Pandemia, infodemia y lo que falta… pero #UnidosSomosMásFuertes

El pasado viernes 19 de febrero, el proyecto de información alternativa multiplataforma Sin Línea Mx cumplió su segundo año de existencia, un año marcado por la pandemia más grande y severa que ha padecido la humanidad en al menos, los últimos 100 años y que ha devastado a familias y economía en todo el orbe. Un año que ha sacado lo mejor de nosotros, pero también lo peor.

Nuestro país ha sido testigo de grandes hazañas, de esfuerzos admirables, tanto en lo individual como en lo colectivo y eso nos ha permitido sobrellevar la pandemia sin que nuestro precario sistema de salud se vea colapsado y, a pesar de los graves daños económicos, aún seguimos de pie.

Pero también hemos visto la incapacidad y enorme mezquindad de quienes se llaman a sí mismos opositores a la cuarta transformación, cuyo único y exclusivo objetivo parece ser descarrilar al actual gobierno por cualquier medio y a cualquier costo para la sociedad, mostrando un asombroso odio hacia todo aquel que no comparta sus opiniones.

Hemos sido invadidos por la infodemia contagiada por periodistas que inventan noticias falsas prácticamente todos los días, que tergiversan, descontextualizan y manipulan la información, con el único objeto de intentar crear una percepción de que este gobierno ha sido desastroso, a pesar de que la realidad se les estrella en la cara. Tenemos también a comentócratas, opinólogos e intelectuales congregados alrededor de un concepto vano y autoelogiante llamado “círculo rojo” y que, en una extrema arrogancia, eran llamados “líderes de opinión”, que hacen sesudos análisis del acontecer político y social de nuestro país, llenos de especulaciones, mentiras y complicadas maromas y piruetas, que les permitan concluir su distorsionada versión de la realidad, mostrando una severa disonancia cognitiva.

Así vemos, desde irrelevantes periodistas sin verdadera influencia, como Jorge Berry y Ricardo Alemán, hasta los artificialmente inflados Carlos Loret y Joaquín López Dóriga crear complicados montajes para tratar de introducir su propia narrativa en la discusión. Ahí están los intelectuales huecos que nos vendían como aquellos a quienes había que creer porque sólo ellos tenían la información privilegiada, y que resultó que sólo les indicaban lo que tenían que decir. Krause y Aguilar Camín son vivos ejemplos de que, al no recibir instrucciones, solamente son capaces de balbucear incoherencias, insultos y las más absurdas teorías conspiranoides.

Pero quizá lo más lamentable, son los políticos que se supone eligieron esta profesión por el intenso deseo de servir a su sociedad, y que demuestran día a día un extraordinario desprecio por el bien común. Personajes como Kenia López quien, desde una curul y la comisión de derechos humanos, se burla y desprecia a nuestros pueblos originales, a Lilly Téllez que obtiene su puesto en el senado enarbolando una causa que le es adversa y que ahora impulsa nociones no vistas desde la edad media.

La lista es larga y no es la intención evidenciar personas, sino dejar claro que la lucha contra la desinformación será cada vez más cruenta, pues ya la oposición ha dejado claro que no tiene límites en su vileza, baste recordar al médico que deseaba la muerte del presidente, o aquella piloto aviadora que deseaba arrojar una bomba en el zócalo, o aquel escritor que pugna por quemar vivos a “los chairos”.

La derecha carece de ideales, propuestas o plataforma, su único y exclusivo objetivo es “sacar” a Obrador de la presidencia, al costo que sea, pero sin ofrecer alternativa alguna. La desesperación que sienten por haber perdido sus mal habidos e inmerecidos privilegios es absoluta, como ahora lo demuestra Beatriz Pagés, al cometer sedición en un intento por convocar al ejército a realizar un golpe de estado, al más puro estilo pinochetista.

Pero, en su angustia, podemos estar seguros que la oposición recurrirá a cualquier triquiñuela, pues sabemos que no tienen límites morales o éticos que los prevengan de las peores artimañas. Por eso debemos conseguir una coalición granítea, sólida, incólume, pues solo así derrotaremos al adversario. No podemos permitirnos el lujo de dividir nuestra fuerza, no ahora con el enorme proceso de elección que se avecina y sobre el que pesa la consolidación de la cuarta transformación o su descarrilamiento.

Concentremos esfuerzos en nuestras coincidencias y dejemos las diferencias para cuando hayamos sorteado estas elecciones, que definitivamente nos pondrán a prueba como país, Estado y Nación.

No quiero terminar sin agradecer de todo corazón a nuestros lectores, seguidores y audiencia por su invaluable apoyo en este esfuerzo informativo, ya que ellos son la única línea que recibimos.