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Marcha de la Generación Z fracasa: “no reunieron ni mil personas” |FOTOS

Los participantes de la Marcha de la Generación Z tendrán por delante la organización más allá de la efervescencia de las redes.

Este sábado, jóvenes autodenominados de la Generación Z salieron a las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México para participar en lo que pretendía ser una gran manifestación nacional contra la violencia y la inseguridad.

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Convocada a través de redes como TikTok, Discord y X, la Marcha de la Generación Z buscaba visibilizar el hartazgo de los jóvenes ante lo que consideran un país “inseguro, injusto y corrupto”.

Así se llevó a cabo la primera marcha de la Generación Z

Los organizadores llamaron a la ciudadanía a “alzar la voz por un país seguro y digno”, desmarcándose de una segunda marcha programada para el 15 de noviembre, la cual, afirmaron, estaría “cooptada” por actores políticos y exlegisladores del PRI. Desde la víspera, los impulsores insistieron en que su movilización sería “ciudadana, apartidista y pacífica”, pero los resultados no cumplieron las expectativas.

A pesar del entusiasmo digital, la convocatoria que prometía reunir a miles de jóvenes terminó mostrando el contraste entre la efervescencia en redes y la realidad en las calles.

El contingente partió alrededor del mediodía del Ángel de la Independencia hacia el Palacio Nacional, en medio de consignas contra el gobierno federal y, en particular, contra la presidenta Claudia Sheinbaum.

“¡Morena decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería!”, gritaron algunos asistentes mientras ondeaban banderas inspiradas en el anime One Piece, cuyo símbolo del sombrero de paja fue adoptado como emblema de “resistencia juvenil”.

Entre las pancartas se leían mensajes de apoyo a Palestina, reclamos por justicia para víctimas de violencia y exigencias laborales como la reducción de la jornada a 40 horas. La manifestación también recordó el reciente asesinato del exalcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, como ejemplo de la crisis de seguridad que afecta a todo el país.

Sin embargo, la marcha estuvo marcada por la confusión y la división interna. Iván Rejón, administrador del servidor Generación Z México, denunció que “otro grupo intenta instrumentalizar a los jóvenes para fines partidistas”. El periodista independiente Ayax señaló incluso la participación del exdiputado priista José Alfredo Femat Flores en la convocatoria paralela del 15N.

Las autoridades capitalinas desplegaron 200 elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC-CDMX) para resguardar el recorrido y prevenir incidentes. A mitad del trayecto, un pequeño grupo realizó pintas en mobiliario urbano, sin mayores consecuencias.

Marcha de la Gen Z reúne a menos de mil personas

Aunque en redes los organizadores esperaban una movilización multitudinaria, la realidad fue distinta: apenas unas centenas de asistentes acudieron al llamado. La Secretaría de Seguridad Ciudadana reportó oficialmente la presencia de 300 personas, mientras que cálculos ciudadanos y medios estimaron entre 600 y 900 participantes, muy por debajo de las expectativas.

El contingente fue redirigido por la policía hacia el Hemiciclo a Juárez, ya que el acceso al Zócalo y al Palacio Nacional permaneció bloqueado. La movilización concluyó alrededor de las cinco de la tarde sin incidentes mayores, aunque con claros signos de desorganización.

El bajo número de asistentes exhibió las limitaciones del activismo digital cuando no se traduce en presencia real. La Marcha de la Generación Z se convirtió en un ejemplo del entusiasmo virtual que no logra consolidarse en acción política. Aunque los jóvenes expresaron su hartazgo ante la inseguridad y la falta de oportunidades, su movilización careció de estructura, liderazgo y convocatoria.

Pese a su tono cultural y simbólico, con memes, cosplay y estética de redes, la marcha terminó desdibujada entre divisiones internas y acusaciones de infiltración partidista. Su fracaso en las calles evidencia que la llamada Generación Z enfrenta un desafío mayor: transformar la indignación en organización real y el discurso digital en fuerza social.

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