Los que anhelan el ‘dedazo’ presidencial

Para varios apasionados de la política, las elecciones intermedias y sus repercusiones futuras aún no terminan. No se trata de si los tribunales electorales de cualquier nivel, validarán o no los triunfos conquistados por cada fuerza política contendiente.

Quienes siguen en “pie de lucha”, intentando encontrar razonamientos y observar conductas que señalen la vía de la siguiente sucesión presidencial, “estudian” el vuelo de las aves, las formas del humo, las líneas de las manos de cada político que se mueve un poco. Sobre todo si se trata de gente de Morena y sus aliados.
Este juego de las adivinanzas fue propio de la política neoliberal, desterrada de la administración pública federal en 2018.

Aquellos tiempos donde se iniciaba un trayecto que finalizaba con el “destape” del elegido, por inapelable “dedazo” presidencial.

Los políticos priistas y panistas del pasado, comenzaban a tejer telarañas de poder individual, a partir de las elecciones intermedias, para mostrar “músculo”. Arreciaba la lluvia de halagos, demostraciones de afecto y lealtad hacia la figura presidencial, mientras tras bambalinas, se libraba una guerra intensa entre todos los “presidenciables”, en un intento por restar influencia y posibilidad a los demás competidores.

Solo uno saldría victorioso de esta batalla.
Ese juego entusiasmaba al periodismo convencional. Se intentaba adivinar en cada gesto y acción del presidente, la inclinación de la balanza en favor de alguno de los que aspiraban al respaldo final.

Había gente versada en la política nacional, que tenía ojo para el juego de la sucesión. Fidel Velázquez, líder obrero en la CTM, “destapó” a varios agraciados que serían presidentes de un país dominado políticamente por el PRI.

Pero en tiempos de la Cuarta Transformación, es absurdo creer que la ruleta de la política neoliberal continúa vigente. Quien piense que el método conservador aplicará en la definición del próximo presidente, no entiende que el cambio democrático que está impulsando el presidente López Obrador, barre enteramente los mecanismos antidemocráticos del pasado.

Se ha dicho que el presidente defiende en este momento a la gente que le es próxima afectivamente. Se pone como ejemplo el caso de su “compadre” Félix Salgado Macedonio, a quien respaldó cuando fue atacado por el grupo opositor de Claudio X González. Esto es falso.

López Obrador “que está enterado de todo”, sabía que se trataba de guerra sucia, propia del periodo electoral. No defendió al candidato de Morena por ser su “compadre”. Impidió que el lodo que lanzaba la oposición ensuciara la contienda electoral en Guerrero.
Tan inocente resulta Macedonio de los cargos que se le hicieron durante la campaña, que la oposición dejó de presionar y hablar del tema, una vez concluido el proceso electoral.

Se ha dicho también que la salida de Irma Sandoval, de la Función Pública, se debe a que atacó la candidatura de Salgado Macedonio. Eso tampoco es del todo cierto. Irma sale del gabinete presidencial, por errores personales.

Por faltas a las que puede aplicarse la frase que tanto gusta al presidente López Obrador: “el poder vuelve locos a los inteligentes”.

Usó su puesto para fines distintos a los encomendados, y ese tipo de faltas, no son permitidas en el entorno del presidente. Si una de esas faltas se apellida Salgado Macedonio, es lo de menos. Hubiera salido igual si el afectado llevara otro nombre. Es la falta administrativa la que conduce a la separación y no el personaje político en cuestión.

Hay quienes opinan que el balance de estos ajustes en el gabinete y los resultados de las pasadas elecciones, perjudican o benefician a determinados personajes considerados presidenciables. Puede ser que entre ellos haya competencia por posicionarse convenientemente, de aquí al 2024. Es algo normal y legítimo. Lo mismo pasa con gente como Fernández Noroña, que ha manifestado su intención de competir por la presidencia del país. Es una aspiración nacida del ambiente democrático que se vive.

Qué bueno que Noroña pueda hablar abiertamente de su interés para competir. Está haciendo su trabajo en la Cámara de Diputados y tiene respaldo de un sector social que se identifica con su manera de hacer política. En su momento, el Partido del Trabajo y Morena, decidirán si es el candidato que debe competir por el proyecto de transformación, en la siguiente elección.

Pero todo lo señalado no significa que el presidente esté apoyando o marginando a determinados actores políticos. El interés de López Obrador está enfocado en estos momentos, en la consolidación del cambio desarrollado en la primera mitad del sexenio. Para eso trabajó durante décadas.

Por ese proyecto renovador ha enfrentado a la mafia del poder neoliberal.

Al finalizar su periodo presidencial, López Obrador desea heredar un México revitalizado, a todos los mexicanos. Un país en donde el regreso del neoliberalismo al poder, resulte complicado. Y quiere hacerlo heredando instituciones fuertes y leyes firmes que impidan el retorno de la corrupción a la vida nacional.

López Obrador quiere un cambio de mentalidad, como garantía para la continuidad del proceso democratizador en el país. No quiere pasar el bastón de mando a su “delfín”. Eso no le interesa.
Desea que el pueblo de México, maduro políticamente, tome las riendas de su destino. Que los ciudadanos sepan separar el grano de la paja.

El presidente no va a desatar una contienda interna entre “suspirantes”. Jamás ha atentado en contra de la democracia. Tampoco dará el “dedazo” neoliberal, para definir a su sucesor.
Es responsabilidad de Morena y sus aliados, que cuentan con personajes de primer nivel, sacar adelante una candidatura de unidad que convenza a los ciudadanos.

Porque a final de cuentas, serán los ciudadanos, con esa mentalidad democrática que está naciendo, los que determinen si quienes desean alcanzar el poder, son merecedores de la confianza popular, en base a sus trayectorias y resultados personales.

Jugar a develar al “tapado”, señalar que el presidente “va con fulanito”, opinar que zutanito “se movió antes y no saldrá en la foto”, es participar en una forma de hacer política, propia del neoliberalismo.
El presidente no meterá las manos en la sucesión del 2024, como no lo hizo en este 2021.

El próximo candidato de la izquierda a la presidencia del país, saldrá de las bases de Morena, o de la base de sus aliados políticos. No de Palacio Nacional, en un acto de presidencialismo antidemocrático, propio del tiempo de los corruptos.

Malthus Gamba

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