La guerra contra Arturo Zaldívar

Anoche era apreciable la irritación de nuestra alicaída clase conservadora, por la aprobación en la Cámara de Senadores de la iniciativa presidencial, que da luz verde a la Ley Orgánica que aplicará en el espacio del Poder Judicial, una vez que la otra Cámara, la de Diputados, califique aprobatoriamente esta nueva regulación.

Si el contenido de esa Ley molestó mucho a la clase neoliberal, el hecho de que en uno de sus artículos transitorios se apruebe prorrogar la presidencia de Arturo Zaldívar por dos años más, tanto en la presidencia de la Suprema Corte de Justicia, como en el puesto más importante de la Judicatura Federal, provocó un derrame de bilis en los políticos y empresarios de filiación conservadora.

Echando mano de los medios de comunicación de su propiedad y de los periodistas que directa o disfrazadamente trabajan para ellos, desataron una campaña desesperada, para que Arturo Zaldívar declare que no acepta esa prórroga, por no sujetarse a la letra de nuestra Constitución.

Desde anoche, Julio Astillero, el Portal Sin Embargo, Reforma, El Universal, Sergio Sarmiento, León Krauze y muchos otros medios y periodistas que dicen ser independientes y objetivos, o francamente neoliberales, pedían o exigían al ministro Zaldívar desconocer el artículo transitorio contenido en la Ley que fue aprobada por los senadores.
Los mandaron a la guerra sin fusil, ya que, al no poder detener esta iniciativa en la Cámara de Senadores, lo único que les quedaba era suplicar o convencer al ministro presidente de que lo mejor para él, para el país y para la Constitución, era que optara por lo aceptar la prórroga prevista en la nueva Ley.

Lo que no dicen los medios informativos de la derecha, es que, en la sesión de la cámara, donde se discutió y aprobó la iniciativa presidencial, solo hicieron acto de presencia 25 senadores opositores. Los demás faltaron a una sesión que, por motivos de contingencia sanitaria, fue virtual.

No se conectaron a sus equipos.
Al no hacer presencia, perdieron la oportunidad de votar en contra, e intentar frenar o modificar el contenido de la iniciativa.

Después de votada y aprobada, los políticos reaccionarios se dieron cuenta del tamaño del boquete que abría Morena, al dejar la implementación de la nueva Ley Orgánica, en manos de Arturo Zaldívar.
Esta Ley va en contra de la corrupción y el nepotismo dentro del Poder Judicial. Aplica sanciones severas a jueces y magistrados que se presten a la realización de acciones ligadas la corrupción.
Establece la figura de las contralorías, que supervisarán el accionar de tribunales y juzgados, para verificar que juicios y sentencias sobre asuntos de su competencia, tengan la claridad que exige la ley.

Que este nuevo instrumento de supervisión, quede en manos de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea es lo que en verdaderamente inquieta a la clase conservadora.
El presidente López Obrador lo dijo con claridad esta mañana: “Arturo Zaldívar es un hombre honesto, íntegro, al que le tengo toda la confianza”

Y precisamente esas dos cualidades del ministro presidente, son lo que no gusta a los reaccionarios. Una persona decente, nunca será bien vista por los neoliberales corruptos.
Saben que Zaldívar ha estado comprometido con la depuración en el Poder Judicial desde su llegada a la presidencia de la Suprema Corte.

No contaba con los elementos necesarios para modificar viejos hábitos, sanear estructuras, limpiar a juzgados y tribunales del nepotismo reinante al interior de los mismos. Esta nueva Ley Orgánica, le da a la Judicatura Federal los dientes suficientes para realizar un trabajo de limpieza profunda. Acabar de una buena vez con la corrupción y el nepotismo. Verificar la actuación de los juzgadores y sancionar con penas proporcionales al daño que ocasionan, a quienes se presten a la administración de la justicia, de manera corrupta.

Hoy los conservadores defienden la letra de la Constitución, porque les interesa sacar a Arturo Zaldívar del proceso renovador en el Poder Judicial. Quieren un presidente de la Judicatura “a modo”, con quién puedan llegar a un “arreglo”. “Que la Ley se acate, aunque no se cumpla”. “Que todo cambie, para que todo siga igual”.

Esos férreos defensores de la legalidad constitucional, son los mismos que se han hecho de la vista gorda, en lo que corresponde a los consejeros del Instituto Nacional Electoral, que ganan más que el presidente de la república, no obstante que nuestra Constitución lo prohíbe.
Son los mismos reaccionarios que cerraron los ojos cuando Carlos Salinas de Gortari, violando la Constitución, otorgó contratos privados a compañías extranjeras, para aprovecharse de los recursos energético del país.

Son los mismos que no se dieron cuenta de que Enrique Peña Nieto, siguió favoreciendo a los capitales privados extranjeros, con contratos basados en leyes secundaria, que no cumplían con lo que señala el texto de la Constitución.

Los mismos que aplaudieron que Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, alterara los tiempos establecidos para una elección interna en el instituto, con el fin de beneficiar a su amigo Edmundo Jacobo Molina, a quien el INE reeligió como secretario ejecutivo por seis años más.

Ninguno de los periodistas, empresarios y políticos de la oposición, dijo algo sensato para evitar estas violaciones a la Constitución y Leyes vigentes.
Callaron como momias.
El grito constitucionalista solo sale de sus endebles pechos, cuando se trata de impedir cambios sanos impulsados por el gobierno de la Cuarta Transformación.
Ahí son puntillosos. Meticulosos. Detallistas.

Un transitorio incluido dentro de la Ley Orgánica que permite la prórroga aprobada por el Senado, les parece inadmisible.

Cuando lo apruebe la Cámara de Diputados, será igual de inadmisible para ellos, puesto que atenta contra sus intereses de clase.
Pero la nueva Ley Orgánica, va. No hay vuelta de hoja y aunque los conservadores señalen que se trata de un movimiento político para la reelección de López Obrador, millones de mexicanos sabemos que lo que se intenta, es depurar a un Poder Judicial, que sirve únicamente a la clase adinerada en el país.

La justicia se vende y se compra en México. El aparato de justicia se aceita y echa a andar a fuerza de dinero.
Quien no lo tiene, no puede aspirar a recibir justicia.

Eso se termina con la nueva Ley. A eso tienen miedo los conservadores y por eso intentan impedir que Arturo Zaldívar se encargue de poner en marcha las reformas que limpian de vicios al Poder Judicial.
Arturo Zaldívar es una persona íntegra

Y eso, para los conservadores, es un gran defecto.

Malthus Gamba

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