Los migrantes, el tesoro que perdimos

Durante últimos los 36 años de neoliberalismo, salieron de México 15 millones de mexicanos en busca de oportunidades de trabajo en los Estados Unidos, para poder mantener a sus familias que se quedaban de este lado de la frontera y para edificar un futuro menos miserable del que se les ofrecía aquí.

En ese período todos estos mexicanos se contrataron en las industrias de la construcción, la hotelería, la agricultura, los servicios, así como muchos otros rubros de la actividad económica del vecino país del Norte, aportando su trabajo y su inteligencia en labores que los estadounidenses no estaban dispuestos a realizar.

La mayoría de ellos separaban una proporción alta de lo que recibían por su trabajo para mandárselo a sus familias en México, sabiendo que era prácticamente el único apoyo que recibirían.

Así también la gran mayoría de ellos han progresado y echado raíces en esa tierra, se integraron a su economía, muchos fundaron empresas, otros incluso montaron negocios en sus lugares de origen para dar trabajo a los suyos de este lado del río Bravo y generaron bienestar aplicando a fondo su esfuerzo y sus capacidades.

Hoy ellos son responsables de producir el 10% del Producto Interno Bruto en la economía nacional estadounidense. También son quienes consumen más del 10% de todos los productos y servicios que se comercializan en ese país. Más del 30% de las empresas de construcción en los Estados Unidos son de dueños mexicanos, que junto con los paisanos que ya vivían allá, suman casi 40 millones de personas aportando su trabajo para que esa economía se mantenga como la más grande del mundo.

Para darnos una idea de lo que significa el talento y la fuerza de trabajo que México expulsó en ese período neoliberal y que fue aprovechada por la economía norteamericana, la riqueza que ellos generan para ese país cada año, es equivalente al doble de la que producimos todos los mexicanos que nos quedamos de este lado de la frontera, considerando que no son ni la tercera parte de los que estamos aquí.

Todos estos paisanos que hoy están politizados, que son conscientes de sus derechos, de sus capacidades y de su fortaleza, hoy envían a México en remesas para sus familiares cada año, una cantidad cercana a 1 billón de pesos, equivalentes a una séptima parte del presupuesto de egresos de la federación, que representa el ingreso más importante de nuestro país. En resumen son nuestros héroes vivientes.

Lo más increíble de esta situación es que ni siquiera tienen la oportunidad de participar en los procesos electorales de México; las autoridades electorales les han negado el derecho de formar parte de las decisiones por medio de las cuales elegimos a nuestros gobernantes. Esto es así porque a la mafia que venía gobernando el país hasta 2018, no le convenía que este enorme grupo de ciudadanos mexicanos lo hiciera; con toda seguridad no habrían votado por los que fueron los responsables directos de su necesidad de migración obligada y que pretendían seguir ostentando el poder para continuar su saqueo.

En vista de la ineptitud deliberada de las autoridades electorales para continuar evitando la participación de nuestros paisanos, esta semana el Presidente de la República dio instrucciones a la Secretaría de Relaciones Exteriores, para que se aplique a lograr que nuestros paisanos en el extranjero puedan emitir su voto en los procesos electorales de México, buscando la manera de que lo hagan de en forma eficiente, sin obstáculos ni excusas, por medios electrónicos.

Si esta Secretaría logra llevar a cabo la instrucción del Presidente, vamos a ver cómo le van a caer a la actual oposición, unos 15 millones de votos de nuestros paisanos migrantes en las elecciones de 2024, que con toda seguridad buscarán hacerse justicia en las urnas.

Como dijo el poeta latino Horacio: “La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”.