La oposición de ultraizquierda (o del marxismo-dresseriano)

En México, como en el resto de América Latina, los movimientos sociales de izquierda mantienen un constante debate abierto sobre las mejores formas de luchar para construir un mundo diferente. La diversidad de opiniones, ideas, teorías, experiencias prácticas y metodologías políticas enriquecen la militancia política, la estrategia y la táctica de todas y todos. Pero, ¿qué pasa cuando, disfrazado de crítica, el discurso y la práctica política de algún sector le favorece sistemáticamente a la derecha más reaccionaria?

¿Cómo es que, desde posiciones presuntamente radicales, algunos actores políticos ayudan a que la derecha gane las elecciones, atacando a los candidatos, partidos o movimientos de izquierda? Este tipo de actitudes no son extrañas; para muestra, veamos lo que pasó en Bolivia y Ecuador.

Durante el gobierno de Evo Morales, una de las grandes batallas libradas por el Movimiento al Socialismo fue contra las agencias estadounidenses, que operaban en territorio boliviano; destacan la DEA y la USAID. El entonces presidente de Bolivia describió a la USAID como una “agencia de penetración ideológica-política en organizaciones sociales que buscan consolidar intereses específicos del imperialismo en territorio nacional.” 

Juan Ramón Quintana, ministro de Evo Morales, señaló a dicha agencia estadounidense por apoyar a algunos grupos indígenas para oponerse a proyectos de desarrollo del gobierno. Por supuesto, esas movilizaciones fueron usadas por los medios de comunicación globales para hacer parecer que el pueblo indígena boliviano estaba contra el MAS, aunque eso es una mentira evidente. La estrategia era propiciar las condiciones para que Estados Unidos tuviera condiciones de intervenir contra Bolivia, legitimado por los medios de comunicación.

En Ecuador, un fenómeno similar contribuyó a golpear al movimiento correista en la elección presidencial de hace unos días. El llamado al voto nulo terminó dándole la ventaja al banquero Guillermo Lasso, sobre el joven progresista Andrés Arauz. Este llamado fue protagonizado por Yaku Pérez, autodenominado eco-socialista y crítico del gobierno de Correa, bajo el argumento de que el correísmo es extractivista.

A pesar de autodenominarse indigenista y de izquierda radical, Yaku Pérez declaró públicamente estar en contra de los apoyos sociales económicos porque “los pobres se gastarían su dinero en cerveza”. El candidato del partido Pachakutik celebró el golpe de estado judicial en Brasil, que terminó con la presidencia de Dilma Roussef y el encarcelamiento de Lula Da Silva, ambos inocentes de los cargos que se les presentaban. Incluso llamó dictador a Evo Morales, una curiosa coincidencia de opinión con personajes como Donald Trump o George Bush. Sobre todo porque uno se dice anticapitalista radical y los otros dos fueron presidentes de Estados Unidos.

Denunciar estos ataques de falsa bandera no significa que los gobiernos progresistas no tengan errores o contradicciones. Ningún gobierno es perfecto, puesto que todos son dirigidos por seres humanos.  Ningún revolucionario o izquierdista asume un camino lineal hacia la transformación de la sociedad. De hecho, la contradicción es un concepto clave de la teoría marxista.

Lenin acusa a los intelectuales criticones de su época de ser infantiles. Asegura que “no saben pensar en la correlación de fuerzas.” Y sobre su función en la revolución, asegura que no saben dirigir la toma de decisiones de la política, y que con su vacilación “ayudan a los imperialistas a provocar a la República Soviética de Rusia a un combate evidentemente desfavorable para ella, ayudan a los imperialistas a arrastrarnos a una trampa.” En otras palabras, su crítica y acción política no son útiles para el avance de la sociedad, sino para la derecha.

Lenin los describe como narcisistas. En otras palabras, se trata de sujetos incapaces de aceptar una realidad compleja, porque la imperfección de la vida los traumatiza. Evitan a toda costa contrastar su deseo con la realidad. En vez de estudiar la correlación de fuerzas, acuden al manual de la teoría, que no desafía a su deseo. Y llaman a tomar decisiones que no corresponden a la realidad, sino a su deseo; bajo esta lógica, evitan ser autocríticos. Ellos no pueden estar equivocados, son los demás, que no conocen la teoría los que fallan; aunque la realidad diga otra cosa.

En México, muchos reaccionarios infantiles de izquierda, narcisistas teóricos del marxismo, también comparten posiciones políticas con la derecha liberal. El ejemplo más claro es su llamado al voto dividido o voto nulo. La mejor representante de esta bandera es Denisse Dresser, intelectual cercana a la alianza del PRI, PAN y PRD con el sector empresarial conservador. La ultraizquierda asegura que morena no es lo suficientemente radical para votar por ella, y por tanto, llama a no votar.

Ignoran que -a pesar de los defectos del partido o del gobierno-, la Cuarta Transformación es el primer esfuerzo que logró derrotar al proyecto neoliberal en México y es un referente para las luchas sociales de toda América Latina. Y lo que necesita Andrés Manuel ahora es ganar de nuevo la mayoría en el Congreso, para seguir profundizando la transformación.

Nadie niega que existan defectos, fuerzas políticas que no nos gustan, errores o contradicciones. Lo que señalamos es que hay un lugar, tiempo y forma para la crítica, así como lugar, tiempo y forma para cerrar filas en torno a las decisiones políticas de la transformación. Hoy, a meses de la elección intermedia, es tiempo de cerrar filas en torno al partido del presidente.

Las operaciones de falsa bandera son una táctica tan vieja como la guerra o la política. Consisten en disfrazar de apoyo crítico o de causa justa lo que en realidad es un ataque de las fuerzas enemigas. La ultraizquierda, en el mejor de los casos, lo hace incentivada por dinero de nuestros adversarios, o en el peor, por pura torpeza y fanatismo. La revolución de las conciencias es una batalla cotidiana que tenemos que dar para que la derecha y sus aliados de ultraizquierda nos hagan lo que el viento a Juárez.

El brazo zurdo de la derecha

Revisa el hilo de twitter de nuestro autor:

Juan Ramón Quintana describió como “imperialismo verde” a movimientos sociales promovidos por la USAID para golpear al gobierno de Evo Morales, acusándolo de extractivista.

William Mozdzierz, de la embajada gringa, admitió reuniones con miembros de dichos movimientos.

— Rodrigo Guillot (@RodrigoGuillot) April 15, 2021