No te equivoques Almagro, a México se le respeta

Hoy en la mañana el Canciller Marcelo Ebrard, confirmó que la OEA está enviando observadores al proceso electoral que celebraremos el domingo 6 de junio, puntualizando que estos observadores han sido advertidos que deben sujetarse a las disposiciones de las leyes mexicanas.

A pregunta de nuestro compañero Hans Salazar, en relación con el comportamiento que ha tenido la OEA en procesos electorales como el de Bolivia por ejemplo, también manifestó públicamente el Canciller, que Almagro, Secretario General de ese organismo, del que México forma parte, ha realizado tal vez la peor gestión de la historia en el cargo que ocupa y que así se lo ha manifestado nuestro país en las reuniones de la OEA, en su propia cara.

Hemos estado acostumbrados durante los últimos 40 años, a que los funcionarios mexicanos se hayan dedicado a besar los pies de las potencias extranjeras neoliberales y a cumplir cualquiera de los caprichos que se les ocurra proponer, sin importar que esto dañara o no la soberanía del país; incluso, han tomado decisiones demenciales intentando interpretar lo que a los líderes de esos países podría gustarles como actuación rastrera de parte de México.

Así sucedió con el aprendiz Videgaray, que expulsó al embajador de Corea del Norte sin que nadie se lo haya solicitado formalmente, cuando ese país tuvo una desavenencia con el gobierno de Donald Trump, la que no tardó en suavizarse quedando la democracia mexicana en absoluto ridículo.

Desde que llegó al poder el gobierno actual, el manejo de la diplomacia retomó los principios de la Constitución Política de México y de la doctrina Estrada, algo que fue tradición en nuestra historia, pero que habíamos olvidado practicar gracias a los funcionarios empinados del período neoliberal.

Con base en los principios de la libre determinación de los pueblos, de dirimir las controversias de manera pacífica y del respeto al derecho ajeno, el actual gobierno emprendió con gran firmeza la defensa de la soberanía de México y de la de los demás pueblos del mundo, haciendo gala de gran destreza en el manejo de las relaciones con todos los países.

Así se hizo con el gobierno de Donald Trump, con el de Biden, con las empresas extranjeras, con la sanguinaria intervención de Israel en contra de Palestina, con las negociaciones para conseguir vacuna suficientes, con la del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, con el salvamento de Evo Morales de una muerte casi segura, con el comportamiento deleznable de la OEA, con el manejo de la detención del general Cienfuegos y con la reglamentación de las actividades de los agentes estadounidenses, a quienes solo les faltaba ir al despacho del presidente en turno para violarlo sin tener ninguna restricción.

En los últimos tiempos el gobierno ha hecho una defensa firme de la soberanía y de la democracia, teniendo que lidiar con toda clase de delincuentes vestidos de gobernadores, de candidatos, de dirigentes de partidos, de representantes de organizaciones opositoras disfrazadas de ONGs y para colmo, de medios internacionales intervencionistas que nos quieren dar instrucciones a los mexicanos, que ellos no aceptarían que les diéramos nosotros. Bien se vería el pasquín Reforma diciéndoles a los ingleses por quien votar.

A todos estos habría que agregarles a los delincuentes electorales disfrazados de árbitros del proceso, atrincherados como funcionarios del Instituto y del Tribunal Federal Electora, que han actuado favoreciendo abierta y cínicamente a los partidos y candidatos de la derecha.

Contra todo esto queda la voluntad popular como defensa de última línea, con la ciudadanía consciente e informada que este Domingo 6 de junio va a manifestar su voluntad en las urnas y que de acuerdo con todos los pronósticos, refrendará su apoyo al gobierno para terminar de una vez por todas con la violación de los derechos en la vida pública de los mexicanos, perpetrada por estas bandas de delincuentes que legalizaron el saqueo en su propio beneficio.

Como dice el escritor francés Frédéric Bastiat: “Hay gente que cree que el saqueo pierde toda su inmoralidad cuando se legaliza. No puedo imaginarme una situación más alarmante”.