La crisis de gasolinas en Reino Unido: la importancia de los migrantes y la ilusión de las energías limpias

Textos y Contextos

Por: Miguel Alejandro Rivera
@MiguelAleRivera

En días pasados, se reportó la escasez de gasolinas en algunas zonas de Reino Unido, lo que puso en jaque a una de las cinco principales economías del mundo. Aunque las filas de automóviles que esperaban por combustible en las estaciones de servicio no trascendieron tanto como las que se formaron en México el 2019 durante la lucha emprendida contra el huachicol, nos demostraron la fragilidad de un sistema que se presenta como altamente estable, cuando en realidad, no lo es.

La problemática, que se presentó en ciudades importantes como Londres, deviene de la falta de choferes que anteriormente transportaban las gasolinas por toda la nación, lo que demuestra a Reino Unido una de las consecuencias de haber operado el Brexit para salir de la Unión Europea.

Según la Asociación de Transporte por Carretera, el país tiene una escasez de alrededor de 100 mil conductores de camiones. El mes pasado, el Gobierno del Reino Unido dijo que “la mayoría de las soluciones” a la crisis serían impulsadas por empleadores que ofrecían mejores salarios y condiciones, y que no quería depender de trabajadores de fuera de Gran Bretaña, según reportó la BBC Mundo.
Pese a ser uno de los primeros impulsores de los Tratados de Roma, que dieron origen a la Comunidad Económica Europea en 1957, Reino Unido nunca se mostró del todo convencido en el avance de las etapas de integración en el continente, por lo que, por ejemplo, no formó parte del Espacio Schenguen, que justo incentivaba el libre tránsito de personas entre algunos países de la Unión, para fomentar el trabajo y el estudio de los ciudadanos en otros Estados, sin importar su origen o residencia.

El país británico, celoso de su economía, no miraba con buenos ojos la migración, ni a los ciudadanos de otras naciones que se establecían en su territorio; asimismo, jamás sacó de circulación la libra esterlina, para dar paso al euro, entre otras resistencias a una real integración regional.

Aunque poco a poco se ha estabilizado la situación, se ha dicho que podrían ser militares quienes terminen conduciendo las pipas de gasolinas para evitar las largas finas de vehículos en las que, ciudadanos del primer mundo, están teniendo una probadita de lo que, desde el privilegio, le llaman el subdesarrollo.

Por otro lado, pese a que en redes sociales se manejó la versión de que el problema en Reino Unido se debía a la falta de producción en las refinerías del país, el gobierno local ha dicho que se tienen las suficientes reservas para seguir abasteciendo a su sociedad, de energéticos; sin embargo, demuestran la importancia que el petróleo y sus derivados mantienen en el mercado del transporte y por consiguiente, en toda la línea de producción económica de cualquier sector.

En México, los sectores de oposición han criticado de forma importante la creación de la Refinería de Dos Bocas Tabasco, impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador; se ha dicho que es anacrónica, que va contra los objetivos mundiales de la Agenda 2030, que se debería invertir en energías limpias y que no tendrá mayor vida útil que al menos 50 años.
Pero cuando suceden eventos como el que afectó a Reino Unido, queda de manifiesto que el impulso a los autos eléctricos y la búsqueda de alternativas para disminuir la contaminación, todavía son un espejismo; el mundo depende en gran medida de las gasolinas y la inversión en el sector sigue siendo estratégica, al menos hasta que de verdad, los transportes basados en otras fuentes de energía sean costeables para el grueso de la población.

¿Cuántos de tus vecinos, amigos o conocidos manejan un auto eléctrico? Exacto, muy pocos o prácticamente ninguno, porque en México sólo existen unos 20 modelos disponibles, que van de estilo sedan hasta camiones y que oscilan entre los 450 mil y los dos millones de pesos. Según la teoría del goteo en el capitalismo, en algún momento habrá acceso masivo a este tipo de autos, aunque no sabremos cuánto tiempo falte para ello.

Las reflexiones entonces que nos deja el bache por el que pasó Reino Unido son: en un mundo globalizado, el trabajo de los migrantes trasciende de formas que de pronto son tan cotidianas como imperceptibles, por lo que debiera ser un escarmiento para las potencias, por ejemplo, Estados Unidos, y entender que los nacionalismos no pueden llevarse al extremo; por otro lado, las energías limpias todavía son un espejismo, una ilusión mercadológica que se desmorona a la primer provocación.

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