Cerremos filas con AMLO, ganaremos esta batalla, sin lugar a dudas

Dentro del discurso que maneja el presidente, en su comunicación diaria con el pueblo, hay dos aspectos que destacan:
Por una parte, la necesidad de que no olvidemos nuestro pasado, nuestra historia, para no repetir errores que pueden resultar catastróficos para el país, tal y como sucedió con el neoliberalismo.

Por otra, el reiterado recordatorio de que “solo el pueblo, puede salvar al pueblo”

¿Por qué son importantes estas dos cuestiones?

Veámoslas una por una y decidamos si son o no capitales, para la Cuarta Transformación.
Regresemos un poco en la historia, que es el primer punto que señalamos:
Durante la revolución mexicana, dos focos importantes de atracción popular, surgieron de entre la misma masa del pueblo sublevado.

Esas dos presencias llevaron por nombre Emiliano Zapata y Francisco Villa. Ni Madero tuvo el apoyo popular que disfrutaron los jefes revolucionarios de la División del Norte y el Ejército del Sur.
Incluso intelectuales, políticos y empresarios, con ideas progresistas, nutrieron las filas de estos movimientos sociales.

El avance inicial de estos ejércitos fue imparable, durante la segunda etapa de la revolución de mil novecientos diez.
Sin embargo, la clase terrateniente venida del porfiriato, encabezada por Venustiano Carranza y por la burguesía norteña, fue ganando terreno paulatinamente, haciéndose fuerte al quitarle apoyo social a la justa causa de los campesinos mexicanos.

¿Cómo se dio esto?

Prometiendo cambios que en realidad nunca iban a cumplir.
López Obrador lo ha dicho infinidad de veces: “los conservadores son mentirosos por naturaleza”.
Villa y Zapata perdieron batallas importantes ante una fuerza conservadora, disfrazada de revolucionaria, que intentaba impedir que los cambios en México fueran profundos.

En las batallas decisivas, libradas entre las fuerzas villistas y obregonistas, Villa se negó a aceptar el consejo de sus generales, especialmente de Felipe Ángeles, para traer más fuerzas del norte del país. Esto obedecía a una profunda causa humana.

Esas fuerzas, estaban encargadas de proteger a la población civil, en las zonas que había conquistado el villismo. Francisco Villa no quería dejar a merced de los antiguos hacendados a los campesinos y pequeños ganaderos que lo apoyaban.

El sentido de clase del general, le impedía desproteger a su gente, a pesar de cualquier riesgo que tuviera que enfrentar.

Al final, los carrancistas consiguieron la victoria y el destino de México fue padecer un sistema nacido de una revolución malograda, que fue aprovechada casi en su totalidad por los herederos del porfiriato.

El segundo punto a tratar es el de la gente que de inicio se unió al movimiento revolucionario. Muchos se treparon a los trenes donde circulaba la revolución. Decían ser convencidos de ese proyecto de cambio.

Sin embargo, los casos de farsantes que intentaban debilitar a la revolución real, desde dentro, fueron significativos.
Ante las primeras señales de que el villismo y el zapatismo no representaban los intereses personales y de clase de estos ambiciosos de notoriedad y dinero, dieron la espalda a la causa campesina y prefirieron aliarse al carrancismo, que como ya se dijo, era primo hermano del porfirismo.

Los periodistas que veían más oportunidades personales con Carranza, animaron las historias de bandidaje y salvajismo de las fuerzas campesinas.

Villa “el roba vacas” y Zapata “el azote del sur”, fueron fuente inagotable de páginas donde se desprestigiaba a la revolución verdadera y se encumbraba al carrancismo light.

Con los medios de comunicación de ese entonces, trabajando para la causa e intereses de la clase privilegiada, no es extraño que la voluntad del pueblo fuera flaqueando poco a poco.
Se debilitaron las bases campesinas y fueron recuperando credibilidad los representantes del poder económico en el país.

El final de la historia lo conocemos todos.

Carranza y Obregón se hacen del poder y con él en sus manos, llevan a México a la etapa priista-panista, de la que apenas vamos saliendo.

¿Es importante, o no, recuperar nuestra historia?

Hoy, después del triunfo de López Obrador en las urnas y del inicio del gobierno de la Cuarta Transformación comienzan a escucharse las voces de aquellos que, de inicio, se dijeron defensores del cambio en nuestro país.
Se dicen “críticos”, “decepcionados”, “dialécticos”, “desengañados” “demócratas”, o de cualquier otro modo que les parezca.

A escasos siete meses de iniciado el cambio, encuentran la forma de ver negativo todo lo que emprende el presidente y su equipo de gobierno.

Nos hablan de fallas monumentales, que, en la vida real, no se aprecian.
Nos dicen que el país está perdiendo el rumbo, únicamente porque las ventajas que determinados grupos tuvieron durante el neoliberalismo, se acaban.

Cuestionan a personajes en el gobierno, sin presentar prueba alguna. Sus ataques son meras suposiciones.
Lo importante de todo esto, es que comienzan a quitarse la máscara, aquellos personajes que jamás fueron convencidos del cambio.

Toda crítica que no aporta algo positivo a este momento de transición que vivimos, trabaja necesariamente, a favor de los grupos conservadores.
Cuando se hacen públicos desajustes menores en el gobierno, tomándolos como faltas graves, se está trabajando para los intereses neoliberales.

Eso ya ocurrió en el pasado y vuelve a presentarse en estos momentos.
Debilitar al gobierno de la Cuarta Transformación, es la finalidad de los grupos conservadores.
Es su única posibilidad de recuperar el poder.

Cualquiera que dice estar a favor de un cambio sano en el país, pero crítica sin aportar pruebas, o ideas que ayuden a construir, es una de estas tres cosas:

Un estúpido, un conservador infiltrado, o alguien falto de carácter, que no entiende que siete meses es muy poco tiempo para transformar a un país.

Lo importante es que la sociedad tenga conciencia de que este tipo de situaciones se han vivido en el pasado y han conducido a los movimientos sociales al fracaso.

La Cuarta Transformación la estamos haciendo todos a diario.

Se requiere la confianza y el esfuerzo de todos.
Pero, sobre todo, es preciso que cada uno de quienes queremos un México mejor mostremos una voluntad a toda prueba.
Los llamados a la desesperanza y la desilusión, van a ser muchos.
La única garantía de que todos ellos son falsos, es su falta de pruebas.
Hoy, la sociedad mexicana es bastante madura. Las redes sociales suplen la función de la prensa tradicional, para dar a conocer la verdad que vive el país.
No dejemos que nos debiliten las noticias falsas conservadoras.
Manteniendo la unidad ciudadana, ganaremos esta batalla, sin lugar a dudas.

Malthus Gamba