La “chayocracia” también llora

Foto: Plumas Libres

“Y lo peor de todo, es que los corruptos, no perdían su honorabilidad. Eran vistos incluso como ejemplo para la juventud”

Así ha descrito muchas veces López Obrador al poder corrupto en nuestro país, durante la etapa neoliberal.

No había castigo para quienes disponían del dinero público, para acrecentar su riqueza mal habida. En un México donde la impunidad de los políticos conservadores era regla no escrita, pero observada permanentemente en la práctica, los delincuentes de cuello blanco disfrutaban no solo del fruto de sus atracos, sino también de una consideración especial. Se les veía como personajes destacados, triunfadores que habían alcanzado el éxito, en base a trabajo y esfuerzo.

Solo en nuestro país suceden este tipo de situaciones. Admirar a quienes se dedicaron por décadas a saquear las riquezas de la nación.

Algo similar sucede el día de hoy, respecto a los afectados con la información que rindió el gobierno federal, al Instituto Nacional de Acceso a la Información.

La lista con los nombres de las empresas y periodistas que recibieron dinero público, bajo diferentes modalidades, durante el gobierno de Peña Nieto, se hizo pública el día de ayer.

No todos los que aparecen en el listado, deben considerarse corruptos. Hay contratos que se refieren a servicios promocionales o de publicidad, que están debidamente justificados.

Esta lista inquieta más bien, a quienes cobraron cantidades millonarias, por servicios que bien pueden ser definidos como compra de voluntades, para destacar sin crítica de por medio, toda acción del gobierno peñista.

¿Cómo se comprueba esto? Por los montos excesivos que recibieron aquellos periodistas que, en todo momento, aplaudieron las acciones neoliberales, a pesar de que eran notorias la fallas que hundían aceleradamente a México en el caos, la violencia y la pobreza extrema.

El listado de periodistas chayoteros no fue una novedad. Sabíamos desde hace tiempo quienes estaban involucrados. Lo único nuevo, fueron las fuentes que proporcionaron estos datos y las cantidades exactas recibida por cada empresa, o cada periodista, según el caso.

Estos medios de información y estos periodistas, seguirán trabajando sin problema alguno. No habrá castigo para ninguno de ellos, pues la Ley no contempla sanción para este tipo de actividades. Por tanto, no tienen preocupación alguna sobre su situación jurídica.

Lo que pretenden en este momento, es salir del problema que viven, sin que se vean afectados su prestigio y honorabilidad.

Hoy amanecimos con la novedad de que varios de los personajes que fueron evidenciados, lloran desconsolados, juran con vehemencia, se molestan en voz alta y gritan su inocencia, en un intento por aparentar la honestidad que no demuestran sus acciones.

Todos se dicen calumniados, hablan de un complot organizado desde el gobierno federal, para callar a las mejores voces críticas que cuestionan a la Cuarta Transformación.

En su delirio y enojo, confunden la voz crítica, con el servilismo que han mostrado al neoliberalismo, que bien sabe pagar por sus servicios incondicionales.

Hoy, les molesta ser señalados como profesionales que no respetan las normas éticas que regulan la actividad a la que se dedican.

Quieren seguir disfrutando del respecto al que estuvieron acostumbrados por década. Les gustaría que siguiéramos pasando por alto sus conductas y los tratáramos como respeto y admiración.

Con la llegada de la Cuarta Transformación, dejaron de percibir los ingresos millonarios que les dispensaba el neoliberalismo. Se acabó el chayote proveniente de las arcas públicas. Ahora sus pagos se hacen efectivos con las fuerzas conservadoras que intentan desacreditar al gobierno del cambio.

El chayote continúa, nada más que ahora, la compra de voluntades es a costa del dinero de empresarios y políticos de la derecha recién derrotada.

La condición de “chayotero”, no varía para estos comunicadores. Solo cambian de patrón, pero la actividad sigue siendo la misma.

“Chayotero” no es únicamente el que recibe dinero público por vender su manera de pensar y escribir. Es más amplio el término. Contempla a todo aquel periodista o medio informativo que, sin escrúpulos, prostituye su actividad, a cambio de beneficios económicos o de otro tipo. Es el que abandona su libertad personal, a cambio de riqueza, fama, o poder.

Las escusas que dan hoy todos estos personajes, suenas pueriles. No convencen.

Los teníamos plenamente identificados desde hace tiempo. Ayer solo hubo una confirmación sobre lo que se sabía.

Pero como dice el presidente en sus conferencias matutinas: “la característica de los conservadores, es la mentira”.

En lugar de aceptar las pruebas que se presentan en su contra y que evidencian que su conducta pasada no fue la adecuada, insisten en imponer un engaño más, que nadie puede creerles. Quieren que aceptemos sus falsos argumentos y que su respeto y honorabilidad queden sin mancha.

En lugar de enmendar sus acciones pasadas y aceptar su culpa discretamente, hacen un escándalo mayúsculo, pregonando una inocencia ridícula.

En tiempos de la Cuarta Transformación, no caben este tipo de conductas, ni tampoco estos personajes. Como decimos, seguirán ejerciendo el mismo periodismo de siempre, sin persecuciones, ni problemas mayores.

El castigo grave para ellos, es el descrédito total que se han ganado ante las audiencias que antes les aplaudían y hoy los repudian.

El cambio en México, pasa por la observación de las reglas éticas que aplican para todos los ciudadanos. Los periodistas no son ajenos a ellas.

Hoy están viviendo una situación particular, donde se dan cuenta de que la sociedad mexicana, no está dispuesta a seguir tolerando acciones que benefician a pequeños grupos, en detrimento de la seguridad y estabilidad del resto del pueblo.

Ojalá y estos periodistas saquen provecho de la actual situación.

Y de no ser así, que se preparen a ser señalados permanentemente como corruptos, deshonestos y mentirosos.

En realidad, esos calificativos describen perfectamente la postura que, como personas, asumieron en la vida.

 

Malthus Gamba