Rompamos la dinámica de los bots y trolls

En las redes sociales vemos todos los días que el debate de cualquier cosa se torna ríspido, a veces agresivo y otras hasta ofensivo. Debemos tomar en cuenta que antes el debate público de las ideas no se podía dar.

Primero, prácticamente toda la información de que disponíamos provenía de los periódicos, medios y opinadores, que recibían dinero del gobierno para aplaudirle o simplemente para no decir lo al poder, no le convenía que fuera del dominio público.

Después, cuando el descontento se comenzó a manifestar y se inició la discusión pública, los saqueadores de siempre y sus mascotas replicantes, invadieron las redes sociales con troles y bots para agredir a los que opinábamos libremente. Llegó el momento de que éramos tantos que sus trapacerías electrónicas perdieron efectividad y ya no pudieron detener la avalancha de opiniones emitidas por gente de verdad, motivada por el hartazgo, la convicción o el sufrimiento.

Hoy ya es muy evidente que lo que domina en las redes es la opinión libre de los usuarios, aunque todavía se logre colar uno que otro trol contratado, intentando lograr que lo insultes para reportar tu cuenta en masa y hacer que las plataformas te la suspendan o de plano te la cancelen.

Éstas plataformas dicho sea de paso, tampoco ayudan mucho en su labor de moderación, porque como negocio que son, lo que realmente hacen es favorecer a quienes les pagan por sus servicios. Así vemos por ejemplo tendencias en Twitter que a pesar de expresar insultos de toda índole, son promovidas por la plataforma.

Vemos voceros de la oposición doblemente derrotada, rompiendo las reglas de convivencia de las plataformas impunemente, sin que sus cuentas sufran ni un rasguño, mientras que las de otros ciudadanos y hasta medios de izquierda son castigadas, suspendidas y hasta canceladas sin razón aparente.

Los ciudadanos vamos poco a poco acostumbrándonos a utilizar estos foros con más prudencia, emitiendo opiniones más informadas, aunque todavía con frecuencia podamos perder la paciencia con algún individuo que parezca disfuncional cognitivo, o se disfrace de ciudadano logrando esconder el Trol que lo motiva a participar en el ciberespacio.

Está muy claro que la discusión de las ideas puede ser firme, e incluso volverse acalorada, pero si entendemos que la regla principal es el respeto al derecho que los demás tienen de pensar diferente a nosotros, estamos dispuestos a informarnos y a fundamentar nuestros comentarios en argumentos sólidos, estaremos elevando el nivel del discurso, que todavía resulta bastante lamentable en una buena proporción de las publicaciones que circulan por las redes sociales.

Y esto no tiene nada que ver con el tema que se aborde. Puede ser política, cultura, deportes, salud, cocina o cualquier otro. Lo fundamental es comenzar a elevar el nivel intelectual del discurso y el nivel de respeto hacia las opiniones de los demás, coincidan o no con la propia.

Así como se va transformando la vida pública en todos sus aspectos, es de gran importancia que este canal de comunicación multilateral y de gran eficiencia, detone la madurez de la discusión pública, del libre intercambio de las ideas y de la protesta pública, que son en realidad las bases de la democracia y de la libertad. Bienvenidas sean las opiniones, las posiciones y ópticas diferentes, para que nuestra sociedad de desarrolle hacia la diversidad y la empatía, partiendo de la inclusión.

Como dijo el escritor Umberto Eco: “La instancia ética no sobreviene cuando fingimos que no hay enemigos, sino cuando se intenta entenderlos y ponerse en su lugar”.