La felicidad en tiempos de AMLO

Por Lucía Deblock

Hace algunos días vi un video que me conmovió profundamente: un señor mayor que rompía en un llanto súbito y emotivo tras el discurso de AMLO. Lloraba como un niño, sin pudor, con el corazón.
En México hay una revolución social que nos ha tocado a todos y cada uno de los mexicanos; esta revolución incluye la de la consciencia y ha provocado un cambio profundo en la forma de pensar y de percibir la realidad en nuestro país. Gran parte de los mexicano entendemos que es una lucha por el bienestar común, que trasciende los límites de lo personal. Todos los días estamos luchando por algo más grande que nosotros mismos. Unos le llaman porvenir, otros le dicen Patria. Pero eso no es todo.

El triunfo electoral de AMLO viene acompañado de una lucha social sin precedentes. Fue una lucha que todos los días trabajó por hacer valer el voto en las urnas; fue la ciudadanía quien con su escrupulosa vigilancia y el voto masivo evitó que la oposición intentara cometer otro fraude electoral. También fue una lucha del proselitismo ciudadano contra el discurso de la maquinaria oficial y sus aliados empresariales y políticos. Fue una batalla social que combatió, en esa trinchera que son las redes sociales, cada idea, cada declaración, cada fake news fabricada exclusivamente para descarrillar la carrera electoral de AMLO. Fue una guerra ciudadana que combatió por desmentir todos los discursos, casi ubicuos, que pretendían sembrar miedo al cambio. Por lo que es justo decir que el triunfo político de AMLO, también es un triunfo social de los mexicanos. Pero eso no es todo.

Al menos en México, palabras como justicia, libertad y seguridad están íntimamente ligadas a los pomposos discursos políticos, pero para la mayoría de los ciudadanos son conceptos tan abstractos como lejanos.

La psicóloga clínica Nury Rodríguez considera que el éxito de AMLO radica en que México es un país históricamente asistencialista y los líderes modernos -esos políticos emanados del Pri y el Pan-, no dieron seguridad ni justicia a la sociedad; por el contrario, fueron descubiertos como hombres de negocios que actuaron en beneficio de unos cuantos y traicionaron a la sociedad, dejándola de frente e inerme ante la violencia, la pobreza y la corrupción, por lo que esa figura del líder justo y bienintencionado aún estaba vacante cuando AMLO reapareció en la contienda presidencial, asumiendo el papel del líder patriarcal capaz de proveer de justicia y seguridad, en un ambiente de libertad. Pero eso no es todo.

La palabra Bienestar ha irrumpido con fuerza en los discursos de la actual administración. El bienestar social es amplio, pero se puede resumir en la posesión de una vivienda digna, recursos para poder alimentarnos de forma adecuada y contar con educación y servicios de salud de calidad. Rubros que los gobiernos anteriores se dedicaron sistemáticamente a desmantelar y corromper. AMLO, por el contrario, ha creado la Secretaria del Bienestar desde donde se aplican los diversos programas dirigidos a distintos sectores de la población. Pero eso no es todo.
En sus primero días de gobierno, AMLO amplió la canasta básica, aumentó el salario mínimo, se desmanteló la red de estafa en el Infonavit que despojaron de sus casas a más de 300 mil mexicanos; la nueva reforma educativa está en marcha y la lucha contra la corrupción en el sistema de salud pinta para ser tan frontal como la del hucachicol. Se creó la Fiscalía General de la República, que cuenta con 4 fiscalías especializadas, las cuales han dado nota de cuantiosos montos congelados al crimen organizado y a empresas ligadas al robo de combustible, sin disparar una sola bala ni producir enfrentamientos armados. Pero eso no es todo.

Cuando AMLO dijo “Por el bien de todos, primero los pobres” estaba pronunciado la frase más revolucionaria del México contemporáneo.

A mediados de febrero se modificó el Artículo 19 de la Constitución, al cual se incorporaron 9 delitos que- aunque parezca absurdo- no eran considerados graves, entre ellos: corrupción, robo de hidrocarburos, abuso o violencia contra menores, feminicidio y delitos electorales. Con estas modificación se pone en la mira a varios funcionarios de pasadas administraciones acusados de corrupción, como los involucrados en la Estafa Maestra. La eliminación del fuero para la figura presidencial y legisladores está casi lista y se contempla desaforar a gobernadores y alcaldes, por lo que se sigue trabajando en ello. También se ha trabajado legislativamente sobre la ley de revocación mandato, la cual fue una promesa de campaña. Pero eso no es todo.

El costoso avión presidencial encargado por Felipe Calderón y usado por Peña Nieto está en venta y, al parecer, nadie se anima pagar el costo de los lujos y excesos de nuestros ex presidentes. La Austeridad Republicana se está llevado a cabo con éxito, el gobierno ha reducido el gasto por más de 5 mil millones de pesos. El sueldo del presidente se redujo a la mitad y AMLO firmó el decreto para que ningún funcionario pueda ganar más que él, lo que ha provocado un efecto dominó en los tabuladores de los sueldos de los funcionarios públicos. Todos hemos leído notas que dan cuenta de los lujos que fueron desmontados a la llegada de los nuevos funcionarios, acabando con el dispendio y los excesos. Pero eso no es todo.

Los Pinos, ese secreto edificio donde vivían y desde donde gobernaban los presidentes mexicanos desde 1934, cuya entrada estaba reservada sólo para una élite, fue abierto al público a partir del 1o. de diciembre, convertido en museo. Se desapareció al Estado Mayor y sus elementos formarán parte de la Guardia Civil, a la par de que fueron retirados la pensión vitalicia, guardias de seguridad y automóviles de lujo a los ex presidentes. AMLO decretó amnistía para los presos políticos y paulatinamente han sido liberados. También se conformó la Comisión de la verdad por Ayotzinapa. Pero eso no es todo.

AMLO llegó al poder a sacudir a un país atenazado por la corrupción y la violencia. La transformación está en proceso, la lucha contra un sistema corruptor que se niega a morir, continúa. Y sin embargo, eso no es todo.
México está en el medio de una revolución que está cambiándolo todo. No sólo se están desmitificando los símbolos del poder que representan a un régimen abusivo y déspota que fue derrotado el 1o de julio, pero tampoco son únicamente los son hechos tangibles enunciados más arriba, hay algo mucho más grande y poderoso, algo inasible, ante lo cual nadie a podido quedar indiferente.

Tal vez hablamos de eso intangible que la oposición no ha podido descifrar; tal vez es esa la materia abstracta que mantiene a AMLO en el 78% de aprobación. Tal vez es por eso aquel viejito estalló en ese llanto tan conmovedor ante el discurso de AMLO. Tal vez, él como muchos, ahora sabemos que México ha vuelto a ser de todos, que ésta sacudida le ha devuelto el lustre y que le ha permitido volver  a ser tan grande y tan digno como sólo puede ser la Patria. Tal vez, por eso es que se nos enchina otra vez la piel, porque casi todos entendemos el significado profundo cuando AMLO grita ¡Viva México!

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