Una prensa sin ética

Raymundo Riva Palacio es conocido por buena parte de los mexicanos. El juicio de la sociedad hacia su persona, no le favorece. Se le considera uno de los veteranos representantes de la vieja prensa corrupta, que adquirió dinero y renombre durante el periodo neoliberal, vendiendo su quehacer periodístico al mejor postor. Se encuentra considerado en la lista de los comunicadores mejor pagados por los gobiernos prianistas.

Hoy, cuando el dinero público no llega a sus bolsillos, dado que el gobierno del presidente López Obrador limita al máximo las erogaciones por publicidad, Riva Palacio se queja amargamente, del mismo modo en que lo hacen los Brozo, Loret de Mola, Ciro Gómez, López Dóriga y demás periodistas de la escuela “chayotera”, de ataques del gobierno a la libertad de expresión.

Señala permanentemente que este gobierno agrede a los periodistas en las conferencias matutinas y que se llega al grado de utilizar a las instituciones del Estado, para vigilar y presionar a quienes mantienen una postura opuesta a los intereses de la Cuarta Transformación.
Al igual que los demás periodistas señalados, Riva Palacio escribe diariamente sus columnas en distintos medios de comunicación, sin que se tenga noticia de que haya sufrido agresión de algún tipo.

Goza de libertad plena para expresar su punto de vista. Miente a diario, en su afán de restar apoyo social al presidente y a su gobierno. Insulta y calumnia a funcionarios y políticos afines a la Cuarta Transformación. Y en ningún momento se ha visto amenazada su integridad física, o la de sus seres cercanos.
En una de sus más recientes notas, Raymundo Riva Palacio acusa al presidente de utilizar las instituciones públicas, incluido el ejército, para vigilar y presionar a la prensa que no comulga con la causa de la transformación del país.

No aporta prueba alguna para respaldar sus palabras. Pero este tipo de periodismo que enloda sin proporcionar elementos o argumentos comprobatorios, es práctica común en Riva Palacio. El chisme de corredor, la filtración, el trascendido, el comentario anónimo de “alguien cercano”, son herramientas utilizadas cotidianamente por este periodista.

En el pasado neoliberal, Riva Palacio tuvo mucho contacto con gente del desaparecido CISEN. Las filtraciones que le llegaban por esta vía, eran material común en sus notas diarias. Jamás habló mal del CISEN, no obstante que en esa oscura dependencia, sí se hacía trabajo sucio para investigar, ubicar y agredir a todo personaje considerado hostil al proyecto neoliberal.
En tiempos de represión y violencia ejercida por el Estado, la voz de Riva Palacio guardó silencio cómplice.

Lo que hoy llama “espionaje en contra de periodistas”, no pasa de chisme de lavadero. El ejército y otras dependencias del gobierno, practican trabajo de inteligencia, del mismo modo en que lo hace cualquier otro gobierno en el mundo. Es parte de la función que tienen asignada Marina, Ejército y Guardia Nacional, así como la Secretaría de Gobernación, policías y fiscalías de todos los niveles. Se trata de acciones de seguridad nacional, dirigidas en contra de la delincuencia de todo tipo.

Agresión de Estado en contra de periodistas, no se da en la presente administración federal. Sin embargo, las agresiones de analistas como Aguilar Camín, que ha llamado pendejo al presidente, son cotidianas, al igual que las de Brozo que ha llegado al nivel de la mentada de madre, en contra del titular del ejecutivo.
El periodismo mexicano vive una etapa de total libertad, al igual que lo hace la sociedad del país en redes sociales y otros espacios de comunicación comunitaria. Hemos visto etiquetas violentas y sumamente agresivas en redes sociales, en contra del presidente y otros representantes del gobierno de la Cuarta Transformación, sin que haya respuesta represiva por parte de la administración federal.

Raymundo Riva Palacio, al igual que Loret, Brozo y demás integrantes del bloque periodístico conservador, extrañan el tiempo en que eran ellos los amos de la noticia diaria y recibían por ello, jugosos recursos económicos.

Hoy no hay mejor comunicador en el país que el presidente López Obrador. La conferencia mañanera es el espacio noticioso más importante del país. Ahí se fijan las agendas policía y social cada mañana. Ningún periodista profesional tiene esa fuerza y una tribuna tan visitada por los ciudadanos.

Restar respaldo social al presidente es la meta de los “chayoteros” del pasado. El lodo que lanzan a diario en sus columnas y demás espacios noticiosos, tiene esa finalidad. No son perseguidos, ni vigilados por sus acciones. Caminan por la calle sin preocupación alguna, puesto que muy a su pesar, reconocen que los tiempos que se viven, son más seguros a aquellos otros que ayudaron a destruir, en complicidad con los gobiernos de corte neoliberal.

La falta de ética es marca imborrable en la prensa conservadora. Fueron copartícipes en el desastre nacional provocado por el neoliberalismo. Trabajaron y trabajan para la vieja casta de traficantes de influencias. Mienten como respiran y pretenden venderle a la sociedad una idea deformada de la realidad del país.
Afortunadamente, el pueblo de México cuenta con la ventana diaria de la conferencia mañanera y con el trabajo que realizan medios de comunicación alternos, que desenmascaran a los impostores de la desacreditada y vieja prensa nacional.

Gente como Raymundo Riva Palacio y compañía.

Malthus Gamba

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