¿A quién representa COPARMEX?

A últimas fechas hemos sido víctimas de un gran ruido político y embate de noticias falsas por parte de un puñado de empresarios que están en desacuerdo con las nuevas reglas que implican dejar de hacer negocios al amparo del poder, pagar impuestos y cumplir con todas sus obligaciones.

Los dirige Gustavo de Hoyos Walther, presidente de COPARMEX y quien, al no tener el apoyo social y la entereza para dedicarse a la política en forma, ha utilizado a la confederación como trampolín para brincar a la esfera pública, con una plataforma de ultra derecha que defiende el viejo régimen plagado de corrupción y que fue sacado del gobierno por una abrumadora mayoría.

Un Gustavo de Hoyos que ha participado como directivo en varias empresas, pero que nunca ha emprendido un negocio ni ha sido propietario de alguno y que, sin embargo, se dice “empresario”. Personaje para quien ha sido más importante hacer carrera dentro de las cámaras industriales y de comercio que emprender un esfuerzo productivo, generar empleos y pagar impuestos.

Es de entender su gran preocupación con la cuarta transformación y su combate a la corrupción y notoria austeridad pues, además de sus ingresos como presidente de COPARMEX, recibe salarios como miembro del consejo de administración en el Fondo Nacional de Vivienda de los Trabajadores, Nacional Financiera, Banco de comercio Exterior e INFONACOT. Pero además participa en organizaciones con una clara agenda golpista como Mexicanos contra la Corrupción y forma parte del consejo consultivo del Consejo Coordinador Empresarial.

El discurso democrático de Gustavo de Hoyos termina abruptamente cuando se trata de la acumulación de poder personal al aferrarse a la presidencia de COPARMEX desde 2015 a la fecha, pues sabe que esa representación es su única oportunidad para atraer reflectores.

Pero ¿a quienes representa COPARMEX?

Fundada en 1929 por el empresario regiomontano Luis G. Sada para “defenderse de la embestida anti empresarial” emprendida por los trabajadores para obtener los mínimos derechos ante la explotación inhumana de que eran víctimas, ha sido en toda su historia el organismo protector del privilegio que enfrenta toda iniciativa progresista.

En 1936, COPARMEX coludida con políticos desclasados, aprobó una ley violatoria del derecho constitucional a la libre asociación que obligaba a los empresarios a integrarse a las cámaras industriales y comerciales, forzándolos a pagar cuotas y “apoyar” las decisiones de estas cúpulas. En la realidad estas organizaciones no tienen la representación y ni siquiera la simpatía de sus integrantes quienes en el pasado fueron obligados a inscribirse y ahora lo hacen solamente por inercia, pero de ninguna manera son una verdadera base que sustente la impresión que De Hoyos quiere dar.

En 1997, y sólo por orden de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se terminó con la obligatoriedad de pertenecer a alguna cámara, lo que provocó un éxodo monumental de la membresía a estos grupos, quedando exclusivamente con una representación de membrete, sin respaldo. Y si las cámaras son huecas y sin apoyo, las confederaciones sufren la misma suerte.

En resumen podemos asegurar que COPARMEX solamente representa a un puñado de parásitos que viven a costillas de los verdaderos empresarios, y la única fuerza política que tienen emana del reconocimiento que antes les daba la autoridad.