese año.

En estos 40 meses que llevamos con un gobierno distinto, no solamente se dejaron de cometer estulticias orientadas a robarse las riquezas y el erario, sino que el manejo sensato y eficiente de la economía premió a la moneda mexicana con la confianza de los inversionistas, quienes han decidido conservar sus inversiones en pesos a lo largo de este período de violentas turbulencias en la economía del mundo.

Hace unos días el New York Times, que no se caracteriza precisamente por simpatizar con las políticas del gobierno mexicano, publicó un análisis que revela que el peso mexicano es la moneda que menos se ha devaluado en el mundo en relación al dólar durante los primeros 6 meses de 2022, período que incluye el desarrollo del conflicto bélico en Ucrania.

Así nuestra moneda se devaluó menos de 1% en relación con el dólar en 6 meses y medio, sin embargo entre otras, el dólar canadiense lo hizo en más de 2.5%, el de Singapur en casi 4%, el Yuan de China en 6%, el Franco Suizo en más de 7%, el Euro en más de 11%, la Libra Esterlina en 12.5% y el Yen japonés en 17%, siendo el peso mexicano el que tuvo mejor desempeño que todas las anteriores, que son consideradas como las divisas más estables y sólidas del planeta.

Mientras tanto los tecnócratas neoliberales corruptos se encuentran estupefactos, en una especie de estado catatónico, que no les permite llevar a cabo ninguna maroma que logre desvirtuar esta situación; por su parte todos sus replicadores en el intento de disimular su ineptitud, experimentan ataques de rabia junto con los wanabes odiadores, que tienen calambres hasta en el acta de nacimiento. Para fortuna de los mexicanos que tenemos la maravillosa oportunidad de estar disfrutando este nuevo amanecer del país y festejamos con alegría la estabilidad de nuestro superpeso por primera vez después de más de 40 años.

Como dijo el estadista estadounidense Benjamín Franklin: “La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro”.

Por Erika