La consulta popular es una victoria histórica por sí misma

Uno de los campos de batalla más importantes en la política es el de las ideas. La forma en que nos representamos las cosas define cómo actuamos en la realidad para transformarla, o para dejarla como está. La consulta popular, independientemente del resultado vinculante que se obtenga de ella, es una victoria política y del lenguaje, porque demuestra que es posible pensar y construir una democracia diferente a la del neoliberalismo.

Desde siempre, el proyecto político neoliberal buscó imponer una visión sobre la democracia. Su teoría asume que cuando existen instituciones de estado y elecciones regulares – cada seis años en el caso de México – podemos hablar de un país democrático. Durante años, el movimiento social mexicano le ha puesto muchos peros a este planteamiento.

Otras concepciones de la democracia cuestionan el hecho de que, a pesar de existir elecciones, la mayoría de la gente no es efectivamente representada en el ejercicio del gobierno. Además, existen cuestionamientos sobre si es posible hablar de democracia en una sociedad sin acceso libre a la información. Por otro lado, podemos señalar a quienes apuntan al hecho de que la falta de credibilidad en las instancias encargadas de las elecciones -como el INE- causan que la participación de la gente sea poca, y por ende, la voluntad popular no sea representada.

A mi juicio, la crítica más importante a la democracia liberal es la que señala que además de lo anterior, sobre nuestra sociedad actúa un fenómeno de clase: los sectores con dinero y medios para conseguirlo pueden competir en las elecciones, mientras que la gente que sufre de la pobreza y la desigualdad, no. Esto genera el problema de que las opciones a votar son representantes de la misma clase social, la burguesía en la teoría marxista, la mafia del poder en el vocabulario lopezobradorista.

La consulta popular – el solo hecho de que ésta se lleve a cabo – es una derrota a la concepción neoliberal de la democracia, porque pone en la mesa que es posible hacer del gobierno un asunto público. La gente hoy tiene el poder y la libertad para tomar decisiones sobre qué hacer con el poder. A pesar de la oposición de los medios de comunicación, las autoridades electorales y los partidos de la derecha, fue posible obligar al INE a oficializar un ejercicio democrático para tomar decisiones de gobierno.

La democracia participativa es una novedad para el sistema político mexicano. Desde el inicio, se nos decía que las elecciones periódicas bastaban, pero el movimiento social que plantea una regeneración de la vida pública nacional da cuenta de que no basta elegir gobernantes cada seis años. Las y los mexicanos estamos construyendo una democracia en la que cada dolor o necesidad de la gente pueda ser decidida por la gente, no por la clase política. Por eso es que la consulta popular es una victoria histórica por sí misma.

Rodrigo Guillot