Los hilos (casi) invisibles del PAN

LA CUERDA FLOJA

Los hilos (casi) invisibles del PAN
Por: León Fernando Alvarado
@feralva61

Parecerá un sueño, pero alguna vez el PAN representó a sectores de la clase media. Fue antes de que los grupos más retardatarios del país (El Yunque, Mexicanos a Favor de la Corrupción y la Impunidad o los mandarines empresariales agrupados en el Consejo Coordinador Empresarial, la Coparmex, la Concanaco) lo infiltraran para convertirlo en su organismo fachada.
Fueron militantes panistas, por ejemplo, el propietario de una pequeña farmacia que cerró cuando no pudo competir con las grandes cadenas farmacéuticas. O el dueño de una ferretería que surtió de tubos y azulejos a los plomeros locales mientras no llegó Home Depot a la ciudad y a su tienda se la cargó el neoliberalismo, como le sucedió al micro empresario que vendía madera para cimbra y ahora pasa sus tardes recordando los tiempos idos afuera del local que ocupó su antes floreciente negocio.

Eran panistas el eminente abogado que nunca consiguió una notaría porque su dignidad le impedía tocar las puertas de los gobiernos priistas que repartían los fiats notariales entre sus allegados. O el recatado y sabio profesor de saco bolsudo y lamparones en el pantalón que no llegó a la dirección de una escuela porque estas se reservan a ‘profes’ de cuello muy flexible, peritos en doblar el testuz ante lo que determinan los desventurados que dirigen el sindicato. O las señoritas que atendían una papelería que sucumbió ante Office Depot y hoy se atienen a la compasión de sus sobrinos para sobrevivir con decoro. Vamos, la gente decente
.
Hay que decirlo: sus filas se nutrieron con empresarios y agricultores, pero jamás se contaron obreros y campesinos, por lo que las tribulaciones de las clases desprotegidas no formaron parte de sus reivindicaciones políticas, económicas o sociales.

En 1982 llegó la nacionalización bancaria y los empresarios decidieron que ya había estado bueno de aguantarle al gobierno sus excesos –aunque en alguna medida esos excesos los hubieran favorecido, como el rescate que realizó Banobras del Grupo Alfa cuando éste se vio en apuros para liquidar sus pasivos, derivados de la devaluación del peso en ese año.

Cobraron relevancia entonces los nombres de, por ejemplo, Fernando Canales Clariond, o Manuel J. Clouthier (el después popular “Maquío”, que antes había coqueteado con el PRI: “En un mitin celebrado el 16 de agosto de 1971 fue postulado como candidato del PRI a la presidencia municipal de Culiacán por su tío Jorge del Rincón, presidente de la Cámara de Comercio local; como finalmente el PRI designó a otra persona, Clouthier optó por la vía política que le ofrecían los organismos empresariales”. https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/CMJ34.html).
Organismos con apariencia de inocentes aunque promovidos desde las tinieblas por El Yunque -como la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC), o la Asociación Nacional Cívica Femenina (Ancifem)-, fueron utilizadas como arietes en contra de las políticas del Estado mexicano. Pero no pasaron de las declaraciones tremebundas a la prensa y tampoco contaron con base social que los respaldara.

La llegada de estos personajes y de estas agrupaciones fantasma retrajo la actuación de panistas de cepa como el poeta Hugo Gutiérrez Vega, Juan José Gómez Hinojosa, o Jesús González Schmal, barridos por quienes asaltaron al partido para convertirlo a sus intereses.

Manuel Espino Barrientos, ex miembro del DHIAC, dijo: “Ya es tiempo de discutir formalmente el tema de los neopanistas e incluir a los llamados grupos de derecha que forman parte del PAN (MURO, Tecos y DHIAC, entre otros). En lugar de estigmatizar a sus integrantes, se debe reconocer que llegaron a título individual, y a partir de su incorporación el PAN empieza a obtener triunfos electorales en todo el país”. (La Jornada, 25/03/96).

Así las cosas, el espantajo en que se ha convertido hoy el PAN sólo responde a estos intereses y carece de base social que lo apoye. Si a lo anterior se suman las insultantes bobaliconerías de Lily Téllez, las jocosas “investigaciones” de Julen Rementería, -que más parece curarse en salud para que cuando lo llamen a cuentas se diga “perseguido político de la dictadura”, como lo hace Ricardo Anaya-, o la presencia de un distinguido fascista español invitado por sus afines al Senado de la República, se ve muy cuesta arriba que con eso se pueda sustentar una política aceptable por las mayorías.

Por eso, no sorprende la nota aparecida en Sin Línea.mx, titulada “¡Malas noticias para el PAN! En 9 años ha perdido el 88% de sus militantes; estaría a punto de perder el registro”, porque es un partido que ha dejado de representar algo o a alguien para convertirse en un muñeco de teatro guiñol manipulado por los intereses de Claudio X. González.

Juiciosamente, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado que hace falta una oposición seria para consolidar la democracia. Cierto, pero la política derechista, cuya fachada partidista la integran el PAN y sus partidos secuaces, insiste en las fake news publicadas desvergonzadamente por los medios convencionales; en los eruditos protestando desde la mendicidad en que los dejó la ausencia de recursos del erario, o en la Alianza Federalista hoy desbarrancada pero desde su nacimiento desacreditada, entre muchísimos otros desatinos.
Y así como van, se ve difícil que les crea la gente. No tienen con qué, no saben por dónde.

León Fernando Alvarado. Docente, narrador y periodista. Tiene publicados una novela y un libro de cuentos, además de narraciones y columnas periodísticas en diversos diarios y revistas. Premio Nacional de Cuento León 1987 (Jurado: José Agustín, Armando Ramírez y Rafael Ramírez Heredia). Premio Estatal de Periodismo Guanajuato 2012, categoría Reportaje.

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