Trump vs AMLO: El gran perdedor, el PAN

Por @laesel

El periodismo es el relato ejemplar del presente. Un registro paranoico por la ráfaga de los acontecimientos. El nuestro ya no se reduce al torrente de los hechos, sino que el relato del presente se ha redimensionado, ¿o sobredimensionado?, por el universo paralelo de los tweets, su velocidad o su exactitud. Un relato seducido o atrapado también por las declaraciones y la distorsión de los rumores, la propaganda, los vídeos y los memes. Por el rastreo de las impresiones y las frases escandalosas o certeras que producen los personajes clave del día.

El álgido diferendo con Trump marcó el pulso de esta semana. Los ánimos y la atmósfera lúgubre semejaban a la previa del encuentro boxístico de Andy destroyer Ruiz versus el (ahora ex) campeón británico de los pesos pesados. Incertidumbre, pesimismo, la mayoría de las apuestas en contra y el riesgo de un prematuro knock out: la posición inamovible de los nuevos aranceles y el ascendente de los porcentajes hasta estacionarse en el 25 por ciento. Tiempo nublado, diría Octavio Paz, para la 4T. Fue inevitable seguir el segundo a segundo de las declaraciones de Trump desde el Reino Unido y el escenario opaco de las negociaciones con la coronita de los cacahuates incluidos. Memes simpáticos de la delegación mexicana con un trasfondo de una cantina. La izquierda que no ríe no es izquierda.

Las incógnitas abiertas sobre el resultado de las negociaciones, en efecto, depreciaron un tanto el peso mexicano, sin sacarlo del piso de los 19, y fuimos testigos, una vez más, de la “pérdida de fe” de ciertas calificadoras estadounidenses sobre el crecimiento económico de México. Instancias, dicho sea de paso, según Akire Lincho, que no arriesgan dinero alguno. Circunstancia que no les impide, sin embargo, profetizar el manejo del mismo que efectúan otros. Son jugadores menores, las calificadoras, que siempre hablan en voz alta.

Llovía en la ciudad y los tweets de Trump alimentaban el tono gélido de la prospectiva. Insistían los de Trump en la debilidad de la posición mexicana: la frontera sur. Ésta no es porosa, más bien, la frontera sur es una puerta abierta de par en par. Al día de hoy no existe ninguna política inmediata de control eficaz. No hay medida parsimoniosa de contener ya no el flujo, sino el éxodo centroamericano. No soy partidario que la movilización de miles de efectivos de la Guardia Nacional sea la política idónea para con los ríos de gente que se adentran a pie, expulsados por las balas o el hambre. No es la estratégica, pero es la inmediata. Suenan apenas alicientes, tenues respuestas antes bien, pero al fin y al cabo respuestas, los montos anunciados de inversión (públicos, privados y extranjeros) colocados en el sur, además del tren maya, para contener de algún modo el complejo fenómeno migratorio.

Con el fin de la amenaza de las tarifas arancelarias porque (en función de la versión optimista) López Obrador arrojó en la mesa de las negociaciones la carta fuerte de México sobre Estados Unidos (“no les compraremos ni un elote”), se ha subrayado el aguante que hubo entre las cuerdas de la delegación diplomática y, en particular, la eficacia de Marcelo Ebrard. El canciller salió con un nuevo acuerdo de Washington pero Trump lo tuiteó primero. En la jerga de los apostadores, no fue un win win, pero tampoco fue un “perdimos todo”. O “todos perdimos”, una variante de la variante. La economía en primer lugar. Algunos precipitados lo vislumbran ya a Ebrard como el candidato para correr por la presidencia en 2024. Entre la maraña de las posibilidades, con el brillo de los ojos despiertos, lo vislumbran a Ebrard como el perfil de un lopezobradorismo sin López Obrador.

Escandalizada por ambas noticias, desde luego, la oposición se opuso al llamado de la unidad nacional y tentó incluso alinearse con Trump. Un puñado de blanquiazules que se pronunciaron en contra del interés nacional. Un chiste. Mejor aún, paródico. ¿No es el género de la parodia el género más visitado para entender el pulso de la 4T? La oposición degeneró en parodia, pero no la soporta. Sólo así se entenderían los furibundos ataques a Madame Didi.

Fernando Beltrán-Nieves

Ciudad de México (1981). Ensayista y sociólogo.