11 de septiembre: de Chile a Afganistán

Rodrigo Guillot

Tanto el asesinato del presidente chileno Salvador Allende en 1973 como el ataque a las torres gemelas de Nueva York en 2001 son eventos que marcan el inicio de una época para el mundo. Una casualidad macabra sitúa ambos sucesos el mismo día, un 11 de septiembre. De esta manera, todos los años nos toca recordar que en el 73 Estados Unidos inició la implementación del neoliberalismo en América Latina, y en 2001 su guerra contra el terrorismo en Medio Oriente.

Ambas regiones, con enormes diferencias, comparten entre sí el hecho de que forman parte del llamado Sur global, la periferia del mundo. La lógica del capital ha destinado a nuestros pueblos a vivir para exportar materias primas hacia los países ricos y trabajar para producir los bienes que demandan en los centros de consumo. Los movimientos de resistencia contra la explotación de la tierra y las personas han sido brutalmente reprimidos por el imperio. Pero nuestra América Latina y el Medio Oriente han resistido, aún en las condiciones más inhumanas. 

Luego del asesinato de Allende, Estados Unidos organizó la instauración del neoliberalismo en el continente, a través de la doctrina del shock: instalando dictaduras militares y promoviendo grupos de choque que torturaban, asesinaban y desaparecían a los políticos, activistas, artistas, periodistas e intelectuales de oposición. El 11 de septiembre de 2001 sirvió como pretexto para que Estados Unidos iniciara una campaña brutal y terrorista contra los pueblos de Medio Oriente. 

En los últimos años, las largas resistencias de los pueblos han dado frutos. El actual ciclo de gobiernos y movimientos progresistas en América Latina demostró que el imperio gringo es mucho menos fuerte de lo que dice su propaganda. La victoria de la Cuarta Transformación en México, el regreso del peronismo argentino, la victoria del pueblo boliviano contra un golpe y dictadura militar son ejemplos de este regreso de las fuerzas progresistas.

También lo es la inmensa movilización del pueblo chileno para terminar con la constitución heredada de la dictadura de Pinochet. Chile obligó a un gobierno conservador a aceptar un Congreso Constituyente que modificó las relaciones políticas nacionales y terminó de enterrar el neoliberalismo político en el país en que se implementó por primera vez en el mundo. Por esa razón, y por el hecho de que hace unas semanas se retiraron EEUU y sus aliados de Afganistán, este 11 de septiembre cobra un valor simbólico diferente.

Tanto Afganistán como Chile llegaron al 2021 habiendo derrotado al imperialismo estadounidense. En esta fecha, ya el pueblo chileno tiene un nuevo régimen político, luego de décadas de padecer a la dictadura y sus herederos. Por otro lado, el pueblo afgano tendrá que decidir qué rumbo tomar con respecto al gobierno talibán, esta vez sin que su territorio esté minado por bases militares de la OTAN.

Ambos fenómenos dan cuenta de la poca fuerza de Estados Unidos para sostener su intento de hegemonía en el mundo. En definitiva, estamos entrando a una era con muchas oportunidades para que los pueblos ejerzan su soberanía y hagan que el imperialismo retroceda sobre sus pasos. Aunque la bestia no termina de morir, los pasos de nuestro Sur deben ser muy cautelosos, sobre todo en tiempos de crisis global.