La inocultable lucha de clases

En este momento, no existe tema que incomode más a la clase privilegiada, que el de la Lucha de Clases.

A los antiguos traficantes de influencias que pretenden recuperar el poder en 2024, después de haber logrado la revocación de mandato del presidente López Obrador en el 2022, les asusta sobremanera que el titular del Poder Ejecutivo, ponga de manifiesto una situación que fue tema “tabú” durante el neoliberalismo.

Argumentan que el presidente “polariza” a la sociedad, al señalar que hay diferencias irreconciliables entre quienes lo tienen todo y los que nada poseen. Callar sobre el tema, es lo “políticamente correcto”, según ellos. Así lo hicieron los gobiernos anteriores y así debería hacerse en tiempos de la Cuarta Transformación.

Pero la Lucha de Clases es una experiencia histórica, plenamente demostrada y reconocida como fenómeno político-económico propio del desarrollo humano.
La desigualdad es la madre de esta lucha social.

Los grupos neoliberales interesados en recuperar el poder, quisieran que el presidente nada dijera al respecto, porque daña sus intereses. Los beneficiados con la desigualdad en nuestro país, son precisamente quienes crearon la monstruosa brecha entre ricos y pobres. Los que acumularon enormes riquezas, a costa de la miseria y el hambre de millones de mexicanos. Los que construyeron un marco legal a modo, para la explotación de la clase trabajadora del país.

Porque esta confrontación de clases, la hemos vivido a diario, a lo largo y ancho del territorio nacional.

Cada vez que un patrón con mentalidad neoliberal, reporta al Seguro Social que sus trabajadores ganan menos de lo que en realidad les paga, está recreando esta lucha de clases. Cada vez que se niega a pagar las utilidades que corresponden al trabajador, demuestra que está en lucha contra la clase obrera. El negar prestaciones de ley a sus trabajadores, es lucha de clases. El despedir injustificadamente a cualquier empleado, con el solo fin de impedirle crear antigüedad, es lucha de clases.

Pero como estos ataques permanentes del sector empresarial neoliberal hacia el sector social más desprotegido, concluían en victorias económicas para quienes todo lo tienen, no se hablaba de Lucha de Clases, sino de la “aplicación del marco laboral y económico vigente”. Todo funcionaba dentro del esquema de control social, diseñado por el neoliberalismo.

La justicia que debía darse en las Juntas de Conciliación y Arbitraje, jamás existió. El Poder Judicial actuó (y actúa aún), en favor de los intereses empresariales. Ahí se patentiza una vez más la permanente lucha de clases. Ese enfrentamiento permanente entre propietarios y trabajadores, que beneficia o perjudica a las familias de ambos bloques sociales. Uno pequeño y con inmenso poder económico. El otro nutrido, sin recursos en abundancia, pero con necesidades familiares que obligan a la constante demanda de derechos.

¿Por qué la molestia del bloque neoliberal, ante el señalamiento de esta lucha real de clases, mencionada insistentemente por el presidente López Obrador?

Porque por primera vez en muchos años, la posición del gobierno mexicano, respecto a su papel como garante de la seguridad social, se mueve en favor de quienes menos tienen.
El gobierno de la Cuarta Transformación intenta acortar la brecha entre ricos y pobres, creando nuevas condiciones y leyes, que protejan al trabajador de la rapacidad de sus explotadores históricos.

Los ajustes al salario mínimo que se han dado durante esta primera etapa de la Cuarta Transformación, son parte de la revolución pacífica que vive el país. Es lucha de clases. Los programas sociales en favor de quienes menos tienen, son lucha de clases también, al igual que lo son el derecho universal a la salud y la educación. No como discurso político neoliberal, sino como realidad vivida por la totalidad de los mexicanos.

El desarrollo de megaproyectos en el sur del país, representan la inclusión de millones de mexicanos, en un proyecto de bienestar social que saca de la miseria a cientos de miles de familias olvidadas durante el periodo neoliberal. Eso es lucha de clases.

La Transformación que lleva a cabo el gobierno del cambio, no tiene como finalidad proteger intereses económicos. El bienestar social es la meta que persigue la administración del presidente López Obrador. Para sacar adelante al país, es indispensable rescatar de la miseria a millones de mexicanos. Que la lucha de clases otorgue triunfos elementales a quienes menos tienen.
Por eso la molestia del bloque neoliberal, que en el pasado reciente se dedicó preferentemente al tráfico de influencias. Están perdiendo batallas que antes ganaban corrompiendo y usando leyes a modo.

La Lucha de Clases de hoy, empareja el piso y da victorias también a quienes fueron socialmente oprimidos por décadas. El marco laboral vigente en este momento, permite el sindicalismo libre y el acceso a la educación y la cultura suficientes, para dar forma a una clase trabajadora informada y participativa.
No se trata de aplicar las recetas socialistas que tanto espantan al neoliberalismo. Es una experiencia mexicana vanguardista, que trata de recomponer el desastre social que hereda de un neoliberalismo predador y destructor.

No ataca en modo alguno al sector empresarial, pero pone reglas claras y límites bien definidos a la creación y distribución de la riqueza generada por todos los que intervienen en el proceso productivo. Desde el propietario, hasta el último de los trabajadores, antes contratados vía outsourcing y sin derecho alguno.

La base de este gobierno con visión social, se fundamenta en la vía democrática, con el voto de millones de mexicanos que respaldan cada decisión del presidente López Obrador y de los representantes de Morena en el Congreso de la Unión y gobiernos locales.

Los poderes Fácticos perdieron el gobierno en 2018 y cayeron nuevamente en las pasadas elecciones. Esas dos derrotas se inscriben en la Lucha de Clases, que en estos momentos van perdiendo.
Por eso su insistencia en llamar “polarización” a la denuncia de esta lucha histórica. Por eso su insistencia en negar la explotación laboral y la generación de la desigualdad extrema. Por eso su negativa a aceptar que vivíamos (y aún vivimos en algunos aspectos) en “tiempos de buitres y canallas”.
¿Existe la lucha de clases? Ciertamente Sí.

¿El presidente López Obrador polariza hoy a la sociedad? No.

La desigualdad económica creó esa polarización desde el inicio de la Historia del Hombre. Unos viven muy bien, a costa de la mala vida de los demás. Eso pasa en todo el mundo y no es culpa del presidente de este país.

La Cuarta Transformación es un vía de cambio, que da piso parejo a todos.
Ése es el cambio.

Malthus Gamba

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