La pequeña oposición se vuelve intrascendente y muere de a poco. Ese grupo reaccionario, vendepatrias, entreguista; nada puede oponerle a una sociedad despierta.
En su libro titulado “La Inmortalidad, Milan Kundera”, el gran escritor checo, divide la memoria que guardamos sobre cualquier individuo, en dos clases distintas. Por un lado, está el recuerdo que se tiene de cualquier “hijo de vecino”, cuando al morir, es recordado por un tiempo que se mide en años, por aquellos que tuvieron contacto directo con el finado de forma familiar, o que le conocieron por cualquier cercanía de distinta índole. A este recuerdo fugitivo y frágil llama Kundera “la pequeña inmortalidad”. Una vez fallecidos todos aquellos que conocieron al finado, o cuando el olvido alcanzó a los que quedan, el mínimo fragmento de inmortalidad desaparece.
Del otro lado está la “Gran Inmortalidad” reservada para aquellos que, por una u otra causa, pasan al registro histórico en calidad de héroes o villanos. La memoria que se tiene de ellos incluye no solo a quienes tuvieron trato directo con estas personas. Son conocidos, amados, odiados, pero sobre todo recordados, en base a los hechos que forman parte de la memoria colectiva de la comunidad, país, o crónica histórica a nivel mundial.
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Todos nosotros dejamos memoria de nuestro paso por la vida. Algunos, con huellas apenas visibles para el conjunto. Otros, más audaces, activos o afortunados, dejan un registro existencial más profundo. Una marca de vida que queda grabada por generaciones.
Esto funciona en todos los planos de la vida. Se dan acciones en todos los ámbitos donde interviene el hombre y el registro de los hechos que resultan relevantes, pasan a formar parte de la Gran Inmortalidad. Quienes fueron espectadores, o actores secundarios en los mismos, logran una pequeña inmortalidad que adelgaza a pasos acelerados.
La política no es ajena a esta regla
En la política mexicana, conocemos a figuras importantes que son parte del acervo histórico del país. Ese registro nos habla de un Tlacaélel, un Nezahualcóyotl, o un Cuitláhuac muy lejanos, que por sus acciones alcanzaron la mayor inmortalidad, mientras que sus contemporáneos debieron conformarse con otra más modesta.
Lo mismo pasa con Hidalgo, Allende, Morelos, Galeana, Mina, Guerrero y otras figuras de la independencia. En la Reforma quedan grabados los nombres de Juan Alvarez, Benito Juárez, Melchor Ocampo, Lerdo de Tejada, Comonfort, Ramírez, Degollado, González Ortega.
Villa, Zapata, Angeles, Madero y Carranza, alcanzan la Gran Inmortalidad, en base a sus hechos durante el periodo revolucionario.
Junto a ellos, se guarda el registro “negro” que quienes fueron acérrimos enemigos de estos héroes nacionales. Los conquistadores españoles, hoy son vistos como los villanos que casi aniquilan a las culturas nativas, en el territorio que ellos denominaron Nueva España.
Los virreyes Iturrigaray y Calleja, son las figuras que mueven al ejército realista, en contra de las tropas insurgentes. Maximiliano, Miramón, Mejía, Zuluaga, Alamán y otros, combaten a Juárez y a la Reforma. Díaz, Huerta, Orozco, Limantour, Blanquet y compañía, enfrentaron a los revolucionarios.
La Gran Inmortalidad se nutre de héroes, villanos y traidores. La historia da cuenta de sus actos y los coloca en el sitio en que merecen ser vistos y recordados.
En ese plano político y en tiempos de la Cuarta Transformación, ya existen nichos preparados para albergar figuras que, hasta este momento, ya han jugado un papel importante dentro de la historia reciente del país.
Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum recordó una petición que hizo pública el presidente López Obrador, antes de pasar a retiro. “No le pongan mi nombre a calle alguna. Ni tampoco a escuelas o edificios de cualquier tipo. No coloquen monumentos con mi figura y nombre”. Dice la presidenta que cuando Andrés Manuel le recordó personalmente esa petición, ella respondió: “No se preocupe, presidente. No hacen falta estatuas, ni calles con su nombre. El mejor monumento hacia su persona, lo edificó usted en el corazón de millones de mexicanos”.
La guerra de lodo que practican a diario los grupos reaccionarios conservadores no alcanza a manchar la figura de un personaje que alcanzó por méritos propios, la Gran Inmortalidad. El Movimiento de Transformación que le cambia el rostro al país de manera pacífica, nace del empeño personal del mejor político que ha tenido México en muchas décadas. Junto a él, destacan las figuras de las mujeres y hombres que lo han acompañado a lo largo de la ruta que llega a la presidencia. Y de jóvenes que se han sumado a la lucha por un cambio democrático en beneficio de todos y no solo de unos cuantos.
Del lado opositor, ya están reservados espacios oscuros y apartados para recibir a figuras como Salinas, Zedillo, Díaz Ordaz, Calderón y Peña Nieto. A intelectuales como Krauze y Aguílar Camín. A periodistas o desinformadores como Gómez Leyva, López Dóriga, Loret, Riva Palacio, Uresti, entre otros. Y a traficantes de influencias como Claudio X (padre e hijo), Gustavo de Hoyos, El “Diablo” Fernández y varios más.
La historia de este momento definitorio, se está escribiendo día con día. Cada cual determina sus acciones y gana su espacio de inmortalidad. Pequeño o grande. La presidenta Claudia Sheinbaum sigue la ruta de López Obrador y va fuerte la edificación del segundo piso de la Transformación.
Algo que no dice Kundera y que me gustaría agregar sobre este tema, es que, aparte las figuras principales que organizan y dirigen los cambios políticos importantes en todo país, está el motor real que hace historia. A pesar de los obstáculos que tanto villanos, como traidores ponen en el camino, el Pueblo (así, con mayúscula), se convierte en el principal protagonista del destino del país, en los momentos importantes. Una generación entera puede alcanzar la Gran Inmortalidad, cuando adquiere conciencia social y la plena conciencia del poder que le permite destruir estructuras corruptas e indignas. Cuando se mueve conjuntamente en favor de un cambio radical. Cuando se sacude el yugo que lo controla y explota.
México vive en este momento una fiesta del Pueblo. La oposición se vuelve intrascendente y muere de a poco. Ese grupo reaccionario, vendepatrias, entreguista, voraz y corrupto, nada puede oponerle a una sociedad despierta. Como fuerza política, no pasará a la historia, ni dejará legado apreciable. El neoliberalismo ha muerto. El “libertarismo” nació podrido.
La Gran Inmortalidad, tiene también su basurero y en él, apartaron y apartan su lugar los enemigos del Pueblo, quien hoy les ha dado una lección histórica y no los dejará regresar.
Malthus Gamba
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