Durante su discurso en la conmemoración del día del ejército, el mandatario federal, Andrés Manuel López Obrador, dijo que nuestros país “ya no es tierra de conquista y de rapacidad”.
Dijo además, que en México las élites se tendrán que irse acostumbrando a que mandan las mayorías”.

El Jefe del Ejecutivo señaló que en la tarea transformadora de su gobierno, los resultados no habrían sido posibles sin la colaboración de las fuerzas armadas y particularmente del Ejército Mexicano, y en ese contexto resaltó: “es necesario destacar que en esta transformación, además del apoyo fundamental del pueblo, hemos contado con la lealtad de la Fuerzas Armadas”.

Agregó que sin la ayuda de la Secretaría de la Defensa Nacional y la de Marina, no se habrían obtenido buenos resultados en materia seguridad, y añadió que no se deben cargar al Ejército culpas indebidas que manchan nuestra historia, ya que esas acciones fueron ordenadas por las autoridades civiles, y de acuerdo con la ley el mando supremo de las fuerzas armadas es el Presidente de la República.

Durante el acto, se hizo mención del hecho histórico en el que se gestó el golpe de Estado en contra del ex presidente, Francisco I. Madero, una acción encabezada por Victoriano Huerta, dijo, “es oportuno recoger algunas elecciones que nos legaron de cimientos políticos, porque la historia es la maestra de la vida y es fundamental aprender del pasado para construir el presente”.

El mandatario mexicano también mencionó, que a diferencia de otros ejércitos, las fuerzas armadas de México “son excepcionales en varios sentidos, nunca han sido integradas por “la oligarquía, soldados y oficiales vienen de abajo y tienen como origen la identidad del México profundo”.

“Como sostengo siempre, soldado es pueblo uniformado, y por eso nunca traicionará a su gente y siempre será leal de la libertad, a la justicia”, y agregó: desde su conformación a principios del siglo pasado los institutos castrenses de México siempre han sido fieles al poder civil”.

Señaló que en el momento histórico del presidente Francisco I. Madero, “no supo crear una base social, una organización social que lo respaldara frente a los ataques del grupo de privilegiados que no querían perder sus concesiones y dominaban a sus anchas durante el Porfiriato. Para un poder público dispuesto a transformar no hay mejor aliado que el propio pueblo, nada se puede esperar de políticos corruptos, convenencieros, dominados sólo por la codicia. La clave está en la frase del presidente Juárez: con el pueblo todo, sin el pueblo. En nuestro caso , si no estuviéramos respaldados por la mayoría de los mexicanos y en especial por los pobres, los conservadores corruptos ya nos habrían derrotado o habríamos tenido que rectificar a sus caprichos e intereses, para convertirnos como eran antes los gobernantes, en floreros o títeres de los que se habían acostumbrado a robar”.

Con información de La Jornada