Después de décadas en las que sólo sembraron cadáveres, México renace sembrando vida

Por Akire Lincho

Palear tierra en parajes alejados para desenterrar osamentas y cuerpos de niños, jóvenes, adultos, ancianos, hombres y mujeres es hoy una labor obligada para grupos de familiares de víctimas y defensores de derechos humanos, que nuestra sociedad recibió como herencia de la política criminal aplicada por dos gobiernos insensibles e incompetentes que pretendían, en teoría, combatir el crimen organizado en México.
Casi cuarenta mil personas están reportadas como desaparecidas desde el año 2006, según los registros oficiales, pero se desconoce cuántas de ellas se pudieran encontrar enterradas en las más de dos mil fosas clandestinas que se habían detectado hasta el año 2017, y en las demás que se sigan encontrando en todo el país.
Esta realidad, profundamente dolorosa para la sociedad, es parte de un escenario aún más desolador, conformado por alrededor de 260 mil mexicanos asesinados, casi 30 mil cuerpos no identificados y una cantidad cercana a 2 millones de personas desplazadas de sus hogares a causa de la violencia; todo esto derivado, fundamentalmente, de la estupidez de nuestros gobernantes anteriores.
Así han sido las consecuencias más graves de un sistema de gobierno que distinguió a varias administraciones por comportamiento depredador, inmoral, indiferente, cínico y criminal cuya carta de presentación para con la sociedad fueron siempre la corrupción y el desprecio hacia sus habitantes. Un sistema que dio lugar a una subcultura en la que se normalizaron el embuste, el soborno, la hipocresía, el abuso, el despojo, el robo, la falta de oportunidades, la discriminación, la mentira, la extorsión, la violencia, la desaparición forzada, el secuestro y el asesinato.
Una forma de gobierno cuya política agraria consistió sólo en promover la siembra de cadáveres a lo largo y ancho del territorio nacional.
Seis meses después de haberle cortado la cabeza a la serpiente, el resto del cuerpo sigue chicoteando.
Mientras la nueva administración lleva a cabo esfuerzos enormes para construir una estructura de gobierno, porque la que había fue desmantelada y sustituida con una suerte de bureau de negocios, para favorecer el saqueo de unos cuantos en todas las áreas y en todos los rubros, algunos sectores de la sociedad que tienen interés en que las cosas sean como eran y no como son, acompañados por aquellos que simplemente no se han dado cuenta de que la realidad cambió, y por otros que continúan funcionando dentro del crimen organizado, pero cuya organización ya no se coordina desde las altas esferas del gobierno, están presentando toda la resistencia de la que son capaces para tratar de evitar que el ambiente de mentira, corrupción y violencia al que están acostumbrados prevalezca, sin poder entender que la serpiente a quien defienden y representan ya está muerta.
Hoy, gobierno y sociedad, nos encontramos en un proceso de transición que implica destrucción creativa. Mientras se logra que el cuerpo de la serpiente termine de morir, estamos creando un sistema nuevo de instituciones incluyentes y de rescate de valores culturales, morales y éticos, que nos ayuden a sustituir los que prevalecieron durante los últimos 40 años en una parte importante, pero minoritaria, de la sociedad.
De tal suerte que podamos rescatar la honestidad para terminar con el engaño y el soborno, la sinceridad para acabar con la hipocresía, la justicia para desterrar el abuso, el respeto para sustituir el despojo, la honradez para evitar el robo, la inclusión de los demás para abolir la falta de oportunidades, la empatía para deshacernos de la discriminación, la verdad que cancele la mentira, la vergüenza que repudie la extorsión, la compasión que diluya la violencia, el amor al prójimo que no admita el delito, y el respeto a la vida que nos convierta en una sociedad sana.
En esta de transición, que deberá sanar las heridas de la sociedad gradualmente, mientras en un entorno todavía de violencia continúa el triste y doloroso proceso de ir cavando fosas para recuperar cadáveres, se ha iniciado otro proceso en el que se están usando palas y herramientas para empezar a sembrar vida.

El gobierno federal ha arrancado el desarrollo de un programa cuyo solo concepto implica un cambio en la concepción de la realidad nacional en muchos sentidos.
Desde la denominación del proyecto Sembrando Vida nos obliga a modificar nuestra visión de un concepto productivo que persigue los objetivos de crear empleos en el campo, cultivar los alimentos que nos permitan cubrir las necesidades del consumo interno, reforestar el territorio y construir un inventario de árboles frutales y maderables que se pueda explotar en el mediano y largo plazo, para percibirlo como el inicio de un esfuerzo que tiende al renacimiento no solo del campo, sino del país y del planeta en un proceso que se orienta al rescate de la vida, dentro de un país donde llevamos muchos años poniendo nuestra atención en la guerra y en la muerte.
Cobijado en este concepto simbólico, el programa se echa a andar, fundamentalmente, con el trabajo de los campesinos, uno de los grupos más vulnerados por el proceso oscuro y falaz de “combate al crimen organizado”, lo que también es emblemático en toda esta conceptualización mística de renacimiento.


Sembrando Vida presenta además una vertiente de sentido práctico. El 70 por ciento del territorio nacional, representado por 138 millones hectáreas cuenta con vegetación forestal; es uno de los 17 países considerados megadiversos en los que viven el 70 por ciento de todas las especies del planeta; sin embargo, la falta de atención a la conservación de esta condición privilegiada ha provocado la deforestación de más de 3 millones de hectáreas desde el año 2000.

El país tiene una superficie cultivable de 110 millones de hectáreas, de las que solamente se destina el 40 por ciento a la producción de alimentos y, a pesar de ser uno de los principales productores agrícolas del mundo, no es autosuficiente en producción alimentaria, lo que deriva en que deba importar granos básicos como maíz, frijol y otros para satisfacer su consumo interno.

El 62 por ciento de la población rural vive en la pobreza y el 21 por ciento subsiste en pobreza extrema; los problemas más severos del campo mexicano se centran en la degradación ambiental y en la pobreza rural, y es precisamente en atender estas problemáticas donde se concentra el programa Sembrando Vida, impulsando el cultivo de 1 millón de hectáreas a partir de sistemas agroforestales productivos en 19 estados de la República, comenzando por sembrar 500 mil hectáreas en 4 estados en una primera fase que arrancó en Enero del 2019 para Chiapas, Veracruz, Tabasco y Campeche. Con el arranque de la segunda fase se desarrollarán otras 500 mil hectáreas para el 2020.
Los objetivos del programa son fundamentalmente de tres tipos; económico, ecológico y social. Se persigue sembrar 1 millón de hectáreas de sistemas agroforestales, creando 400 mil empleos permanentes y priorizando el fomento de las finanzas populares comunitarias.


El mecanismo para hacer funcionar el programa consiste en seleccionar parcelas en microcuencas con importancia ambiental, forestal y económico productivas; en áreas perturbadas por incendios, enfermedades, desastres naturales o plagas forestales, y en suelos degradados o con pérdida de cobertura de vegetación productiva, de propietarios de tierras ejidales, comunales o de pequeña propiedad con quienes trabajarán los técnicos impulsadores del programa utilizando como puerta de entrada las asambleas ejidales.

De acuerdo con la vocación de cada región, se realizarán cultivos diversificados agroforestales con milpas intercaladas con árboles frutales; esto significa que se van a cultivar especies maderables para explotación a largo plazo, intercaladas con árboles frutales para explotación de mediano plazo, con cultivos agroindustriales que dependiendo de la vocación regional serán, entre otros, de cacao, canela, café, palma de coco, achiote, pimienta, hule y agave; todo esto intercalado a su vez con milpas de maíz y frijol que conllevan una explotación en el corto plazo a fin de que los productores beneficiarios cuenten con seguridad alimentaria inmediata, de mediano y largo plazo.
Sobre el terreno, en función de la vocación regional y de la extensión de las parcelas a trabajar, se establece una proporción porcentual de cada área para la producción agroforestal y otra para la producción de cultivos básicos; por ejemplo, si un campesino cuenta con una superficie de 2.5 hectáreas para cultivar, se podría destinar 1.5 hectáreas para la producción agroforestal maderable y una hectárea para el cultivo de granos básicos en milpas intercaladas con árboles frutales generando beneficios a corto, mediano y largo plazo.
De acuerdo con los criterios de focalización se visitan asambleas ejidales en zonas prioritarias de atención y mediante ellas, se realiza la selección de las parcelas en forma consensuada; cada productor seleccionado recibe 5 mil pesos mensuales por su trabajo, garantizándole un empleo permanente; se evitan complicaciones burocráticas para que los propietarios tengan acceso al programa y se coordina su entrada con la participación de varias secretarías (SEDATU, SAGARPA, SEMARNAT y SECRETARÍA DEL TRABAJO), lo que se favorece la confluencia de distintos programas y el desarrollo comunitario, evitando su duplicidad.

El diseño organizacional del programa integra células conformadas por 25 campesinos, un ingeniero, dos técnicos y dos elementos de apoyo inscritos al programa de Jóvenes Construyendo el Futuro.
El programa Sembrando Vida arrancó en Chiapas, Tabasco, Campeche y Veracruz en Enero del 2019 y, cinco meses después, sólo en Chiapas se han creado 80 mil nuevos empleos permanentes que serán 200 mil una vez que se cubran los 4 estados considerados para la primera fase, sin tomar en cuenta los empleos indirectos que se puedan generar en actividades secundarias de empaque, preparación y comercialización de los productos cultivados a partir de la actividad primaria del proyecto.


Es importante señalar que la administración actual ha decidido apoyar este proyecto en forma permanente y durante los 6 años de duración del gobierno, con el compromiso de desarrollar un millón de hectáreas, aunque en el transcurso del tiempo es más que deseable que se amplié y se fortalezca propiciándose una política de Estado que logre rescatar la ecología productiva en una proporción mayor del territorio nacional, con los beneficios económicos y sociales implicados en un esfuerzo comunitario tan relevante como este, inédito desde los tiempos en los que el general Lázaro Cárdenas ocupó la presidencia de México.
Hoy este programa lleva un 99% de avance sobre los objetivos planeados en los 8 Estados donde se está aplicando en una primera fase.
Seguramente no van a faltar voces conservadoras que vaticinen el fracaso del proyecto, realizando maromas argumentativas a partir de detalles irrelevantes que tendrán una vigencia de corto plazo, como todas las iniciativas de esa índole que han tenido lugar en los primeros 10 meses del nuevo gobierno. Esto se entiende como algo natural desde esa postura, en la inteligencia de que los gobiernos emanados de esa corriente política no han sido capaces de sembrar otra cosa que no sea muerte; ellos difícilmente podrán comprender la visión, la actitud y la mística de los mexicanos que ahora nos encontramos concentrados Sembrando Vida.