El presidente y Morena

En el marco de la conferencia matutina de ayer el presidente, a pregunta expresa de un reportero, dijo que si Morena se desvía y pierde sus principios, renunciaría y pedirá que el partido cambie de nombre. Ante la víspera de la sucesión de la dirigencia morenista y los conflictos por cargos en el Senado, vale la pena dedicar una reflexión.

Algunos escuderos del orden neoliberal insisten en describir a Morena como el instrumento que acelera “el cambio de piel” del nuevo gobierno, pero está visto que no se trata de un simple cambio “de piel”, sino de un proceso profundo del sistema político, aunque lleno de contradicciones y matices.

Una cosa es el calado del cambio y otro son los frentes abiertos por el presidente López Obrador en el primer año de su gobierno. El proceso de la Cuarta Transformación en algunos aspectos va tan acelerado que no hay medio ni conglomerado comunicativo que logre dar cuenta de la información que genera en su entorno. Literalmente, Obrador está haciendo dos sexenios en uno.

Algunos procesos van a fondo como el combate a la corrupción, la relación con los medios, la desaparición de la burocracia dorada, el respeto a la división de poderes (pese a la corrupción del Poder Judicial), y a las instituciones autónomas (pese al INE, INAI, CRE, etc.), también la nueva relación del poder con la sociedad, entre otros; otros sin embargo van quedando casi intactos temas como la reforma educativa, el propio Poder Judicial, las viejas y nuevas deficiencias del “elefante reumático y mañoso”

Un balance objetivo arroja un saldo favorable al presidente. Sin embargo, su Talón de Aquiles no parece estar en las acciones de gobierno, ni en la amenaza de una oposición descabezada, sino en las contradicciones que empiezan a manifestarse en el partido gobernante.

Todos saben que en la convergencia morenista que llevó a AMLO al gobierno se encuentran grupos, partidos y personajes de tal diversidad ideológica que da vértigo; eso tiene sus luces, pero también sus demonios. Y lo estamos viendo recientemente en las ácidas pugnas que protagonizan Martí Batres y Ricardo Monreal, también en la acritud observada en el cambio de la dirigencia en Morena, y en varios pendientes derivados de la aceptación de personajes siniestros, carencias programáticas y organizativas de Morena en diversos estados y el consecuente abandono de la actual presidenta nacional.

Las contradicciones dentro del partido en el poder son buenas y naturales, un partido es un ser vivo, se mueve y se transforma. El problema es que, si no se aprovechan esas contradicciones y si se conservan los vicios de origen, pueden vulnerar el proyecto obradorista, y abrir paso a la oposición para 2021.

Los retos que tiene Morena enfrente son varios:

  1. Reestructuración y depuración. En muchos estados Morena está secuestrada por caciques y priístas de viejo cuño que tienen al partido como botín.
  2. Fortalecimiento del Instituto de Formación Política, que genere sólidos cuadros instruidos en valores democráticos, ética y con un profundo sentido del servicio público, de modo que ese instituto sea el reservorio de futuros diputados, senadores, funcionarios del gobierno y dirigentes del propio Morena.
  3. Conservación y consolidación del carácter de Morena como partido-movimiento que le permita tener un pie en los procesos institucionales y otro en la agenda social.
  4. Morena debería ser quien convoque y promueva marchas multitudinarias contra la corrupción del Poder Judicial, contra las mentiras de la oposición y la derecha, que luche contra el “golpe blando” fascista, en suma, abandere las aspiraciones sociales y defienda y empuje a la 4T.

Ya se sabe que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador es histórico, pero su triunfo en el fondo no sólo se lo debe a una coalición partidaria, sino a la sociedad mexicana que decidió iniciar una revolución de gran calado sin tomar las armas. Morena tiene la obligación de estar a la altura y en sincronía de la promesa obradorista de “No Mentir, No Robar y No Traicionar al Pueblo”, deben depurarse los grupos que están poniendo en riesgo lo ganado el 1º de julio de 2018. Se debe entender que Morena que no es su burocracia, ni siquiera su militancia, Morena son los más de 30 millones de personas que tomaron el poder, a través del actual presidente de la República. Si fallan se desfondaría el partido y el regreso del siniestro PRIAN será responsabilidad absoluta de los ambiciosos vulgares que siguen -pero no sólo- en el Movimiento de Regeneración Nacional.