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Jun 2026
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Exhiben a Salinas Pliego por reetiquetar impuestos en nómina de sus trabajadores

Salinas Pliego utilizó los recibos de nómina para enviar un mensaje ideológico contra el Estado del que siempre ha sido beneficiario.

Capturas de recibos difundidos en redes volvió a colocar a Ricardo Salinas Pliego y a Grupo Salinas en el centro de la polémica. En las imágenes, se desglosa lo que “cuesta” un trabajador para la empresa y cuánto “le quita el gobierno”, bajo un esquema gráfico que presenta impuestos y cuotas de seguridad social como si fueran una exacción directa al salario del empleado.

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La publicación fue celebrada por el propio empresario como un ejercicio de “transparencia”, pero pareciera más una reetiquetación engañosa que busca victimizar al patrón, trasladar el enojo fiscal a los trabajadores y omitir un dato clave: Salinas Pliego mantiene una deuda multimillonaria con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), ha perdido litigios fiscales y aun así se niega a pagar.

Salinas Pliego en graves problemas

Salinas Pliego presume etiquetas de impuestos en nómina

En el material difundido, se observa un ingreso total mensual de poco más de 40 mil pesos, acompañado de un gráfico que indica que el trabajador “solo” recibe 56 por ciento, mientras que el resto se va en impuestos y aportaciones.

Salinas Pliego exige pago de deuda a Salinas Pliego

El empresario y cuentas afines insisten en que así se demuestra “con manzanitas” cómo el Estado se queda con una parte sustancial del ingreso laboral. Sin embargo, el señalamiento omite deliberadamente que una parte de esos montos corresponde a contribuciones patronales obligatorias, IMSS, Infonavit y ahorro para el retiro, que no salen del salario del trabajador, sino del costo laboral que la empresa debe asumir por ley.

La narrativa tampoco distingue entre impuestos progresivos y regresivos, ni reconoce que esos recursos financian derechos laborales básicos. Resulta paradójico que quien ha construido su fortuna bajo concesiones estatales, contratos públicos y beneficios regulatorios, hoy se presente como un empresario asfixiado por el fisco, cuando enfrenta adeudos fiscales que superan decenas de miles de millones de pesos.

Dicha “transparencia” que presume contrasta con su negativa sistemática a cumplir sentencias firmes y con una estrategia mediática orientada a deslegitimar cualquier política redistributiva.

“Lo que te quita el gobierno”

Desde una perspectiva marxista, la discusión planteada por Salinas Pliego parte de una premisa falsa: que los impuestos son un robo al empresario o al trabajador individual. En realidad, toda la riqueza social proviene de la plusvalía generada por la clase obrera.

Los impuestos que paga la burguesía no salen de un “ingreso propio”, sino del valor creado por el trabajo asalariado. La queja empresarial existe porque una parte de esa plusvalía no termina en el bolsillo del capitalista individual, sino que se canaliza al Estado.

El caso del IVA es ilustrativo. Se trata de un impuesto regresivo que recae principalmente sobre las familias trabajadoras, que destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo.

Salinas Pliego no habría pagado al SAT

Mientras la clase obrera aporta la mayor proporción de la recaudación, los grandes empresarios cuentan con capacidad de ahorro, planeación fiscal y, en muchos casos, litigios prolongados para reducir o evitar sus obligaciones.

Por eso, cuando un magnate habla de “lo que quita el gobierno”, guarda silencio sobre quién sostiene realmente al Estado y sobre los subsidios, rescates y obras públicas que históricamente han beneficiado al capital.

La ofensiva discursiva de Salinas Pliego no busca defender al trabajador, sino preservar mayores márgenes de ganancia y erosionar la legitimidad de los impuestos, mientras él mismo incumple con el fisco.

Salinas Pliego quire usar la clase obrera para golpear al gobierno

Lejos de ser un acto pedagógico, la reetiquetación de la nómina es una operación ideológica: convertir al patrón en víctima, al Estado en villano abstracto y ocultar que, en el capitalismo, quien paga la cuenta, con sangre y sudor, es siempre la clase trabajadora.

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