Salto cuántico en infraestructura de salud con la 4T

Está muy claro que en México tenemos un sistema de salud que por décadas, al menos unos 40 si no es que 50 años, ha tenido menos personal del que se requiere. Estos datos se han dado a conocer en varias ocasiones y no es algo que se haya detectado ahora, es algo que las autoridades de salud pública nacional e internacional, han identificado desde hace muchísimos años, sin que se hubiera hecho algo al respecto hasta antes del comienzo del gobierno actual.

Tenemos un sistema que no tiene la infraestructura necesaria, ni hospitales suficientes, ni las clínicas que se requieren, ni camas para atender a las personas enfermas, es un sistema que tiene equipamiento obsoleto, un problema que se ha arrastrado por décadas.

En 2019 el Presidente visitó 80 unidades del IMSS Bienestar, así como unidades rurales y pudo constatar que el equipamiento que existía, por ejemplo de rayos X, equipos quirúrgicos, o del material de autoclave, fueron adquiridos en los años 80 o 90 en el mejor de los casos. Era obvio que quedaron rebasados y no se había hecho una renovación oportuna de ellos.

La pandemia nos obligó a hacer nuestro mejor esfuerzo como país, para enfrentar la paranoia colectiva que provocó su difusión masiva a nivel global, así como la amenaza real que implicaron los contagios, las necesidades de hospitalización, los decesos, los retos de atención a la pérdida de empleos, a las necesidades de consumo inmediato y básico de la mayoría de las personas sin recursos, así como de la reactivación del país, para comenzar de nuevo a retomar un rumbo de avance hacia el bienestar general que había comenzado en 2019.

En este proceso, la infraestructura hospitalaria y la capacidad de atención médica crecieron casi 6 veces en México, a partir de un sistema de salud que nos heredaron en ruinas y que entre otras cosas tenía 317 hospitales sin terminar, un déficit de 240 mil médicos y enfermeras, sin equipos necesarios para la atención especializada de enfermos graves, además de un suministro de medicamentos amañado, caro e insuficiente.

Para tener una idea del esfuerzo que hemos tenido que hacer, al inicio de la pandemia el Instituto Mexicano del Seguro Social contaba con 1,225 camas para atender enfermos de COVID-19; hoy cuenta con 16,146. Esta infraestructura específicamente creció 13 veces en unos meses y se va a mantener integrada al IMSS.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la reconversión hospitalaria de México es una de las más amplias que se han hecho en todo el continente americano; es decir que en términos de disponibilidad hospitalaria, en ningún punto ha sido rebasado el Sistema Nacional de Salud

Sin embargo, pudimos constatar a lo largo de los meses que transcurrieron las fases agudas de la pandemia, que los secretarios de salud de sexenios anteriores, que son los directamente responsables de la situación lamentable que presentaba el sistema en la actualidad, fueron los primeros que criticaban su falta de capacidad operativa, secundados por los medios tradicionales y los opinadores alquilados.

Afortunadamente, la situación actual de la infraestructura de salud ha avanzado a un ritmo muy acelerado, a partir del esfuerzo integral que ha llevado a cabo el gobierno para enfrentar la pandemia.

Entre otras muchas cosas en poco menos de dos años, la capacidad de atención se ha multiplicado al incorporarse a más de 40 mil médicos y enfermeras para prestar servicios especializados, al desarrollar un sistema de abasto de medicamentos, que no solo logra grandes ahorros que se están invirtiendo en la remodelación y equipamiento de los centros de atención, sino que está comenzando a garantizar que esas medicinas, lleguen a quienes las necesitan.

Después de tantos años escuchando solo palabras huecas de políticos farsantes, este gobierno está respondiendo con hechos.

Como dijo el historiador romano Salustio: “Es hermoso servir a la patria con hechos; lo absurdo es tratar de servirla con palabras”.