Una hora de vuelo de Gianni Infantino genera emisiones equivalentes a las que produce una persona promedio durante todo un año.
Los constantes vuelos privados del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, durante el Mundial 2026 han reavivado las críticas sobre el impacto ambiental del torneo.
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En apenas siete días, el dirigente italosuizo ha aparecido en al menos diez partidos disputados en ciudades de México, Estados Unidos y Canadá.

Frecuentemente acompañado por su asesor futbolístico, Youri Djorkaeff, el dirigente ha recurrido nuevamente a vuelos privados operados por Qatar Airways para desplazarse entre las sedes del torneo.
El impacto ambiental de los vuelos privados de Infantino
En 2024, el medio de investigación Josimar reveló que Infantino había recorrido cerca de 600 mil kilómetros en vuelos privados durante los tres años previos. Sin embargo, las dimensiones inéditas del Mundial 2026 han amplificado el debate.
Por primera vez en la historia, la Copa del Mundo reúne a 48 selecciones y se disputa en tres países distintos.

El número de partidos pasó de 64 a 104, mientras que las sedes se distribuyen en 16 estadios separados por enormes distancias geográficas. Para los especialistas, este modelo ha incrementado significativamente la dependencia del transporte aéreo.
La empresa francesa Greenly, especializada en medición de huella de carbono, estima que una sola hora de vuelo en el avión utilizado por Infantino genera emisiones equivalentes a las que produce una persona promedio durante todo un año.

De mantenerse el ritmo actual de desplazamientos hasta las fases finales, el presidente de la FIFA podría generar entre 300 y 500 toneladas de dióxido de carbono únicamente por el uso de su aeronave durante el torneo.
Esa cifra equivale a la huella anual de entre 35 y 55 ciudadanos franceses, según los cálculos de la firma.
Expertos critican huella de carbono de Infantino
Para la FIFA, los viajes de sus directivos se realizan en vuelos comerciales o privados dependiendo de cuál sea la opción “más eficaz y económica”, y los costos son cubiertos por la propia organización.
Sin embargo, académicos y organizaciones ambientales consideran que el problema va mucho más allá de las decisiones individuales.

El geógrafo David Gogishvili sostiene que el caso de Infantino refleja un problema estructural dentro del futbol internacional.
Según explica, organizar un torneo en estadios dispersos a lo largo de un continente crea un modelo inevitablemente dependiente de la aviación, uno de los sectores con mayores emisiones de gases de efecto invernadero.
Por otro lado, John Hocevar señaló que el uso cotidiano de vuelos privados por parte de los dirigentes de la FIFA envía una señal contradictoria en un contexto donde las olas de calor extremo ya afectan tanto a jugadores como a aficionados.
Cabe destacar que el Mundial femenino de 2027 en Brasil volverá a depender de largos desplazamientos aéreos, mientras que el Mundial masculino de 2030 será organizado entre Marruecos, Portugal y España, con partidos inaugurales en Sudamérica y la posibilidad de ampliar el torneo a 64 selecciones.

Según la revista Nature, el Mundial de 2022 en Catar recibió mil 846 jets privados, más que eventos como el Super Bowl, el Festival de Cannes, el Foro Económico Mundial de Davos y la COP28 combinados.
Para el académico estadounidense Tim Walters, las emisiones generadas por una Copa del Mundo son, por definición, “emisiones de lujo”.
En ese contexto, advierte, la actividad ostentosa de las élites económicas y deportivas resulta especialmente difícil de justificar en medio de una crisis climática cada vez más evidente.
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