Julio César Jasso no pudo evitar conectar con algo de la empatía de su interior cuando dimensionó que entre las víctimas había un menor.
Un turista colombiano que fue tomado como rehén durante el ataque armado ocurrido en la zona arqueológica de Teotihuacán reveló que el llanto de un niño fue un factor clave para evitar una tragedia mayor. En entrevista con Diario Milenio, Sebastián Arango narró los momentos de tensión previos al tiroteo en el que murió una mujer canadiense.
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De acuerdo con el testimonio, los hechos ocurrieron momentos antes de que iniciara el ataque armado que conmocionó a visitantes nacionales y extranjeros en uno de los sitios turísticos más importantes del país.
Sebastián Arango relató que se encontraba de visita junto a seis integrantes de su familia, entre ellos su pareja, sus padres y otros familiares cercanos, cuando un hombre identificado como Julio César comenzó a comportarse de manera inusual.
El agresor, según la narración, gritaba, cantaba y pronunciaba frases que hacían referencia directa a la masacre ocurrida en la preparatoria de Columbine, en Estados Unidos. Incluso, explicó que el atacante parecía intentar recrear ese episodio, al mencionar a los responsables del tiroteo de 1999 y colocarse como protagonista de un acto similar.
“Yo estaba ahí con mi novia, mi hermana, su esposo, mi papá, mi mamá y una prima. Sentimos que volvimos a nacer”, relató Arango a Milenio, al describir la tensión que se vivió durante varios minutos.
El agresor portaba una mochila de la que extrajo distintos objetos, entre ellos un portarretrato, presuntamente alterado con inteligencia artificial, donde aparecía junto a los atacantes de Columbine, así como un dispositivo de audio con el que reprodujo música.
“Nos dijo: ‘Vais a ver qué es el mío de verdad’ y repetía que todos íbamos a morir”, recordó el testigo.
La escena escaló rápidamente cuando el sujeto sacó un cuchillo, mientras mantenía bajo amenaza a los presentes en el sitio arqueológico.
Llanto de niño salvó vidas durante tiroteo en Teotihuacán
En medio de la tensión, el llanto de un niño colombiano que también se encontraba en el lugar se convirtió en un elemento determinante para cambiar el curso de los hechos.
De acuerdo con el testimonio recogido por Milenio, el menor comenzó a llorar y a suplicar por su vida, repitiendo que no quería morir. Esta reacción impactó emocionalmente al agresor, quien mostraba signos de estrés mientras continuaba con su conducta errática.
“El niño fue fundamental, porque lloraba y decía: ‘No, yo no me quiero morir, nos van a matar’”, relató Sebastián.
Según su interpretación, ese momento generó una ruptura en la intención del atacante, quien parecía debatirse entre continuar con el acto violento o detenerse. Incluso, el agresor cuestionó quiénes eran los padres del menor, molesto por no poder controlar la situación.
Para el sobreviviente, el llanto del niño influyó directamente en la mente del agresor, al confrontarlo con la gravedad de lo que estaba a punto de hacer.
“Sabía que estaba haciendo algo muy grave, un daño muy grande, entonces eso le jugó en contra”, explicó.
Este instante también permitió que elementos de seguridad, entre ellos la Guardia Nacional, se aproximaran al lugar y facilitaran la liberación de los rehenes.
Aunque durante el ataque el agresor llegó a disparar contra el menor, también permitió que algunas personas se retiraran, lo que contribuyó a evitar un saldo aún más trágico.
Sebastián y su familia lograron sobrevivir, aunque perdieron pertenencias personales como documentos, dinero y tarjetas bancarias. A pesar de ello, consideraron que salvar la vida fue un hecho casi milagroso.
“Gracias a Dios estamos vivos, pero da tristeza que pasen este tipo de cosas”, concluyó.
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