Jesús Zambrano reapareció tras sepultar al PRD solo para acusar a la 4T de imponer tendencias autoritarias en el gobierno.
Jesús Zambrano Grijalva, ex dirigente del ya extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), volvió a escena pública esta semana con la presentación de su libro La voluntad invicta. De la guerrilla al compromiso democrático.
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Durante el acto, Zambrano lanzó duras críticas al actual gobierno encabezado por Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quienes acusó de conducir a México hacia una “democradura”, un concepto con el que intenta describir un régimen disfrazado de democrático pero con tendencias autoritarias.
Sin embargo, la reaparición del ex dirigente también revela una fuerte contradicción: mientras acusa a la 4T de socavar la democracia, omite su responsabilidad directa en el declive del partido que alguna vez fue estandarte de la izquierda democrática en México.

Su paso por el PRD coincidió con el debilitamiento del partido, su pérdida de relevancia nacional y su eventual desaparición como fuerza política registrada.
Durante la presentación de su obra, acompañado por el exconsejero electoral José Woldenberg y el escritor Rafael Pérez Gay, Zambrano sostuvo que el país vive una “emergencia nacional” debido a lo que calificó como una deriva autoritaria por parte del gobierno morenista. Según él, desde 2018 se inició un proceso de “aniquilamiento institucional” y polarización social, comparando la actual etapa política con una “revolución violenta” en lugar de una alternancia democrática.

Jesús Zambrano acusa a Morena de inaugurar la “democradura”
Lo que Zambrano no reconoce es que esa misma alternancia que ahora defiende fue el resultado de una profunda desconfianza ciudadana hacia los partidos que dominaron las últimas décadas, entre ellos el PRD que él encabezó en su última etapa de descomposición. Lejos de consolidar la democracia, su gestión coincidió con acuerdos cupulares, falta de renovación ideológica y la pérdida de contacto con las bases sociales.
Además, resulta paradójico que quien hoy clama por pluralidad y respeto a la diversidad política, haya participado en una estructura partidaria que, durante años, bloqueó liderazgos emergentes y normalizó prácticas clientelares que terminaron por erosionar la confianza pública.

Su llamado actual a formar un “frente amplio” entre partidos, sociedad civil y medios, más que una propuesta innovadora, parece un intento desesperado por mantener relevancia en un escenario donde su figura ha perdido legitimidad.
Además, Zambrano acusa a Sheinbaum de reproducir las políticas del expresidente Andrés Manuel López Obrador sin mostrar signos de apertura democrática, especialmente en temas como la reforma al Poder Judicial. Pero omite señalar que muchas de las reglas del juego político actual fueron creadas y avaladas por las fuerzas a las que él pertenecía, y que la ciudadanía, mediante el voto, fue quien eligió el rumbo que hoy critica.

Mientras denuncia “pulsiones autoritarias” y se apropia del concepto de “democradura” acuñado por Pierre Rosanvallon, Jesús Zambrano parece olvidar que la democracia también exige autocrítica. Su libro podrá ser un testimonio de sus memorias, pero difícilmente representa una hoja de ruta confiable para el futuro de la vida democrática del país.
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