Un rincón olvidado de la capital

Por. Diego Iván López Miguel
Twitter: @DiegoI_Lopez

Mucho se habla, se debate y se cuestiona sobre lo que aconteció el pasado 3 de mayo -Día en donde se celebra la Santa Cruz- en la estación Olivos de la Línea 12 del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro de la Ciudad de México. La tristeza, la impotencia y el dolor es generalizada por la muerte de 25 personas -hasta el momento de escribir este texto- las decenas de heridos y hospitalizados.

Eran cerca de las 22:30 hrs cuando colapsó la estructura del viaducto elevado que atraviesa un gran tramo de la Av. Tláhuac. Iba pasando un convoy con dirección a la estación Tláhuac, cuando “una trabe se venció”, de acuerdo con las primeras declaraciones de la jefa de Gobierno de capital, Claudia Sheinbaum Pardo. El tren que iba pasando hacia una de las zonas con mayor precariedad de la ciudad quedó en forma de “V”; de inmediato empezaron a circular videos en diferentes páginas y grupos de facebook: Tláhuac denunciometro, radical Tláhuac, viva Zapotitlán, entre otros.

Las personas de colonias de las demarcaciones Tláhuac e Iztapalapa comenzaron a llegar al lugar para auxiliar a los heridos por el trágico incidente. Dos alcaldías con un común denominador: azotadas por la violencia y la pobreza. La solidaridad de la personas que acudieron al sitio con alimentos, bebidas y que ayudaron en primera instancia a las autoridades que empezaban a llegar junto con los medios de comunicación. Por un momento la atención se centró nuevamente en esta región de la Ciudad de México; no se tenían los reflectores desde el 2017 cuando fue abatido Felipe de Jesús Pérez Luna “El Ojos”, líder y fundador del Cártel de Tláhuac.

Tuve la oportunidad de hacer un breve recorrido por el lugar, toda la atención y la cobertura que había 24 horas antes se había esfumado; estaban algunos colegas y también pocos elementos policiacos. Las personas que viven en el sitio estaban incrédulas y también afectadas por lo que pasó. Ahora la pregunta es: ¿Cómo nos vamos a movilizar?. Sin la línea 12 del Metro seremos miles los afectados en cuestión de movilidad, dinero y tiempo.

Durante mi recorrido pude percatarme de la indignación y la angustia de los habitantes de Tláhuac. Una zona de la CDMX con personas que viven al día: obreros, estudiantes, amas de casa, oficinistas, profesionistas, empleados en diferentes áreas que salen desde temprano para volver en ocasiones hasta altas horas de la noche. Una alcaldía que sufre de una histórica desigualdad, y que por su extensión tiene un gran contraste entre la zona urbanizada al norte y con tintes rurales al sur.

Tláhuac es un rincón olvidado de la capital; lejos de la exclusividad en las Lomas de Chapultepec, de los centros comerciales en Polanco y Reforma, de las grandes vialidades como Periférico, Insurgentes o Viaducto, de las zonas culturales que existen en el Centro Histórico. Tláhuac está lejos de muchas cosas, pero como diría la icónica Cristina Pacheco, “Aquí nos tocó vivir”.

El trágico suceso es un llamado a nuestras autoridades y también a nosotros como sociedad para voltear a ver a esos lugares como Tláhuac; alejadas, en una esquina de la metrópoli pero con jóvenes como Brandon Giovanny y Nancy Lezama que por desgracia ya no regresaron a sus hogares.

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