“Mucho pueblo para tan poca dirigencia”: AMLO

En los últimos casi dos años hemos visto como el partido Morena se ha visto envuelto en un proceso largo y tortuoso para poder renovar su dirigencia.

Mientras, el gobierno federal ha funcionado como aplanadora, para ir cambiando la naturaleza de las instituciones del país que estaban diseñadas para favorecer el saqueo, en instituciones nuevas que se orienten a promover el desarrollo y el bienestar de la población.

El proceso de cambio ha implicado una lucha frontal contra la corrupción, que ha reorientado el presupuesto gubernamental hacia la protección de los menos favorecidos, ha disminuido sensiblemente la criminalidad en el país, ha multiplicado la infraestructura de salud en momentos de emergencia sanitaria, ha revertido una reforma educativa destructiva, y muchas otras cosas que han tenido lugar a una gran velocidad.

Los que se sentían dueños de México, ahora se están viendo obligados a pagar sus impuestos y a no defraudar a la hacienda pública, están desorientados y desesperados por hacernos creer a todos los que hemos apoyado este cambio, que las cosas van muy mal, utilizando toda clase de artimañas mediáticas que ya no les funcionan, cuando es evidente que los únicos perjudicados han sido ellos, por tramposos y falsarios.

Cuando se experimenta un cambio tan profundo en la vida pública a un ritmo sumamente acelerado, todo lo demás parece estar detenido aunque se siga moviendo. En este escenario por ejemplo, los partidos políticos parecen no avanzar en absoluto. De hecho, los que pertenecen a la oposición que defiende un regreso al pasado, realmente dan la impresión de estar caminando hacia atrás.

Por otro lado, los partidos que están apoyando el cambio, parecen funcionar a baja velocidad y solamente en los procesos legislativos, donde el gobierno federal se encuentra literalmente arriándolos para que se puedan dar los cambios en la realidad.

A la mayoría de los ciudadanos nos urge que las cosas cambien; por eso, seguimos apoyando y empujando al gobierno en su trabajo incansable, pero nos da la impresión de que todo el aparato que se encuentra alrededor, necesita moverse a mayor velocidad para no quedarse atrás en la transformación que el pueblo y el gobierno, estamos impulsando vigorosamente.

En este orden de ideas, se antoja demencial que el partido Morena se esté tomando prácticamente dos años, en los que el país ha cambiado radicalmente, para poder nombrar una nueva dirigencia que ponga a sus militantes a trabajar en concordancia con el ritmo de los tiempos.

Por fortuna para ellos, la oposición está haciendo un gran trabajo para convencernos, que lo último que haríamos sería votar por ellos para vuelvan a gobernar este país. Sabemos que nuestra mejor alternativa, es buscar la forma de hacerlos perder su registro para que surja una verdadera oposición, que plantee alternativas de avance a partir de las ideas y no de los berrinches vacíos, representados por algunas tiendas de campaña para niño deshabitadas en el zócalo.

Así, mientras Morena se encuentra enredada en la selección de su dirigencia, en el que se jalonean unos a otros, el trabajo político de organización y de formación de cuadros desde las bases está detenido, esperando a que ellos se pongan de acuerdo para saber quién va a estar a cargo de coordinarlo.

A eso se refirió el Presidente en estos días, cuando se atrevió a decir que los mexicanos somos mucho pueblo para tan poca dirigencia. Esperemos que este partido, que seguramente ganará las elecciones del año que viene en forma contundente, gracias al desempeño de la oposición y a la convicción de la gente en que Morena es lo menos malo que nos puede pasar, se ponga las pilas y construya una base ciudadana a la altura del pueblo que la sustenta.

Como decía Sir Francis Bacon: “No hay cosa que haga más daño a una nación, como el que la gente astuta pase por inteligente”.