La renuncia de Urzúa: La batalla por la economía

Edy Hernández Rivera
Lic. en Economía
Académico UNAM-IPN

La comentocracia ha pegado el grito en el cielo con la renuncia de Urzúa a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Según ellos “la economía se derrumba”, “vamos al caos y al abismo”, entre otros cuentos sobre apocalipsis y volcanes explotando por culpa de Andrés Manuel López Obrador. Alentados por la engañosa entrevista que Urzúa dio a la revista Proceso, los analistas de renombre en los viejos medios de comunicación se pierden explicando la renuncia atribuyéndola a pleitos al interior del gabinete o a la incapacidad de funcionarios como Bartlett. Falso. La verdadera diferencia entre Urzúa y AMLO se encuentra respecto a quien tiene el mando en realidad en la conducción de la economía en México y la visión de política económica que regirá el país en el próximo sexenio y muy probablemente en las próximas décadas en México.

La realidad es que al interior del gobierno se vive aún ahora una batalla entre la tecnocracia neoliberal que está incrustada todavía en las instituciones públicas y el poder político que tiene el mandato popular para redirigir la economía para el desarrollo del país y la redistribución del ingreso por la vía de programas sociales de apoyo a la población más olvidada y pobre del país.

En esta batalla los neoliberales dentro y fuera del gobierno se lanzan defendiendo un programa económico más sustentado en el fanatismo religioso que en el serio planteamiento de la economía como una ciencia social. Este planteamiento tiene algunas líneas claras:

1)Establecen que el interés privado e individual está por encima del interés social
2)La prosperidad de un país está fundada en la libertad que tienen los empresarios para hacer negocios, obtener ganancias y acumular riqueza casi para beneficio exclusivo.
3)El mercado es el mecanismo a través del cual los empresarios se vinculan con la sociedad y derraman beneficios económicos derivados de las ganancias que ellos obtienen en primer lugar
4)El estado no debe regular nada. Si el mercado falla, el mercado se repara a sí mismo “automáticamente”. En las crisis económicas la receta es: “no haga nada, no se mueva, todo se resolverá gracias a la mano de Dios”.
5)El estado no debe tener un papel social, no debe ocuparse de la pobreza, la desigualdad o la falta de justicia en los ingresos de la población. De hacerlo vuelve a los ciudadanos “esclavos”, “flojos”, “dependientes”, del “ogro filantrópico”.
6)La economía no es una ciencia social, es una física o ingeniería en la que todo debe estar sujeto a los cálculos de modelos de “equilibrio” y maximización de la ganancia. Si a los trabajadores se les ocurre sacar a la economía del equilibrio exigiendo aumento de salarios, se puede utilizar a la policía para que mediante la represión se vuelva al santo equilibrio.

¿Eso que significó durante más de treinta años para México? que los empresarios operaran sin reglas; que se les apapachara vendiéndoles a precio de remate empresas productivas (teléfonos, televisión) que antes eran del estado; se les dejó de cobrar impuestos y vivieron bajo un régimen bajo el cual estaban al margen de la ley y del cumplimiento de los derechos sociales, laborales y hasta humanos. El neoliberalismo que pugnaba por “la libertad” lejos del dominio del estado, en realidad utilizó este discurso fanático para reproducir sus capitales protegidos por el estado. El resto de los ciudadanos quedamos garete, a la buena del Dios del mercado. Esta lógica nos llevó a una corrupción inimaginable, desigualdad tremenda, pobreza y finalmente al recrudecimiento de una guerra civil del todos contra todos en la que apareció el narcotráfico como brazo armado de los neoliberales. Según ellos, debimos haber sido felices en los últimos sexenios: al menos no perdimos iniciativa individual para sobrevivir en medio de los balazos.

Ahora echemos un breve vistazo a las razones de Urzúa para renunciar a su cargo
¿En dónde se encuentran las diferencias de fondo?
Evidentemente no es por Alfonso Romo (eso solo es un elemento para despistar), no es porque AMLO fuera fiscalmente “conservador”, ni tampoco porque se vaya construir el aeropuerto en Santa Lucía y el Tren Maya.

El fondo son los tres grandes proyectos que atentan especialmente contra el dogma neoliberal: la construcción de la Refinería de Dos Bocas, el freno a la Operación del Gasoducto Texas-Tuxpan y los programas de Gasto Socia de apoyo a la población vulnerable.

Estos proyectos atentan contra el neoliberalismo por que 1) la refinería es el pilar de la soberanía energética que tiene como objetivo buscar el desarrollo y financiamiento a los programas de gasto social de apoyo a los excluidos, lo cual perjudica el negocio de los capitales norteamericanos; 2) el freno de Bartlett busca obtener mejores condiciones económicas para el estado que dejen de darle ventaja a los inversionistas extranjeros y 3) el gasto social no es “productivo” en el sentido en que, según ellos “no genera riqueza”. Por eso Urzúa dice que AMLO y sus funcionarios actúan sobre la base de “ocurrencias” o pura voluntad. Un rasgo de los neoliberales es su profunda arrogancia.

El asunto del gasto social casi no se menciona, pero Urzúa fue responsable en el retraso en este primer semestre de la llegada de fondos esenciales para la operación de los principales programas de apoyo a los pobres.

Se puede ver porque los “analistas”, “expertos”, “académicos” sacan sus garras para criticar la salida de Urzúa; en realidad están defendiendo el pilar ideológico de un programa económico excluyente, inequitativo e injusto.
No dejemos que nos apantallen con sus grados académicos que sólo les han servido para ser cómplices del saqueo a la nación.

Columnas

Columnistas invitados en Sin Línea