Sindicato Mexicano De Electricistas

¡Bienvenido INSABI!

La creación del INSABI era impostergable, irremediable, inevitable ante un sistema de salud corrupto, podrido, gangrenado y que había que amputar.

Antes que nada, permítaseme hacer una aclaración: la cuarta transformación no está en contra de los empresarios innovadores, creativos, arriesgados y de hecho los fomenta, promueve y estimula pero quienes se beneficiaron en los gobiernos anteriores mediante el cochupo, la dádiva, el compadrazgo y la corrupción no pueden ni deben ser llamados empresarios, sino viles coyotes cuya única diferencia con los que pululan afuera de las oficinas gubernamentales es el monto de sus “servicios”.

El sector salud se encontraba completamente corroído por la corrupción, gangrenado hasta el hueso y sí, había que amputarlo. La infamia con la que sangraban a este sector no conocía límites, desde el robo hormiga de medicamentos en las farmacias de clínicas y hospitales perpetrado por los mismos empleados, hasta altas autoridades que “negociaban” sustitución de medicamentos para el cáncer por agua destilada o compraban fármacos caducos para el tratamiento del VIH, pasando por todos los niveles incluyendo médicos aviadores y directores de hospitales que vendían plazas y realizaban o negaban compras, pensando única y exclusivamente en el moche o comisión, o que desviaban atención médica hacia clínicas particulares.

Todo esto bajo la mirada permisiva y cómplice de quienes estaban coludidos en el desfalco a gran escala, en lo que ahora sabemos que se tradujo en el desvío de mas de 88 mil millones de pesos tan solo en el Seguro Popular durante el pasado sexenio

¡Ochenta y ocho mil millones de pesos!

No, los laboratorios farmacéuticos, los mayoristas, los distribuidores de medicamentos involucrados en este esquema no pueden ser llamados “empresarios”, son en realidad vulgares criminales que buscaron el beneficio económico a costa de la salud de los mas vulnerables, y con ellos las autoridades de todos los niveles que, sin importar su encargo, se hicieron de jugosos capitales en detrimento de la salud de los mexicanos.

El ejemplo mas acabado, despiadado y mezquino de lo anterior era el Seguro Popular, sistema desarrollado específicamente para el despojo y privatización de la atención médica, con su muy limitado catálogo de enfermedades y medicamentos, extremadamente deficiente y escaso personal médico y las infames “cuotas de recuperación”.

Por supuesto que frenar esa podredumbre pisa muchos callos, lastima poderosos intereses, haciendo tambalear encumbrados “empresarios” y políticos. Es por ello que ahora vemos furiosas reacciones en la forma de supuestos “testimonios” de falta de médicos y medicamentos, alegatos de despidos injustificados y “sesudos” análisis realizados por la gran oferta de plumas a la venta que generaron los anteriores gobiernos. Todos jugando, como ya es costumbre en la “oposición”, al futurismo donde tratan de convencer de que el INSABI “no funcionará”, igual que predijeron el dólar a 30 pesos, la gasolina a 25 pesos el litro y tantas otras tonterías.

La realidad es que el sistema de salud anterior dejó a mas de 8 mil empleados sin base debido al amiguismo, miles de empleos precarios, mal pagados y sin prestaciones, desvíos de miles de millones de pesos, un puñado de fabricantes y distribuidores de medicamentos con el control de la proveduría de claves en el sector salud y una enorme cantidad de problemas adicionales que resolver.

Cortar de tajo esta sangría ha dejado a gobernadores, autoridades y “empresarios” sin una gigantesca fuente de ingresos mal habidos y por eso combaten dura, inclemente y despiadadamente el proyecto INSABI. Sí, había que amputarlo.

Pero el proyecto, implementación y sentido de este nuevo paradigma en salud pública no solo es correcto y adecuado, era también lógico e imperativo tomar las riendas, detener el desfalco, cortar los vicios de raíz y corregir el rumbo. Este es el primer paso hacia un Sistema Universal De Salud Pública, como debe tener cualquier país desarrollado.

Sí, la creación del Instituto Nacional de Salud y Bienestar era inevitable.