La corrupción, el mal neoliberal

LA CUERDA FLOJA
Espíritu de cuerpo (enfermo)

León Fernando Alvarado
@feralva61

Vivíamos en la gloria.

Los partidos políticos, anteponiendo el interés superior de la Patria a sus mezquindades, dejaban de lado sus diferencias ideológicas (si las tuvieran) para firmar alborozadamente el Pacto por México. Los organismos autónomos, integrados por personas de altísimo prestigio intelectual y probidad moral, mostraban equilibrio emocional a la hora de emitir sus juicios, como los integrantes del Instituto Nacional Electoral (INE), por ejemplo.

Todo mundo trabajando en lo suyo: las animadoras de televisión ridiculizando a los participantes en sus programas y a su público televidente; las cantantes llevando su depurado arte a los palenques de gallos; los artistas de cine promoviendo cintas de incuestionable calidad que reflexionaban a profundidad sobre los problemas nacionales; los científicos registrando patentes mundiales por sus inventos y descubrimientos, cotejando el resultado de sus estudios con sus pares del primer mundo, revisando las pruebas editoriales de sus libros.
¡Ni quién se imaginara que había corrupción en México!

La corrupción era propia del agente de Tránsito que pedía cien pesos para no imponer una multa de cuatrocientos por dar una vuelta prohibida, o los pobladores que “picaban” los ductos de Pemex para extraer algunos litros de gasolina que vendían a los auto transportistas a la vera del camino, o el burócrata al que había que untarle un billete para que nuestro asunto fuera el fólder de hasta arriba en el altero que debía firmar el director del respectivo departamento.

Fue cuando llegó la 4T para mostrarnos un país en llagas.

Encontró muchísimas cosas. Una desfigurada “verdad histórica” sobre el caso Ayotzinapa. Trescientos hospitales en obra negra y un sistema de salud sostenido con curitas de Johnson & Johnson. Monopolios en la venta de medicinas y en la distribución del gas. Fraudes con las facturas millonarias emitidas por empresas cuyos poderosos presidentes vivían en colonias sin drenaje ni pavimentación. Compras forzosas de tirajes de revistas a cambio de no soltar a sus mastines que no muerden sino escriben (o mejor: que no escriben, si no muerden). Periódicos dolidos por la cancelación de privilegios publicitarios.

Y científicos –de algún modo habrá que llamarlos en lo sucesivo- capaces de despedir de su Foro Consultivo a otros científicos en plena pandemia, alegando que no tienen dinero para pagarles su sueldo… ni la indemnización correspondiente, aunque ellos sigan cobrando lo mismo que devengaría un jeque saudita. Eruditos desnudados en la inmensidad de su pequeñez moral que los lleva hasta el insulto a una mujer.

Cerebros privilegiados por la Naturaleza que rechazan comer en fondas porque éstas no entregan facturas, por lo cual tienen que flagelarse con los alimentos de lujosos restaurantes: ¡chin!, ni modo. Eminencias desamparadas por la musa que reparte los argumentos, como aquél que exigió que el presidente de la república informara cuánto paga de renta por vivir en Palacio Nacional. Lástima de estudios.

Científicos que necesitaban los amplios y bien cuidados jardines de lo que fue el Partenón confiscado al “Negro” Durazo para deliberar sobre decisiones como la de no rescatar los cuerpos de los mineros en la mina de Pasta de Conchos o de promover los transgénicos.

Se trata de un grupo de científicos que cuenta entre sus facultades la de ocasionar al señor Rector de la UNAM a defenderlos, cuando la institución a su ilustre cargo debería hacerse a un lado para que las autoridades judiciales llevaran a cabo sus procesos, sin descalificarlos a priori. Si la UNAM cree que puede hacer justicia por su propia mano, ¿qué no creerá entonces el ciudadano común y corriente?

Y en lugar de que el Foro Consultivo tape bocas con una multitud de facturas bien documentadas que justifiquen el gasto de quinientos millones de pesos, lo que promueve es el esprit de corps para cerrar filas en torno a la defensa de una corrupción rampante a la que día con día se le agrega una nueva evidencia. No importa que las pruebas sean contundentes, el espíritu de cuerpo –del cuerpo enfermo que la 4T trata de curar- les dice “si nos destapan a uno, nos destapan a todos”. Y entonces hay que poner las barbas a remojar.

Ojalá fuera la justicia y no el antes llamado “círculo rojo” la que decidiera sobre el caso. Con acciones como esta, cualquiera que sea su resultado, ya no se borrará la impresión de que este país ya cambió.

León Fernando Alvarado. Docente, narrador y periodista. Tiene publicados una novela y un libro de cuentos, además de narraciones y columnas periodísticas en diversos diarios y revistas. Premio Nacional de Cuento León 1987 (Jurado: José Agustín, Armando Ramírez y Rafael Ramírez Heredia). Premio Estatal de Periodismo Guanajuato 2012, categoría Reportaje.

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