Seamos claros; los demócratas en EU, es algo así como el PRD en México

Algo que siempre debemos de tomar en cuenta es que, en la relación de México con los Estados Unidos de Norteamérica es que ésta depende tanto de quien ocupe la Casa Blanca cuanto quien sea el inquilino de Palacio Nacional pues hay que considerar la relación de fuerza y legitimidad de ambos.

En el caso actual tenemos a Trump severamente cuestionado en el tema de racismo y rezagado en las encuestas en la carrera por su reelección, lo que lo coloca en una posición algo débil y con baja fortaleza en su mandato, mientras el presidente López Obrador goza de una muy amplia aprobación de su gobierno con resultados contundentes, otorgándole así una posición de fuerza y legitimidad frente a su contraparte norteamericana.

Lo anterior se traduce en una relación más tersa y deferente entre los dos gobiernos y un mejor entendimiento entre los dos mandatarios, de ahí los apoyos que el gobierno de los Estados Unidos ha brindado a México en temas como la demanda de la OPEP+ para disminuir nuestra producción petrolera y con la urgencia de nuestro país para la importación de ventiladores, además de que se pudo negociar un mejor T-MEC.

Pero sería un error limitar un análisis de la relación México-Estados Unidos basados solamente en los factores antes descritos pues hay fuerzas supranacionales que presionan enormemente la sucesión presidencial en aquel país.

Aún cuando históricamente el partido demócrata ha siempre sido mas sensible a las causas progresistas sin llegar nunca a ser “de izquierda”, ahora le sucedió lo mismo que al PRD en México, al ser tomado por asalto por un grupo totalmente ajeno a las causas y convicciones que originalmente defendían.

El PD ha sido sometido por un grupo comandado por los Clinton que representa a la élite banquero financierista dominante a nivel global desde el final de la segunda guerra mundial y que defiende, entre otras cosas, la acumulación exagerada de riqueza en unas pocas manos por medio del sistema financiero que provocó, por ejemplo, la crisis económica de 2008 y 2009 en Norteamérica.

La política bélica es otra característica del tipo de gobierno que este grupo impulsa, tan sólo Obama, quien prometió en campaña acabar con las guerras iniciadas por George W. Bush, pasó prácticamente toda su presidencia en una u otra guerra, muchas de ellas basadas en mentiras, inferencias o percepciones pues la industria armamentista es sumamente poderosa económica y políticamente dentro del grupo de los Clinton, pero esto tiene un indeseado sub producto para nuestro país pues el superávit armamentista acababa ingresando ilegalmente a México y en manos de los delincuentes con la complacencia y quizá hasta complicidad de nuestras autoridades neoliberales.

Pero la consecuencia de cualquier país al someterse a la élite banquero financierista es que, al privilegiar la especulación en el mercado de valores se provoca una desindustrialización acelerada que podemos observar en la salida de la planta productiva de las grandes empresas tanto allá como acá.

A pesar de la animadversión que provoca Donald Trump por su exagerada beligerancia y exabruptos en sus discursos, su actual posición dentro de la política norteamericana y, sobre todo que representa a la élite industrial nacionalista, proporciona buenos resultados para México, independientemente de lo que su gobierno represente para los habitantes de aquel país.

Debemos estar conscientes de que ningún país del planeta puede sustraerse de la influencia de alguna de estas dos élites dominantes, pero la banquero financierista dio vida al neoliberalismo que tiene sumido al mundo en el caos económico que hoy vivimos, y que la élite industrial nacionalista propone una manera diferente de organización político-económica.

Muchos piensan que las declaraciones discriminatorias y hasta racistas de Trump y el lenguaje suave y conciliatorio de Biden determinan las conveniencias para nuestros connacionales que viven en Norteamérica, sin embargo, el segundo fue vicepresidente de Obama, que ostenta el récord histórico en deportaciones.

Biden también apoyó activamente la construcción del muro fronterizo mientras que Hillary cabildeó y logró las leyes que hicieron posible la construcción de jaulas para migrantes y la separación de familias. También critican que estos abusos hayan continuado con Trump, sin tomar en cuenta que éste debe obedecer las leyes al respecto y que en realidad no es una prioridad para ellos cambiarlas.

El gobierno mexicano definitivamente no tiene y no debe inmiscuirse en asuntos internos de otros países, lo que significa que sólo puede cabildear e intentar convencer a quien gobierne en el vecino país de modificar su actitud y leyes en lo referente a los migrantes, pedir más que eso es simplemente absurdo.

Las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica significan no sólo la sucesión presidencial en aquel país, sino quizá la batalla final entre las élites actualmente dominantes en el mundo, por ello hay que considerarlo en el análisis de los factores geopolíticos y geoeconómicos y evitar el reduccionismo.