Desplome inminente de las ‘calificadoras’

La declaración que hizo la semana pasada Yuefen Li, experta independiente sobre deuda externa y derechos humanos de la ONU, en relación con el papel que han jugado las empresas calificadoras de riesgo en la crisis de la pandemia, nos permiten hacer una reflexión seria del asunto.

La calificación de riesgo a nivel global, se encuentra en manos prácticamente de 3 empresas que no solamente no presentan cuentas ante nadie, sino que han sido corresponsables de las distintas crisis financieras más importantes en la historia, como sucedió en 2008.

Los gobiernos y las empresas que emiten o mantienen valores de deuda en los mercados financieros de todo el mundo, se ven obligadas a contratar los servicios de estas calificadoras a fin de que emitan su opinión sobre el riesgo que implican esos valores, porque es un requisito de los mercados.

Para darnos una idea de la influencia desmedida que tienen estas empresas, ellas controlan la evaluación sobre 92 de cada 100 dólares de la deuda global. Sin embargo, están muy lejos de servir para que los mercados eviten el riesgo, en un muy buen número de situaciones colaboran a agravarlo.

Por ejemplo, en el 2008, cuando el banco Lehman Brothers se fue a la quiebra, estas calificadoras le otorgaban una de las calificaciones de riesgo más altas sólo dos semanas antes de que reventara, a pesar de que su cartera de activos estaba compuesta mayoritariamente de documentos en los que no se debía haber invertido.

Constantemente han cometido pifias y participado de alguna manera como corresponsables de los desastres financieros mundiales. Si tuvieran la excusa de ser inexpertos o ineptos, se entendería su lamentable participación en todos estos procesos, pero si de algo presumen, es de saber hacer lo que hacen.

Entonces, ¿Dónde está la falla?

Como en casi todo lo que ha sido parte del modelo neoliberal, el problema es que son un oligopolio que actúa prácticamente sin supervisión de nadie y generalmente lo hacen en función de sus propios intereses.

La culpa, como en todo lo demás, no es de ellas. Cuando los gobiernos ponen en manos de empresas privadas el manejo de las reglas del juego, éstas hacen lo que saben hacer: Generar utilidades para sus accionistas sin reparar en escrúpulos de ninguna especie, porque los escrúpulos no están incorporados en sus estatutos de funcionamiento.

Así hemos llegado a niveles de deuda mundial de 4 cuatrillones de dólares, lo que es equivalente a un 4 seguido de 15 ceros, sin que exista producción suficiente en el planeta para que esos montos de deuda se puedan pagar.

La semana pasada nos enteramos que estas 3 empresas califican la deuda de PEMEX y por supuesto, cobran por hacerlo; pero los mercados solo exigen que dos de las tres empresas lo hagan, así que la petrolera decidió despedir a una de ellas, escogiendo a Fitch Ratings, ahorrándose 350 mil dólares que nos costaba anualmente, contar con la opinión especializada de estos angelitos.

Este es otro de los pilares del neoliberalismo que parece estarse desplomando. Hoy se comienza a plantear en todo el mundo la inconveniencia de mantener ese control excesivo en manos de mercenarios, que pueden continuar perjudicando a los mercados a voluntad.

Como dijo el escritor ruso Máximo Gorki: “No hay gente inútil, sólo hay gente perjudicial”.