Los viejos cuadros del Movimiento: hoy se sienten con derecho a imponer su opinión ante los demás. ¿Qué pasó con la crítica? ¿Calladitos nos vemos más bonitos?
Los viejos cuadros del Movimiento son la última palabra. Son los irrefutables. La quinta esencia de la 4T. Esta selecta galería de cuadros antiguos siente que la pátina que los oscurece, es señal o símbolo inequívoco de que proceden de un linaje más cercano al origen del Movimiento y por lo mismo, al conocimiento exacto de la verdad, ya que han mamado la misma desde la fuente que dio origen al cambio.
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Un cuadro antiguo no se equivoca nunca
Los equivocados serán siempre los otros. Los posteriores. Los cuadros que no están incorporados al canon oficial. Los cuadros combativos que no sienten que llegamos al final de la historia y que, por lo tanto, quieren aportar su crítica y trabajo para que la transformación sea real y no un espacio donde se acomoden cuadros vetustos.
Criticar el contenido o el mensaje que defienden los viejos cuadros del Movimiento, es considerado una herejía. Los personajes que esos cuadros representan son presentados como un conjunto de imágenes sagradas. Dignas de culto y reverencia, pero no de cuestionamiento. Nadie dentro del Movimiento puede decir “este personaje muestra una postura equivocada”, o “la acción que nos muestra ese cuadro, no va de acuerdo con los postulados que defiende el Movimiento”. Eso no puede ocurrir. No debe ocurrir, porque la galería selecta organiza de inmediato un ataque coordinado, en contra de quien tuvo el atrevimiento de lanzar una crítica, en la que se desaprueba la imagen o actitud de algún cuadro o personaje, cobijado bajo el gastado manto del grupo de los viejos cuadros.
Pero en realidad y dejando de lado lo que la pequeña galería de glorioso pasado piense de sí misma ¿qué representan en el presente los integrantes del grupo selecto que pretende ser intocable y palabra última en todo?
Únicamente el valor que tiene todo militante o simpatizante del Movimiento. Un grano que aporta su trabajo y esfuerzo para construir el segundo piso del edificio del cambio. Porque el edificio es lo verdaderamente valioso que se construye y defiende. Es el nuevo presente, deslindado de un pasado ruinoso. Y es al mismo tiempo, la herencia que dejamos a las generaciones futuras. Dentro del Movimiento, todos tenemos el mismo valor. No se reconocen personalidades superiores, aunque existe el respeto a las trayectorias comprometidas.
Los cuadros que llevan años de militancia dentro de las filas del obradorismo, por regla general, muestran una conducta de respeto hacia las bases del Movimiento y sobre todo, hacia el ochenta por ciento de ciudadanos libres que conforman en su conjunto ese Movimiento. Porque el Movimiento no es el partido. El Movimiento no es Morena. La Transformación la construimos todos, desde nuestras respectivas trincheras. Sin el voto ciudadano, el partido pierde fuerza, o desaparece. El Movimiento puede cambiar de partido, mientras que el partido no puede construir un movimiento, sin el respaldo ciudadano.
Tenemos a la mejor presidenta del mundo en este momento. Tuvimos al mejor presidente de las últimas décadas con López Obrador. Y ambos han insistido en esta máxima: “Con el Pueblo, todo. Sin el Pueblo, nada”.
Por esto resulta molesto que algunos viejos cuadros del partido, que piensan representar las reglas “puras” y únicas del proceso de transformación, pretendan erigirse en severos jueces de última instancia. Sucedió con el caso de Sergio Mayer, cuando se lanzaron en contra de todo aquel que señalaba que era un error admitirlo de nuevo dentro de las filas del partido, siendo que había traicionado en el pasado. No lo hicieron con argumentos y puntos de vista fundamentados. Organizaron una campaña en redes sociales y plataformas informativas, donde la descalificación severa y vacía, enfrentó a la molestia fundamentada de muchos. El debate franco estuvo ausente. Los viejos cuadros intolerantes intentaron imponerse por la fuerza. Bloquearon en redes sociales a muchos. Fueron bloqueados en correspondencia. Y la molestia con Mayer sigue viva hasta el momento. Si Mayer se queda, se va o traiciona de nuevo, es lo de menos. No afecta en nada al Movimiento, puesto que poco es lo que aporta y mucho lo que quedará a deber, estando o no con Morena. Son las formas que utilizan estos viejos cuadros dentro del partido, lo que enfada. Intentan imponer su visión, sin entrar al debate.
Ahora, con el caso del canal once y su nueva directora, surge un problema similar. Si la directora cobró de inicio más que la presidenta y luego corrigió, está más que bien. Si los contenidos en ese canal han cambiado, dándoles una imagen social, educativa y entretenida que gusta a la gente, sería deshonesto restar reconocimiento a ese trabajo. Es evidente que canal once cambia para bien. Pero dentro de todo esto, se da una situación que molesta a un sector de la militancia y a simpatizantes del Movimiento. La directora nombra a dos personajes que, en el pasado, estuvieron ligados a Ricardo Salinas Pliego y a Azteca TV. Es algo natural que a la gente de izquierda le moleste todo lo que tenga que ver con el mayor evasor fiscal que vive en México. Un personaje vulgar que ha insultado permanentemente a la izquierda. Puede ser que, como dice la directora de noticieros del canal, que se trate de personajes con historial profesional probado. Ella argumenta. Defiende la postura del canal, ofreciendo datos que son públicos y accesibles.
En tanto, los viejos cuadros del partido, acusan a todo aquel que hace pública su crítica, de subirse al tren del “linchamiento”. Bloquean nuevamente y son bloqueados de nuevo. Descalifican y son descalificados en redes sociales. No entienden que estos nombramientos cargaban con un costo político que había que suavizar. De nueva cuenta se suben a su ladrillo y desde ahí declaran que solo “su verdad” tiene peso, puesto que son viejos cuadros nacidos en el origen de lo que hoy es Movimiento. Son “vacas sagradas” intocables e infalibles. Los demás no entendemos. No sabemos. No pensamos.
Pasa algo curioso con estos viejos cuadros. Han admitido que la Escuela de Cuadros de Morena, no ha formado nuevos cuadros, como era lógico esperar. Algunos de ellos dirigen o forman parte de la escuela. Señalan que ésa es la razón por la cual se tiene que recurrir a personajes externos para cubrir espacios importantes. Y uno se pregunta ¿Cuánto tiempo más habrá que esperar para que surjan los nuevos perfiles, política y administrativamente calificados? Llevan todo el sexenio anterior y un semestre del actual, al frente de una escuela que no forma cuadros dirigentes. Y esa incapacidad es la raíz de una molestia justificada, por parte de quienes desearían ver mayor participación de la gente que viene del Movimiento. Porque perfiles existen en abundancia. Pero nadie se ocupa de su formación, a nivel dirigencia.
López Obrador se retiró al concluir su misión dentro del Movimiento. Los viejos cuadros del partido se retirarán en un futuro próximo, como es natural.

Se requiere por tanto una nueva generación política, que cubra los espacios que se generen. Si se niega la participación y la voz a ciudadanos simpatizantes y a la militancia, con la idea ridícula de que los viejos cuadros son verdad única e indiscutible, se apuesta al debilitamiento paulatino de un Movimiento que en realidad tiene múltiples voces, con visiones distintas, pero todas de izquierda y que el debate y el razonamiento dialéctico, son la única vía para que la Transformación llegue más allá del segundo piso.
En 2018 dijimos NO a toda “vaca sagrada”. Eso debe quedar claro para todos. Una izquierda que se respete, no cree en la infalibilidad que emana de cuadros que tienen la ridícula idea de que su palabra, nace en un ambiente de incienso.
Malthus Gamba
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