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A las élites oligárquicas mexicanas este gobierno les aplicó su receta. Tanto pregonaron el rollo de que a la gente no hay que ayudarle, sino de que hay que hacer que se ayude sola, que se les convirtió en realidad para ellos y ahora se quejan como magdalenas porque tienen que trabajar en vez de estirar la mano para que papá gobierno les entregue dinero gratis.

El nuevo modelo económico aplicado por el gobierno de la 4ª transformación, está haciendo ver su suerte a un buen número de empresas fundadas por una bola de parásitos disfrazados de empresarios, al amparo de la costumbre de no pagar impuestos, robarse el agua y la luz, recibir contratos jugosos sin necesidad de cumplir con las obligaciones contraídas, conseguir créditos de la banca de desarrollo que nunca pagaban y extender la mano para que les entregaran subsidios de toda índole cada vez que había una crisis, que ellos mismos ayudaban a provocar.

Ahora, en lugar de hacer y permitir todo eso, el gobierno recortó sustancialmente su gasto corriente, dejó de contraer deuda pública, canceló la entrega de contratos amañados y aumentó la recaudación de impuestos. Con esto logró liberar fondos en cantidades muy relevantes que está aplicando en el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura para crear empleos, en apoyos a pequeños productores del campo y pescadores, así como en ayudas económicos por medio de programas sociales que llegan a más de 100 millones de personas en todo el país.

La reorientación del presupuesto en este sentido implica que una gran cantidad de personas reciban cantidades pequeñas, en vez de que se le entreguen enormes cantidades a un grupito reducido de privilegiados, esperando que ellos hagan el favor de crear más empleos con los montos que les queden después de engordar sus cuentas bancarias en paraísos fiscales, o compren yates y departamentos en Miami.

Lo que sucede con la mayoría del dinero que llega a las manos de millones de personas en cantidades pequeñas, es que se gasta casi de inmediato en comprar productos y servicios a los negocios y empresas, que a su vez tienen que resurtirlos de las grandes empresas propiedad de este grupito de privilegiados.

En términos económicos esto significa impulsar la economía incentivando el consumo, activando así todo el ciclo productivo a partir de ahí y no al revés como se intentaba hacer antes con los apoyos indiscriminados e ilegales que se entregaban a las grandes corporaciones, de los que sólo una pequeña parte se reinvertía en el mercado interno.

Si bien estas cantidades que hoy se utilizan para generar empleos y apoyos sociales no son suficientes por si mismas para que la economía crezca en una proporción relevante, tienen la virtud de disminuir la desigualdad y la pobreza con una mejor distribución del circulante.

Por otra parte, un factor inesperado vino a complementar lo que hacía falta para que el mercado interno recibiera un impulso decisivo. Felizmente, los paisanos que viven en los Estados Unidos aumentaron en forma muy importante las cantidades que les envían a sus familiares en México, que se convirtieron en el ingreso externo más relevante del país, sumando una cantidad anual similar a la que el gobierno destina en los apoyos sociales.

Las remesas que llegan de los Estados Unidos no solamente son la principal fuente de divisas que recibe México, que entre otras cosas mantiene el valor de la moneda mexicana en un nivel de estabilidad que no se veía en 50 años, sino que además compensan por mucho las cantidades que el grupito de desposeídos de los privilegios decidió sacar del país para perjudicar al gobierno, en protesta por intentar convertirlos en ciudadanos decentes, con lo que se confirma la máxima de que solo el pueblo puede salvar al pueblo.

Así es que ahora, los dueños de grandes corporaciones tienen que competir en el mercado interno con creatividad, eficiencia y mucho trabajo para ganarse lo que antes tan generosamente les regalábamos, como si fueran una monarquía con derechos conferidos desde lo más alto del olimpo. Les estamos enseñando a pescar en lugar de seguirles dando el pescado.

Como dijo el político venezolano Francisco de Miranda: “El tamaño de tu éxito será del tamaño de tu esfuerzo”.

Por Erika