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Sin prueba alguna y en base a suposiciones, inferencias y mentiras, se ha atacado sin ética y con toda la crueldad posible, a la familia del presidente López Obrador.
Los medios de comunicación, mayoritariamente al servicio de intereses reaccionarios, dedicaron tiempo y espacio a la difusión de una aña de golpeteo político, en contra del hijo mayor del presidente.

A final de cuentas, la verdad prevalece y toda la basura periodística vertida en medios y redes sociales, queda evidenciada, sin haber podido restar respaldo social al presidente.
López Obrador ha señalado en varias ocasiones, que nuestro país puede presumir de tener una de las sociedades más politizadas del mundo. Y eso es cierto.

Las mentiras que difunde la prensa conservadora, carecen de impacto. La gente no se traga el cuento que quieren venderle y desconfía de cualquier ataque difundido por periodistas del calibre de Carlos Loret de Mola, Joaquín López Dóriga, Carmen Aristegui, Ciro Gómez Leyva, Jorge Ramos, Raymundo Riva Palacio y algunos otros, a los que se identifica como destacados integrantes del grupo al que el presidente López Obrador califica como “La Casta Divina” del periodismo.

Comunicadores millonarios, que desde la comodidad del sillón, dedican su tiempo y energía a golpear por consigna al gobierno del cambio.
La familia del presiente ha sabido sortear satisfactoriamente la campaña sucia emprendida en su contra.

La mentira sobre una casa rentada en Houston, nunca tuvo bases creíbles. Era demasiado burda y quienes la difundieron como “noticia bomba” perdieron credibilidad, al empeñarse en hacer pasar como verdad, algo que la gente identificó como guerra sucia.

Pero hay otra familia que el día de ayer perdió la máscara de respetabilidad que se había esforzado en mantener, por espacio de casi trece años, a pesar de estar acusada del fallecimiento de 49 niños y de las lesiones provocadas a 104 más.

En un evento donde el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, presenta su más reciente libro, hace una declaración importante en relación a las consecuencias jurídicas relacionadas con el incendio de la Guardería ABC.

El proyecto de sentencia sobre este asunto de interés nacional, estaba en manos del ministro Arturo Zaldívar, quien comunicó al entonces Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, el sentido en el que iba a salir el proyecto.

Zaldívar cuenta: “Me visitó el secretario en mis oficinas y comenzamos a hablar sobre el asunto. El tono de la voz iba subiendo cada vez más, hasta que terminamos a gritos. En un momento me dice el secretario: dice el presidente (Felipe Calderón), que no te apoyamos para esto”

Refiere Arturo Zaldívar que al retirarse ese día, dio instrucciones a su secretaria, para guardar bajo llave el proyecto de sentencia preparado y que si por alguna causa, él no llegaba al día siguiente, debería ser difundido ante la prensa, antes de pasarlo al pleno. “Era tal la tensión, que yo no sabía si iba a poder llegar a La Corte el día siguiente”.

La intención de Fernando Gómez Mont era presionar al ministro Zaldívar, para que modificara las consideraciones en el proyecto. Actuaba como intermediario del entonces presidente Felipe Calderón y lo que se pretendía, era exonerar de toda posible responsabilidad y culpa, a la familia de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón. Una prima de Margarita era propietaria de la Guardería ABC, donde las normas de seguridad para protección de los menores bajo su cuidado, se violaron flagrantemente.
Además, pretendían que ningún funcionario público del gobierno de Calderón, resultara afectado por la evidente negligencia de las autoridades responsables de otorgar permisos y verificar las condiciones en que trabajaba la guardería.

Arturo Zaldívar concluye con esta consideración: “Hoy puedo dar fe, de una Operación de Estado, para proteger a la familia de la esposa del presidente (Felipe Calderón); para proteger a los altos funcionarios de ese gobierno, que hoy vienen a hablar de Estado de Derecho y de autonomía y de no sé cuántas cosas, sin ninguna autoridad para decirlo”.
Aparte de lo vivido de manera personal, Arturo Zaldívar refiere lo que conoce sobre el asunto, por voz de familiares de los niños lesionados y fallecidos: “Me contaron los papás y las mamás, que el gobierno de Felipe Calderón no había permitido que salieran aviones a Sacramento, donde había un hospital esperándolos para poderlos curar, porque no quería se hiciera grande el escándalo”.

La corrupción durante el periodo neoliberal, alcanzó niveles fuera de toda escala de medida.

Esa corrupción era real. No se fabricaba mentirosamente desde el escritorio de los periodistas controlados por Claudio X González. No son las mentiras carentes de pruebas y elementos que den apariencia de verdad al engaño. Se trata aquí de hechos graves, reales y constitutivos de delito.

Si hay una familia a la que se debe investigar a fondo por actos infames de toda índole, esa es la familia de Felipe Calderón.
La tragedia de la Guardería ABC, constituye una de las desgracias nacionales más dolorosas en la historia moderna del país.
Junto con Ayotzinapa, es otro de los asuntos donde la verdad y la justicia están pendientes de llegar. Los gobiernos neoliberales desaparecieron expedientes, pruebas e incluso personas, para que fuera imposible localizar la verdad en medio de la nada.

En el caso de la familia de Margarita Zavala, se intentó corromper a la autoridad en la Suprema Corte de Justicia, para limpiar de toda responsabilidad, a los personajes que tuvieron que ver con la muerte de menores a los que debían cuidar y proteger.

Hoy vemos como la clase política conservadora, sale a defender Felipe Calderón y a descalificar al ministro presidente.
Javier Lozano (“Saco de Pus” en redes sociales), llega al extremo de descalificar la acción del ministro, señalando que divulgó “Secretos de Estado”
Felipe Calderón tiene demandas abiertas en la Corte Penal Internacional. Sería bueno que, de ser posible, esta información fuera integrada a algún expediente en curso. O que se tomara en cuenta como prueba de la corrupción que imperó durante ese sexenio.
Conservadores como Felipe Calderón, quienes operaron políticamente para beneficio de traficantes de influencias, como Claudio X González, son los que hoy hablan de democracia, derechos y justicia, con la finalidad de recuperar el poder.

Son los que pagan a “La Casta Divina” del periodismo, para desacreditar al presidente López Obrador y a su familia.
De nosotros depende que en el futuro, estos delincuentes y corruptos, no alcancen sus propósitos. Que no regresen al poder. Y de ser posible, que enfrenten la ley nacional e internacional, para pagar cada una de sus culpas.

Malthus Gamba