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Jun 2026
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Hija de Mamá Rosa denuncia hambre y castigos en el albergue La Gran Familia

Los cómplices de Mamá Rosa fueron condenados a 15 años de prisión pero ella logró evadir la justicia y morir en libertad en 2018.

Esta nota se basa en la investigación de Laura Sánchez Ley para Milenio, quien, a partir de testimonios de sobrevivientes y del expediente del Ministerio Público, al que tuvo acceso, reconstruyó los horrores ocurridos dentro del albergue La Gran Familia, fundado por Rosa del Carmen Verduzco Verduzco, conocida como Mamá Rosa, en Zamora, Michoacán.

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El caso, reabierto judicialmente una década después, sigue revelando nuevas voces que narran la violencia, el hambre, los castigos y la explotación sufridos por cientos de niñas, niños y adolescentes bajo la fachada de una obra filantrópica.

De su vida antes del albergue se sabe poco. La víctima, identificada solo como G. para proteger su identidad, ingresó junto con otras ocho niñas el 11 de marzo de 1987. Desde ese momento fue registrada con los apellidos Verduzco Verduzco, como todos los menores internados. Era, como describe la investigación, “un bautizo burocrático” que borraba su identidad.

Las dos caras de Mamá Rosa: de filántropa a abusadora

En La Gran Familia, G. durmió entre ochenta chicas más, en un cuarto saturado de mugre e insalubre. Pronto aprendió que en esa casa hogar, o se aprendía a cantar o se salía a mendigar para sostener el albergue.

Las jornadas musicales iniciaban a las siete de la mañana y terminaban casi al anochecer. Si alguien desafinaba, el castigo era inmediato: golpes, encierros o humillaciones públicas.

Los niños recibían pagos simbólicos: 25 pesos en “vales de La Gran Familia”, que solo podían canjear dentro del mismo albergue por jabón o champú. Quien se atrevía a pedir libertad era castigado.

Con el tiempo, G. quedó embarazada dentro del albergue. Mamá Rosa le arrebató a sus dos hijas, J. y C., las registró como suyas y le prohibió ejercer la maternidad.

“Ante la ley, ya no eran suyas”, documenta el expediente.

Aquello marcó el inicio de la cadena de abusos que también sufrirían las pequeñas. Cada diciembre, los niños eran obligados a participar en “El kilometraje”: jornadas de mendicidad supervisadas por personal del albergue.

Si reunían más de 20 pesos, recibían revistas o discos grabados por los propios internos. Al regresar, los niños eran desnudados en el baño de Mamá Rosa y revisados por La Gorda para verificar que no ocultaran dinero.

El Pinocho y las torturas de Mamá Rosa

Durante el cateo del 15 de julio de 2014, derivado de la denuncia presentada por G., la fiscal Sherida Murillo halló las instalaciones en condiciones infrahumanas: habitaciones infestadas de insectos, drenajes colapsados y comida podrida. Entre los cuartos descubrieron uno especialmente aterrador: El Pinocho, un espacio diminuto con paredes cubiertas de láminas, sin ventilación y con un mural infantil que contrastaba con su función: era el cuarto de castigos.

Ahí fueron encontrados dos menores con heridas. Según testigos, Mamá Rosa los encerraba por comer sin permiso, no cantar bien o perder objetos escolares. Algunos niños pasaban hasta un mes sin comer dentro del Pinocho. Otros, por compasión, arriesgaban su seguridad para pasarles trozos de pan o agua escondida.

Las declaraciones judiciales revelaron también abusos sexuales y trabajo forzado. Los niños eran enviados a pedir limosna en semáforos de Zamora y otras ciudades, vigilados por empleados del albergue.

“Me amenazaba con matarme si no obedecía”, declaró uno de ellos. El sistema de terror operaba con la complicidad de adultos responsables del cuidado infantil.

 

El fin del albergue “La Gran Familia”

El caso se derrumbó gracias al testimonio de G., quien denunció la retención ilegal de sus hijas y la violencia que sufrían. Su declaración del 23 de junio de 2014 permitió que el Ministerio Público Federal obtuviera una orden de cateo. Al ingresar, hallaron 438 personas retenidas, entre ellas recién nacidos y mujeres embarazadas.

Una década después, el 1 de octubre de 2025, un tribunal dictó sentencia de 15 años y siete meses de prisión contra seis de los cómplices: Felipe Serrano Gómez (El Kiro), María de Lourdes Verduzco (La Gorda), Vicente Carlos Félix Durán (El Dinos), José Enrique Hernández (El Zito), Miguel Ángel Ibarra Valencia y David Rogelio Álvarez Murillo (El Rollo). Fueron declarados culpables del delito de trata de personas en la modalidad de explotación por mendicidad ajena.

Sin embargo, Mamá Rosa nunca fue procesada. Murió en julio de 2018, en libertad. En una llamada posterior a una de las sobrevivientes, habría dicho: “Todo lo que se hace se paga”.

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