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El cuento de hadas de la clase media
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El cuento de hadas de la clase media

Postigo

Por: José García Sánchez

El aspiracionismo en México está más cerca de los cuentos de hadas que de la realidad. Desde niños hemos sido admiradores de la monarquía, campo de batalla de los cuentos de hadas, una especie de paraíso terrenal donde la felicidad es total. Donde al haber dinero no hace falta nada.
La monarquía tiene solo dos clases sociales: los siervos y los amos, los nobles y los plebeyos, ahí no hay lugar para una clase media, que, de existir, se vería forzada a elegir entre apoyar al rey o al pueblo.

La primera regla del aspiracionismo radica en despreciar lo que se tiene, es decir, rechazar el conformismo pero también el nivel económico que tiene y la clase social a la que pertenece. No sólo quieren subir de nivel económico sino despreciar a quienes ahora son similares a ellos. No hay identificación con lo que tiene que le parece poco en un mundo donde la meta es ser rey o por lo menos príncipe. Como parte de la nobleza del siglo XXI, el mundo no los merece y son capaces de cualquier cosa para demostrarlo.

La televisión, creadora de individualismos exacerbados, contribuye todavía no sólo a la producción dirigida y manipulada sino a un aspiracionismo que tiene más de desprecio a lo que se tiene que de ambición por lo que se desea. Por ello siguen viendo los noticieros de la televisión, porque es su fuente de energía e inspiración. Representan la continuación del cuento de hadas que quieren vivir a partir de ver la miseria de otros y del espectáculo que brindan los pobres que están tan lejos que sólo son un programa más de diversión.

Es el síndrome de Doña Florinda, que llama “Chusma” a los de su clase; o el de Magdalena que en “Los vecinos” niega su destino de pobreza o Graciela Garza de la Garza y Garza en “Se rentan Cuartos”.

Las caricaturas del aspiracionismo son muchas pero su existencia innegable. Sus integrantes aborrecen lo que tienen, aunque sea mucho, y en su deseo de querer obtenerlo se asemejan a quienes menos tienen. Es por eso que en México hay un sector de la clase media que no quiere ser identificado con el trabajador, con el obrero y, mucho menos con el campesino.

El Presidente definió el término aspiracionista con precisión en tiempo y espacio: “Hay un pequeño sector de la clase media que siempre ha sido así muy individualista, que le da la espalda al prójimo, aspiracionista, que es lo que quiere es ser como los de arriba, encaramarse lo más que se pueda, sin escrúpulos morales de ninguna índole como son partidarios del que no tranza no avanza, es increíble como apoyan a gobiernos corruptos… yo lo atribuyo a que son muy susceptibles a la manipulación”.

No se trata de ambicionar como un deseo de progresar sino un escalón más alto que le permita ver a los demás de menor tamaño.

De ninguna manera es criticable el sueño de una familia, las metas de una persona, de ser mejor cada día sino que en el camino para lograrlo adopta un individualismo, en el que no cabe nadie más que ellos. Los demás no importan, de ahí su indiferencia por la vida política y por la participación social. Consideran que realizar estas tareas les resta tiempo para alcanzar su aspiracionismo exacerbado en la individualidad.

Así, puede decirse que aspiracionista es alguien que pone todo su empeño en aparentar ser lo que no es, es decir, afirmó, aparentar una realidad y un estilo de vida que en realidad no puede sostener.

En medio de esta aspiración individualista y de rechazo a lo que le representa lo popular surge el desprecio por quienes desde abajo, logran un cargo de elección popular o un puesto político. Al ver que no visten como ellos quisieran vestir, o que no usan ropa de marca, de inmediato señalan que no están preparados para el cargo que desempeñan en el gobierno, como si eso les hubiera significado preocupación alguna ene el pasado donde verdaderos analfabetas ocuparon las secretarias de Educación Pública y Gobernación.
Las críticas tratan de matar en el otro, —en el del gobierno que no tiene fantasías sino realidades crudas—, lo que hay en él de improvisado, de dependiente, de pobre. La crítica feroz simula un alejamiento de sus semejantes, de sus pares, que son más parecidos de lo que ellos piensan. Lo saben, lo viven por eso buscan en la elegancia rancia del pasado, en los guaruras de los ex funcionarios, en la ropa de marca, en los automóviles de lujo, su propio ascenso social.

La clase media no sólo es un segmento de la población que sirve de engranaje en la producción sino una forma de pensar.

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