Zuckermann afirmó que el alza de precios y el desplazamiento de vecinos con menor poder adquisitivo son procesos naturales.
En su más reciente columna, el comunicador Leo Zuckermann aborda la transformación urbana de las colonias Condesa y Roma, donde reside, con un tono de celebración por los efectos de la gentrificación. Sin embargo, su texto ha generado críticas por su falta de sensibilidad hacia las comunidades desplazadas y por reproducir sesgos clasistas y racistas.
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Zuckermann sostiene que la gentrificación ha traído “desarrollo” a estas zonas, con más bares, restaurantes y una vibrante vida social, atribuyendo su transformación al dinamismo del sector privado.
A su juicio, el alza de precios y el desplazamiento de vecinos con menor poder adquisitivo son consecuencias naturales del mercado, incluso deseables, y no problemas que deban ser atendidos por el Estado.

Sin embargo, esta perspectiva omite un análisis más profundo y humano de lo que la gentrificación implica: la expulsión de familias, el encarecimiento de servicios, la pérdida del tejido comunitario y la homogenización cultural impuesta por los intereses inmobiliarios y el consumo de élites y extranjeros privilegiados.
Zuckermann defiende gentrificación en CDMX
Reducir el debate a la defensa irrestricta del libre mercado invisibiliza a quienes históricamente han habitado estos barrios. Cuando Zuckermann afirma que “la Condesa está mejor que nunca”, ignora a quienes fueron desplazados o no pueden costear una vida en su propio lugar de origen. Su diagnóstico simplifica la desigualdad urbana como si fuera un síntoma inevitable del progreso.
Más aún, su defensa de los “nómadas digitales” y su rechazo a quienes cuestionan su impacto raya en lo ofensivo:
“Condeno a los chauvinistas xenófobos que culpan a los extranjeros por la gentrificación”, escribió, comparando estas críticas con el racismo de Donald Trump.

Esta equiparación es deshonesta y equívoca. Las demandas ciudadanas que exigen justicia territorial y vivienda digna no se basan en el odio al extranjero, sino en la necesidad de frenar el despojo sistemático facilitado por políticas que priorizan al visitante por encima del habitante.
También es preocupante que el columnista descarte de manera tajante medidas como el control de rentas al calificarlas de “lo peor que puede pasar”, sin considerar modelos exitosos de intervención estatal en ciudades como Berlín, Viena o Barcelona.
Presentar la regulación como enemiga del desarrollo ignora alternativas viables que protegen tanto la inversión como el derecho a la ciudad.
Redes tunden a Zuckermann por defender la gentrificación
Cientos de internautas expresaron su indignación ante la columna de Zuckermann. Fuera de provocar debate y reflexión, más de uno se rio por el contexto desde donde escribe el columnista.

Además, señalaron que para autodenominarse intelectual le hace falta capacidad de pensamiento crítico, ya que no logra comprender las consecuencias de la gentrificación.

También le plantearon los escenarios a los que se han enfrentado ciudadanos capitalinos a raíz de la gentrificación.

Por otro lado, señalaron que si a Zuckermann no le molesta la gentrificación es porque su clase se ve beneficiada por el despojo de otros.

También arremetieron contra él y lo invitaron a abandonar el país.

Y le recordaron que sus privilegios nublan su entendimiento del tema.

Además, cuestionaron por qué celebra la gentrificación mientras se queja por el precio de la tortilla.

Y concluyeron que, con tal de aferrarse a la poca relevancia que aún conserva, es capaz de defender intereses cuestionables a toda costa.

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