Las rifas colombianas han sido vinculadas con otro tipo de delitos que puede derivar en extorsión, violencia y hostigamiento.
Tras el asesinato de Alberto Prieto Valencia, comerciante del Mercado de Abastos de Guadalajara, autoridades de Jalisco informaron que se investigará si la víctima tenía algún vínculo con las llamadas “rifas colombianas”.
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La mañana del 29 de diciembre, alrededor de las 10:00 horas, Prieto Valencia, conocido como El Prieto, fue asesinado durante un intenso ataque armado registrado en el límite entre Guadalajara y Zapopan.
De acuerdo con información oficial, la agresión se prolongó aproximadamente 10 minutos, luego de que el grupo de escoltas del empresario intentara repeler el ataque.

En el lugar fallecieron el empresario, uno de sus escoltas, cuya identidad no ha sido revelada, y su hija de 16 años.
La menor viajaba junto a su padre a bordo de una camioneta Lamborghini Urus color naranja, cuando fueron interceptados por un comando armado sobre la avenida Topacio y la calle Brillante, en la colonia Residencial Victoria.
El secretario general del Gobierno de Jalisco, Salvador Zamora, declaró que los primeros indicios apuntan a una agresión directa contra Prieto Valencia.

Asimismo, reconoció que existen antecedentes periodísticos que señalan un posible vínculo del empresario con las rifas colombianas ilegales que han operado en el Mercado de Abastos.
“En algún momento se señaló un vínculo de esta persona con aquellas rifas colombianas ilegales que aparecieron en el Mercado de Abastos. Son notas periodísticas que existen y que habrá que tomarlas en cuenta en la investigación que se lleve a cabo”, explicó.
Atentado en Zapopan. ¿Qué son las rifas colombianas?
Aunque las autoridades no han precisado de qué manera podría haber estado relacionado El Prieto con este esquema, se sabe que las rifas colombianas han sido detectadas en el Mercado de Abastos de Guadalajara desde hace varios años.
Reportes periodísticos indican que las denuncias aumentaron a partir de 2021, tras la pandemia por Covid-19, aunque la actividad ya había sido identificada previamente en otras zonas del país, como el Centro Histórico y la Central de Abastos de la Ciudad de México.

Este esquema consiste en supuestos sorteos operados, en su mayoría, por personas de origen colombiano.
El modus operandi más común involucra a jóvenes o mujeres que venden boletos, generalmente con un costo superior a los 20 pesos, entre comerciantes de la zona.
Aunque los boletos prometen premios que van desde dinero en efectivo hasta automóviles, en la mayoría de los casos no se entrega ningún premio, por lo que se considera una estafa.

En algunas regiones, comerciantes han denunciado que son obligados a participar bajo amenazas.
Además, este tipo de rifas ha sido vinculado con otros delitos, como los préstamos informales conocidos como “gota a gota”, un sistema de créditos de corto plazo con cobros diarios y tasas de interés elevadas, originado en Medellín, Colombia, que puede derivar en extorsión, violencia y hostigamiento.
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