López Obrador y el sueño de Bolívar

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López Obrador y el sueño de Bolívar; ¿es tiempo de hacer contrapeso a EU y cambiar la organización regional?

Por Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

Este sábado, desde el Castillo de Chapultepec, el gobierno de México celebró el 238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar, libertador histórico de la Gran Colombia, recordado no sólo por sus luchas contra el imperialismo europeo, sino también por el sueño de hacer de América Latina una gran nación hermana que se apoyase más allá de las fronteras.

Con la Carta de Jamaica, firmada en 1815, se formalizaba la necesidad de la unidad de los pueblos de América, pues el propio Bolívar encontró eco en otros personajes de la época; Lucas Alamán sostenía por ejemplo que los países latinoamericanos compartían “uniformidad de intereses, por lo que todos estaban dispuestos a auxiliarse mutuamente para la consecución del objeto a que todos uniformemente se encaminan”; en Argentina, Bernardo Monteagudo, declaró que se debía “crear un poder que una las fuerzas de millones de individuos; estrechar las relaciones de los americanos uniéndose por el gran lazo de un Congreso Común”.

Incluso, es bien sabido que México era tomado en cuenta en aquellos tiempos para ser una especie de líder regional, aunque a otras naciones del Sur les generaba dudas el enorme potencial de nuestro país, pues al ser bioceánico y megadiverso, podría empoderarse demasiado, por lo que el proyecto se fue diluyendo.

Desgraciadamente, el temor de algunos países de Sudamérica se cumplió, no siendo México el ejecutor del dominio al continente, sino que fue Estados Unidos quien, a partir de la Doctrina Monroe (1823): “América para los americanos”, o el “Destino manifiesto” (1845): “Extender sus instituciones al rehaciendo el mudo a la imagen de los EU”, se autodeterminó como un falso líder con intereses que no beneficiaban bajo ninguna circunstancia al resto de los países.

El 15 de julio, de 1826, en el Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua firmado en Panamá por México, la Gran Colombia, (Ecuador, Venezuela, Panamá) los países de América Central y Perú, se creaba una sociedad de repúblicas hermanas en el continente americano. Sin embargo, el Tratado sólo se quedó en el papel. En la década de los treintas, el propio Lucas Alamán hizo intentos más allá de la diplomacia pero tampoco se concretó el proyecto panamericanista, dejando la mesa servida a los Estados Unidos, quienes, luego de innumerables expediciones comerciales y militares al Sur, lograron formalizar su hegemonía al terminar la Segunda Guerra Mundial.

Ya desde 1904, con la Doctrina Roosevelt, o “el Gran Garrote”: “Camina por el sendero de la diplomacia, pero lleva detrás un gran garrote por si la palabra no funciona”, la militarización de América Latina por parte de los Estados Unidos, era una realidad; asimismo, sus empresas como la United Fruit Company comenzaban con lo que serían los albores del neoliberalismo; sin embargo, es luego de 1945, cuando la institucionalización de organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA, 1948), o más tarde el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA, 1994), son la clave para que desde la Casa Blanca, se domine a varios países que ya tenían a las distintas organizaciones de seguridad norteamericanas infiltradas dentro de sus sistemas.

Y es que ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante la conmemoración en honor a Bolívar, lanzó palabras que cualquiera esperaría viniendo de un líder de izquierda, precisamente contra el sistema que en el continente americano han instaurado los Estados Unidos y países aliados como en este momento Colombia o Chile, que prefieren seguir empoderando al tirano antes de preguntarse qué beneficios les traería una alianza con naciones más parecidas a ellas en cuanto a economía y cultura se refiere.

Mientras nuestro ideario colectivo se ve invadido por las empresas y el capital cultural estadounidense, desde Hugo Chávez, Fidel Castro, Luis Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, los Kirchner, José Mujica, no se ha vuelto a plantear esta necesidad de reestablecer un orden continental más justo en América, por lo que las palabras del mandatario mexicano han sido por demás interesantes.

“Es obvio que esto debe implicar cooperación para el desarrollo y bienestar en todos los pueblos de América Latina y el Caribe. Es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos, caracterizada por invasiones para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia; digamos adiós a las imposiciones, las injerencias, las sanciones, las exclusiones y los bloqueos”, expresó el mandatario mexicano.

“Nada del dejar hacer o dejar pasar”, añadió el presidente como crítica directa al sistema del liberalismo económico, y como él mismo señaló, aunque a muchos no agrade, reafirmó la dignidad de Cuba al luchar contra el embargo económico impuesto por los Estados Unidos, y aseguró que la propuesta es construir algo semejante a la Unión Europea, “pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades”… Viendo nuestras condiciones sociales en la región, no sería una locura probar algo distinto.

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